#Salud: 5 razones por las que podrías sufrir mareos

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Sentir mareos es común, y por eso aparece a menudo en consulta de atención primaria. A veces dura segundos, otras se extiende por horas. En muchos casos, el contexto lo explica mejor que la intensidad.

También ayuda ponerle nombre a la sensación. El mareo suele ser inestabilidad o debilidad general, el aturdimiento (presíncope) se parece a “casi desmayarse”, y el vértigo es la sensación clara de giro, como si el entorno diera vueltas. La duración, los desencadenantes (por ejemplo, girar la cabeza o ponerse de pie), y los síntomas asociados orientan la causa.

Cuando el oído interno se desajusta, el equilibrio falla

Buena parte del vértigo nace en el sistema vestibular del oído interno. Un ejemplo típico es el vértigo posicional benigno, que aparece al girarse en la cama o agacharse, y suele durar pocos segundos. En otras ocasiones hay inflamación del nervio del equilibrio tras un virus, y el malestar puede durar días, con mejoría gradual.

En la enfermedad de Ménière, más rara (se ha descrito en menos del 1% de la población), los episodios pueden combinar zumbido, presión en el oído y cambios de audición, con ataques que pueden repetirse durante años y luego espaciarse. La valoración por otorrinolaringología y las pruebas vestibulares ayudan a estimar si hay afectación de las vías del equilibrio, y la fisioterapia vestibular puede acelerar la recuperación cuando el problema se mantiene.

Presión arterial y circulación, una causa frecuente de sensación de desmayo

La hipotensión reduce el flujo de sangre al cerebro, y eso provoca visión borrosa, debilidad y sensación de desmayo. La forma más conocida es la hipotensión ortostática, cuando el mareo aparece al levantarse desde la cama o una silla.

La deshidratación, algunos fármacos para la presión, y cambios de los vasos con la edad pueden favorecer estos episodios. Según el caso, el profesional puede medir la presión en distintas posturas, y si hay dudas, pedir estudios de circulación como una prueba de mesa basculante (tilt table) o un doppler carotídeo.

Medicamentos y sustancias, el efecto secundario que se pasa por alto

El mareo también puede ser un efecto adverso, sobre todo cuando hay varios tratamientos a la vez. Antihipertensivos, antidepresivos, ansiolíticos, algunos antibióticos y el alcohol pueden influir en la presión, el equilibrio o el estado de alerta.

Aquí el detalle importa, dosis, horarios y combinaciones. Suspender un medicamento por cuenta propia puede empeorar el problema de base o crear uno nuevo. Por eso, conviene revisar interacciones y ajustes con un profesional, y describir qué cambió antes de que empezaran los síntomas.

Foto Freepik

Ansiedad y migraña, dos causas reales aunque no siempre visibles

En personas jóvenes, y también en etapas hormonales como la perimenopausia, la migraña es una causa frecuente de vértigo persistente. La migraña vestibular puede dar episodios por horas sin dolor de cabeza, lo que confunde a quien espera una cefalea intensa.

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La ansiedad puede sumar una sensación de balanceo, respiración rápida y miedo a desmayarse, y a la vez amplificar mareos de otras causas. También existe el mareo postural perceptual persistente (PPPD), que suele sentirse como inestabilidad más que vértigo, y a veces aparece tras una enfermedad aguda o un periodo de estrés.

Deshidratación, azúcar baja y anemia, el combo que provoca aturdimiento

Cuando faltan líquidos, baja el volumen circulante y el cerebro recibe menos aporte, sobre todo con calor, ejercicio o poco consumo de agua. Saltarse comidas puede llevar a hipoglucemia, con sudor frío, temblor y debilidad.

La anemia por falta de hierro también puede dar cansancio y mareo, porque el oxígeno llega peor a los tejidos. Reconocer patrones (horarios, calor, ayunos, esfuerzo) ayuda a orientar la consulta, y el médico puede pedir analíticas si hay sospecha de glucosa baja o anemia.

Al final, registrar duración, postura corporal, desencadenantes, medicación y síntomas asociados suele aclarar el panorama. Para aliviarse en el momento, la persona puede sentarse o recostarse, reducir movimiento y estímulos visuales, hidratarse si hay sed, y evitar cambios bruscos de postura. Si aparecen señales de alarma, como debilidad o adormecimiento en cara o brazo, caída facial, dificultad para hablar, pérdida de visión, dolor de pecho, falta de aire, confusión, dolor de cabeza intenso, o una pérdida marcada del equilibrio, se recomienda acudir a urgencias por posible causa neurológica o cardiaca.

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