Estudios observacionales vinculan el consumo diario de 25 gramos de carne procesada —equivalente a dos tiras de bacon, una porción pequeña de mortadela o parte de una salchicha— con un aumento del 13% al 15% en el riesgo relativo de desarrollar demencia y enfermedad de Alzheimer. La evidencia no establece una relación causal directa, pero múltiples investigaciones muestran un patrón consistente entre el consumo habitual de estos productos y un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
Factores como la genética, la presión arterial, los niveles de colesterol, la calidad del sueño y la actividad física también influyen en el desarrollo de estas enfermedades. Entre los mecanismos propuestos para explicar esta asociación se incluyen:
– Inflamación y estrés oxidativo causados por conservantes como los nitritos.
– Exceso de sal, que puede elevar la presión arterial y afectar la salud vascular.
– Producción de TMAO, un compuesto relacionado con cambios vasculares y procesos asociados al Alzheimer.
La salud vascular es un factor clave, ya que el cerebro depende de un flujo sanguíneo adecuado. El endurecimiento de las arterias o la hipertensión pueden contribuir al deterioro cognitivo con el tiempo.
Reducir el consumo de carne procesada —presente en embutidos, fiambres, salchichas y productos precocidos— puede formar parte de un enfoque preventivo. Alternativas como huevos, pescado en conserva, pollo poco procesado, legumbres, yogur natural y frutos secos pueden reemplazar estos alimentos. Se recomienda revisar las etiquetas nutricionales para evitar excesos de sal y aditivos como los nitritos.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


