#Salud: 4 cambios simples para reducir el riesgo de cáncer

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No existe una comida “mágica” ni una dieta perfecta que blinde a una persona frente al cáncer. Esta enfermedad tiene muchas causas, desde el tabaco y el alcohol hasta el sedentarismo, el exceso de peso y factores ambientales como la contaminación del aire. Aun así, los hábitos diarios importan. La OMS ha señalado que una parte relevante de los cánceres se asocia a factores modificables, por lo que reducir el riesgo de cáncer pasa más por constancia que por promesas rápidas. La idea no es controlar lo incontrolable, sino mover la balanza a favor de la salud.

Cambio clave: dejar el tabaco y evitar el humo ajeno

Entre los factores prevenibles, el tabaco suele ocupar el primer lugar. No solo se relaciona con cáncer de pulmón, también con tumores de boca, garganta, esófago, páncreas, vejiga y otros. Además, el humo de segunda mano también cuenta, porque expone a sustancias cancerígenas incluso sin fumar.

Para hacerlo viable, ayuda tratarlo como un plan, no como un impulso. Poner una fecha concreta reduce la ambigüedad. Pedir apoyo clínico aumenta las probabilidades de sostener el cambio, ya sea con consejería o con tratamientos para la dependencia. En algunos casos, la terapia de reemplazo de nicotina puede ser útil si un profesional la indica. También conviene eliminar disparadores del entorno, como ceniceros, encendedores y rutinas asociadas al cigarro.

Pasos simples para sostener el cambio sin fuerza de voluntad infinita

Funciona avisar a la familia y amigos, para reducir ofrecimientos y tentaciones. También ayuda cambiar la pausa del cigarro por una caminata corta o por respiraciones lentas. Tener agua o chicles a mano ocupa el “vacío” del gesto. Si la dependencia es alta, la consulta profesional marca la diferencia.

Alcohol al mínimo: menos es mejor para bajar el riesgo

Con el alcohol, el riesgo tiende a subir a medida que aumenta la cantidad. Para reducir riesgo, la opción más segura es beber poco o nada. Se ha vinculado el consumo de alcohol con varios cánceres, entre ellos hígado, mama y colon.

Sin moralizar, el foco práctico es bajar la frecuencia y el volumen. En reuniones, muchas personas lo logran eligiendo bebidas sin alcohol que se sientan “de ocasión”, como agua con gas con limón o cócteles sin alcohol. Poner un límite antes de salir evita negociar consigo mismo a mitad de la noche. Alternar cada copa con agua también reduce la velocidad de consumo.

Foto Freepik

¿Cómo reducir sin aislarse socialmente?

Resulta más fácil fijar días sin alcohol y sostenerlos como una regla simple. Pedir porciones pequeñas ayuda sin llamar la atención. También conviene proponer planes que no giren alrededor de beber, como desayunos, cine o caminatas.

Movimiento semanal realista que suma protección

La actividad física regular se asocia con menor riesgo de varios cánceres, en parte porque ayuda a controlar el peso. Una meta conocida y alcanzable es rondar los 150 minutos semanales de actividad moderada, como caminar rápido. También mejora la sensibilidad a la insulina y reduce inflamación de bajo grado, dos piezas que suelen complicarse con el sedentarismo.

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Para que sume, no necesita parecer “entrenamiento”. Subir escaleras, bajarse una parada antes o caminar 10 minutos después de comer cuenta. Dividirlo en bloques cortos reduce la fricción. Cuando el cuerpo se acostumbra, la energía suele acompañar.

Comer para apoyar el peso saludable, sin dietas milagro

En alimentación, el patrón pesa más que la perfección. Un oncólogo ha resumido ajustes simples que, sostenidos, ayudan a bajar riesgo: aumentar frutas y verduras (con protagonismo de crucíferas como brócoli y coliflor, y de cítricos), priorizar cereales integrales, limitar carne roja a una o dos veces por semana, evitar carnes procesadas y recortar bebidas azucaradas. El azúcar no “alimenta” directamente al cáncer, pero las bebidas azucaradas facilitan aumento de peso; esto se asocia a resistencia a la insulina e inflamación crónica, riesgos indirectos.

Los cambios se vuelven fáciles con intercambios concretos: pan integral en lugar de pan blanco, agua con gas en vez de refresco, legumbres o pescado en vez de embutidos. También se ha descrito que los cereales integrales, en cantidades diarias moderadas, se asocian con menor riesgo de cáncer colorrectal y con una menor mortalidad por cáncer en general.

Una guía rápida de compra para hacerlo fácil

Un carrito simple suele empezar con verduras y fruta, y sigue con avena o arroz integral, legumbres, frutos secos y yogur natural. Las carnes procesadas pueden quedar como excepción, no como base. Con esa estructura, la semana se cocina casi sola.

En prevención del cáncer, cuatro hábitos mueven la aguja con más claridad: no tabaco, alcohol al mínimo, movimiento semanal constante y un patrón de alimentación centrado en vegetales, integrales y menos procesados. No hace falta cambiarlos todos a la vez. A muchas personas les funciona elegir uno, sostenerlo varias semanas y luego sumar el siguiente. Si hay antecedentes, síntomas o dudas, lo más sensato es hablar con un equipo de salud y adaptar el plan a su situación.

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