La aplicación de protector solar suele concentrarse en el rostro y los brazos, dejando desprotegidas otras áreas vulnerables a la radiación ultravioleta. Según especialistas en dermatología, estas zonas, expuestas de forma recurrente al sol, pueden desarrollar quemaduras, manchas, envejecimiento prematuro y lesiones cutáneas.
Entre las áreas críticas se encuentran las orejas, donde el pabellón auricular y los lóbulos requieren protección, especialmente si el cabello o gorras no las cubren. Los párpados y el contorno de ojos, debido a su piel fina, necesitan fórmulas no irritantes. Los labios, en particular el labio superior, deben protegerse con bálsamos que incluyan factor de protección solar (SPF), reaplicándose después de comer o beber.
Las manos, expuestas durante gran parte del año, requieren SPF en dorso, nudillos y dedos, con reaplicación tras el lavado. El dorso de los pies, frecuentemente olvidado al usar sandalias, necesita cobertura en empeine y dedos. El cuello y el escote, zonas de piel delicada, deben protegerse más allá de la mandíbula, incluyendo laterales y nuca.
Otras áreas incluyen el cuero cabelludo, donde la raya del pelo concentra radiación ultravioleta, y las axilas, que pueden exponerse durante actividades al aire libre. Para el cuero cabelludo, se recomiendan sombreros de ala ancha o protectores en spray. En las axilas, una capa ligera de SPF antes del desodorante reduce riesgos, especialmente tras la depilación.
Los expertos recomiendan aplicar protector solar de amplio espectro 30 minutos antes de la exposición solar y reaplicarlo cada dos horas, o después de nadar o sudar. El uso de sombreros, gafas de sol y ropa adecuada complementa la protección.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


