Mecanismos cerebrales generan ilusiones sensoriales en condiciones controladas

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El cerebro humano interpreta la realidad mediante procesos como la adaptación sensorial, la completación de información y la estimación de probabilidades. Estos mecanismos permiten generar ilusiones en los ámbitos visual, auditivo y táctil. Estas experiencias no están recomendadas para personas con condiciones como ansiedad, migrañas, epilepsia fotosensible, problemas cardíacos o en situaciones de riesgo sin supervisión profesional.

Una de las pruebas consiste en observar el rostro en un espejo con luz tenue durante aproximadamente un minuto, enfocando la mirada en un punto fijo, como un ojo. Estudios sobre la *strange-face illusion* indican que, en estas condiciones, el cerebro amplifica sombras y bordes, lo que puede distorsionar la percepción del rostro. Para neutralizar el efecto, se sugiere aumentar la iluminación, parpadear o mirar objetos con contornos definidos.

Otra ilusión utiliza el tono de Shepard, un sonido que parece ascender de manera continua sin alcanzar un límite. Este efecto se logra mediante la superposición de capas de tonos en diferentes octavas. Se recomienda realizar la experiencia en silencio y con volumen bajo.

Una tercera prueba implica mover una mano cerca de la espalda sin llegar a tocarla, en un entorno con poca iluminación. Algunas personas reportan sensaciones como hormigueo o la percepción de una presencia cercana. Esto ocurre al reducir las referencias visuales y alterar la postura, lo que lleva al cerebro a reinterpretar señales táctiles y de equilibrio.

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En todos los casos, se aconseja suspender la experiencia si se presentan síntomas como mareos, náuseas o ansiedad. Describir las sensaciones de manera objetiva y compartir la experiencia puede contribuir a reducir su intensidad.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**