#Salud: 11 señales sorprendentes de niveles altos de azúcar en sangre

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La hiperglucemia ocurre cuando hay demasiada glucosa circulando en la sangre. Aunque suele asociarse a la diabetes, también puede aparecer sin un diagnóstico previo, por ejemplo, por resistencia a la insulina, medicación, infecciones o estrés físico. El problema es que, al inicio, las señales llegan despacio y se confunden con cansancio, deshidratación o una mala racha.

Por eso conviene conocer las pistas tempranas. Si varias coinciden, un profesional puede pedir una glucosa en ayunas o una A1c para aclarar qué pasa y evitar complicaciones.

Por qué el cuerpo avisa cuando la glucosa sube (y por qué no siempre se nota)

Cuando hay hiperglucemia, los riñones intentan expulsar el exceso de azúcar por la orina. Para lograrlo, arrastran agua, y aparece deshidratación. Ese efecto dominó altera el equilibrio de líquidos y sales, y el cuerpo empieza a “pedir” ayuda con síntomas que parecen comunes. Aun así, no todo el mundo nota señales claras al principio. Por eso el cribado médico resulta importante, sobre todo si existen factores de riesgo.

La cadena sed, orina y boca seca: el aviso más fácil de pasar por alto

Al orinar a menudo, incluso por la noche, la persona pierde agua sin darse cuenta. Después llega la sed intensa, junto con boca seca y cierta debilidad. Es como intentar llenar un cubo con un agujero, se bebe más, pero el cuerpo sigue corto de líquidos.

Visión borrosa y niebla mental: cuando falta agua y sobra azúcar

La visión borrosa puede aparecer de forma temporal, porque los cambios de líquidos afectan al ojo. A la vez, el cansancio se mezcla con niebla mental, y en casos más marcados puede haber confusión. Por separado no prueban nada, pero en conjunto orientan, sobre todo si se repiten.

Foto Freepik

11 que pueden parecer otra cosa, pero a veces apuntan a hiperglucemia

Las pistas más habituales incluyen orinar frecuente, sed, fatiga y una sensación de estar “apagado”. También puede aparecer hambre constante, incluso tras comer, porque la glucosa no entra bien en las células. En algunas personas hay pérdida de peso sin intención, ya que el cuerpo recurre a grasa y músculo como combustible. La visión borrosa puede sumarse, y algunas personas notan más somnolencia de lo normal.

Otras señales se ven en la piel y las defensas. Son típicas las infecciones repetidas (por ejemplo, urinarias o por hongos), la piel seca con comezón, y las heridas lentas que tardan en cerrar. Además, pueden aparecer hormigueo o entumecimiento en manos y pies, sobre todo si la glucosa lleva tiempo alta. Estas señales preocupan más cuando llegan en grupo, o cuando la glucosa suele superar 180 a 200 mg/dl.

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Señales de alarma que requieren atención urgente

Cuando la hiperglucemia se mantiene muy alta, puede desencadenar emergencias como la cetoacidosis diabética (más típica en tipo 1) o el estado hiperosmolar (más frecuente en tipo 2). En esas situaciones, el cuerpo se deshidrata de forma extrema y el cerebro puede resentirse. Si hay aliento afrutado, vómitos o dificultad para respirar, no es un problema para manejar en casa.

Aliento afrutado y malestar estomacal: cuando el cuerpo empieza a producir cetonas

Si la glucosa no se usa bien, el organismo quema grasa y produce cetonas. Eso puede causar olor afrutado o metálico en el aliento, además de náuseas, dolor abdominal y vómitos. Es una señal de urgencia.

Confusión y debilidad marcada: deshidratación extrema y riesgo neurológico

La sangre se vuelve más concentrada y el cerebro lo nota. Por eso pueden aparecer desorientación, debilidad intensa, desmayo o pérdida de conciencia. En ese escenario, se necesita ayuda inmediata.

¿Qué hacer si aparecen varias señales a la vez?

Si una persona identifica varias señales juntas durante días, conviene pedir cita y solicitar una prueba de sangre. Lo habitual es medir glucosa en ayunas y A1c, y valorar otros análisis según el caso. Si además hay infecciones frecuentes o heridas que no mejoran, la consulta no debería retrasarse.

En cambio, si aparecen síntomas de alarma, lo adecuado es ir a urgencias. El tratamiento temprano puede incluir cambios de hábitos y, si hace falta, medicación indicada por profesionales. Detectarlo pronto suele ahorrar sustos y secuelas.

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