La presión arterial alta suele avanzar en silencio. Muchas personas se sienten “bien” y, aun así, sus arterias reciben un golpe constante, día tras día. Con el tiempo, ese desgaste facilita que se formen placas de grasa, que se estrechen los vasos y que el corazón trabaje de más.
Antes de un infarto, a veces aparecen pistas discretas. No siempre significan que vaya a ocurrir un ataque al corazón, porque también se confunden con estrés, mala digestión o falta de sueño. Sin embargo, cuando se repiten o se combinan, conviene tomarlas en serio y consultar.
¿Por qué la hipertensión puede dar pistas antes de que el corazón proteste?
La hipertensión funciona como una presión excesiva y sostenida contra las paredes de las arterias. Esa fuerza las va endureciendo y vuelve más difícil que la sangre circule con facilidad. Como resultado, el corazón necesita más esfuerzo para bombear, incluso en tareas comunes.
Además, las arterias dañadas son terreno fértil para la aterosclerosis. Si una placa se rompe, puede formarse un coágulo y bloquear una arteria coronaria. Ahí aparece el infarto, a veces sin “dolor de película”. Por eso, ciertos síntomas silenciosos se cuelan antes del evento. El problema es que se atribuyen a la vida diaria. El riesgo sube si hay tabaco, diabetes, colesterol alto, sedentarismo, antecedentes familiares o apnea del sueño.
Siete señales silenciosas que conviene tomar en serio
Cansancio fuera de lo normal y debilidad que no se explica
La fatiga aparece con actividades simples y dura días o semanas. Puede empeorar al caminar o cargar bolsas. En la hipertensión, el corazón se sobreexige y el cuerpo lo nota. No mejora del todo con descanso.
Falta de aire al subir escaleras, caminar rápido o incluso en reposo
Se siente como no poder llenar los pulmones. A veces llega con una tos seca o con sensación de opresión. La presión arterial alta puede favorecer sobrecarga y retención de líquido. Si surge de golpe o se acompaña de dolor torácico, urge valoración.
Presión leve en el pecho que va y viene (angina)
No siempre duele fuerte. Puede sentirse como peso, quemazón o “algo apretado” por minutos. Suele aparecer con esfuerzo, frío o estrés. Puede reflejar arterias coronarias estrechas por daño vascular.
Mareos, aturdimiento o sudor frío sin motivo claro
El cuerpo puede reaccionar con sudoración fría, palidez o sensación de desmayo. A veces se asocia a cambios del ritmo cardiaco o a menos flujo al cerebro. Si hay confusión o pérdida de conciencia, es señal de alarma.
Náuseas, indigestión o llenura en la boca del estómago
En algunas personas, el problema cardiaco se disfraza de “empacho”. El error común es esperar a que se pase. Si coincide con sudor frío, falta de aire o presión en el pecho, conviene actuar rápido.
Palpitaciones o latidos irregulares que aparecen en reposo
Se notan golpes fuertes, saltos o latidos acelerados estando sentado. La hipertensión puede irritar el corazón y favorecer arritmias. Si se suma mareo o dolor torácico, no debería conducir ni quedarse solo.
Aguante menor en tareas diarias, el esfuerzo pesa más que antes
Hacer compras, limpiar o caminar se vuelve más pesado. Ese cambio puede sugerir menor riego al corazón o falta de reserva. Si es nuevo y dura más de dos semanas, necesita evaluación.
¿Qué hacer si aparecen estas señales? Sin entrar en pánico
Si hay presión o dolor en el pecho que dura más de unos minutos, falta de aire intensa, sudor frío marcado, desmayo o una combinación de síntomas, corresponde llamar a urgencias. En un posible infarto, el tiempo es músculo. Cuando no parece urgente, pero preocupa, lo más útil es pedir cita y medir la presión en casa o en farmacia. Conviene anotar valores, hora y síntomas, porque el diagnóstico no se decide con una sola lectura. Para medir bien, la persona debe reposar unos minutos, apoyar la espalda y mantener el brazo a la altura del corazón. El manguito debe tener el tamaño correcto. También ayuda evitar café, tabaco y ejercicio justo antes.
¿Cómo bajar el riesgo a partir de hoy con hábitos realistas?
Reducir sal y ultraprocesados suele bajar cifras con el tiempo. Un plato con más verduras, fruta y legumbres le da margen a las arterias. Caminar casi a diario, aunque sea en tandas cortas, mejora la presión y el ánimo.
Dormir mejor y tratar la apnea del sueño, si existe, también cuenta. Limitar alcohol y dejar tabaco recorta riesgo desde el primer mes. Si hay medicación indicada, la adherencia protege, incluso cuando “se siente bien”. Medirse la presión con regularidad es como mirar el nivel de combustible, evita sorpresas en el camino.
La hipertensión se puede detectar y tratar. Cuando estas señales aparecen, el cuerpo pide una revisión, no una excusa. Si los síntomas son intensos o se combinan, se actúa como urgencia. En el resto de casos, una consulta a tiempo puede evitar un susto mayor. Lo más sensato es medirse la presión arterial esta semana y hablarlo con un profesional.


