El té negro, derivado de las hojas oxidadas de *Camellia sinensis*, contiene cafeína y polifenoles que influyen en procesos metabólicos y de saciedad. Investigaciones científicas indican que su consumo puede contribuir a la pérdida de peso cuando se combina con una dieta equilibrada y ejercicio físico regular, sin actuar como un método independiente para este fin.
La cafeína presente en el té negro estimula la termogénesis, incrementando el gasto energético y promoviendo la oxidación de grasas como fuente de energía, especialmente durante la actividad física. Este efecto varía según factores como la dosis, la calidad del sueño y los niveles de estrés. Estudios en humanos han demostrado que la privación de sueño puede reducir su eficacia al aumentar la ingesta calórica.
Consumido sin endulzar, el té negro aporta un mínimo de calorías, y su temperatura y volumen pueden generar una sensación de saciedad, lo que contribuye a controlar el apetito entre comidas. Investigaciones han asociado su consumo regular con reducciones en peso corporal y circunferencia abdominal, siempre que forme parte de un plan de alimentación estructurado.
Los polifenoles del té negro actúan como prebióticos en el intestino, favoreciendo el equilibrio de la microbiota intestinal. Este efecto está vinculado a una mejor gestión energética y metabolismo de grasas, y requiere hábitos como la ingesta de fibra, hidratación adecuada, horarios regulares de comidas y actividad física.
Sus antioxidantes, como las teaflavinas, contribuyen a regular el estrés oxidativo y optimizar el metabolismo lipídico. Se recomienda un consumo de entre una y cuatro tazas diarias, preferiblemente sin azúcar, y evitar su ingesta en horas cercanas al descanso para prevenir alteraciones del sueño. Personas con condiciones como embarazo, ansiedad, insomnio o sensibilidad a la cafeína deben consultar a un profesional de la salud antes de incorporarlo a su rutina.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


