La bolsa de agua caliente es un método de termoterapia local que actúa mediante la dilatación de vasos sanguíneos, lo que mejora la circulación sanguínea y reduce la rigidez y los espasmos musculares. Su efecto analgésico modula la transmisión del dolor al sistema nervioso central, siendo más efectiva en dolores crónicos o por sobrecarga muscular, como contracturas o tensión muscular.
Se recomienda su aplicación en sesiones de 15 a 20 minutos, con temperaturas entre 40 y 50 °C, interponiendo una toalla o funda para evitar el contacto directo con la piel. Entre sus aplicaciones más frecuentes se incluyen:
– Dolor muscular en cuello, hombros y espalda.
– Lumbalgia.
– Espasmos musculares en pantorrillas o costados.
– Cólicos menstruales.
– Dolor articular por artrosis en rodillas o manos.
– Neuralgia leve.
– Cefaleas por tensión.
– Fase subaguda tras esguinces o golpes, una vez controlada la inflamación inicial.
– Dolor postoperatorio, siempre bajo supervisión médica y evitando zonas con heridas o piel dañada.
Para minimizar riesgos, se deben seguir estas precauciones:
– Evitar ejercer presión sobre la bolsa.
– No aplicarla directamente sobre la piel.
– Revisar periódicamente el estado de la zona tratada.
– Suspender su uso ante señales como enrojecimiento intenso, ampollas, hinchazón marcada, fiebre o empeoramiento del dolor.
Pacientes con diabetes, problemas circulatorios o sensibilidad reducida en la piel deben extremar las precauciones al utilizar este método.
El uso de calor como método analgésico no sustituye la evaluación médica en casos de dolor intenso, persistente, de aparición reciente o sin causa aparente. Ante la presencia de síntomas atípicos o falta de mejoría, se recomienda consultar a un profesional de la salud.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


