«Te preguntas si mereció la pena»

0
12


Kandahar, una provincia al sur de Afganistán, era conocida como la cuna de los talibanes, su bastión en el país. Un lugar donde muy pocos querían estar, y con razón.

Sin embargo, Soren Knudsen fue uno de los que sí estuvo allí. Oficial del Ejército danés, sirvió como subcomandante de una de las misiones de la OTAN en Afganistán en 2006 y volvió al país en 2012. Allí, el Ejército danés, a través de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) de la OTAN, junto a otros ejércitos como el canadiense y el británico, respondieron a la llamada americana y acudieron en su ayuda tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. En total, Copenhague envió cerca de 20.000 efectivos, según algunas estimaciones. La misión, según este oficial retirado, era ayudar a Estados Unidos a salvaguardar el futuro de la juventud afgana.

«Estuvimos en Afganistán con los canadienses en Kandahar, al sur del país. Durante mi tiempo allí, los combates en Kandahar fueron constantes y muy peligrosos. Los canadienses perdieron a mucha gente y nosotros también. Fue una experiencia extrema», recuerda durante una entrevista telefónica con este diario Knudsen, quien ahora es vicepresidente de la Asociación de Militares Veteranos en Dinamarca.

En sus palabras se mezcla la frustración con el enfado tras las últimas palabras de Donald Trump. La semana pasada, el presidente de Estados Unidos sugirió en una entrevista en Fox News que las tropas de la Alianza Atlántica «se mantuvieron un poco lejos de las líneas del frente» en Afganistán.

«Trump está diciendo que no estuvimos en primera línea, que estuvimos en la retaguardia. Pero los que murieron sí que estaban en primera línea. Yo lo estuve y vi morir a mucha gente, a muchos compañeros perder sus piernas o sus brazos, sufrir estrés postraumático por lo que vieron y vivieron», asegura Knudsen. Como oficial, acudió a cada funeral de un compañero caído en combate.

Tras su misión, «casi como un soldado americano más» en 2012 también en Afganistán, Knudsen fue condecorado con una bandera estadounidense y una estrella de bronce que hasta hace poco enseñaba con orgullo. «Antes, con cualquier visita a casa enseñaba estos premios con orgullo. Ahora están en un cajón». Incluso su mujer, una estadounidense que lleva más de una década viviendo en Dinamarca, se muestra «avergonzada y apenada» por lo que está viendo en su país de origen.

¿Mereció la pena?

Después de «esta traición», los veteranos daneses que estuvieron destinados no solo en Afganistán, sino también en Irak o Kuwait, se preguntan si mereció la pena.

Dinamarca perdió a 44 de sus soldados, mujeres y hombres, en un sacrificio que para muchos fue el precio a pagar por comprometerse con su aliado, Estados Unidos, en la lucha contra el fanatismo islámico. En aquel momento, ambos ejércitos eran camaradas que arriesgaban sus vidas por una causa común.

Uno de estos militares que lleva días haciéndose esa pregunta, «¿mereció la pena?», es Lars Wolff. Entre 2003 y 2004 estuvo destinado primero en Irak y Kuwait y, un año más tarde, en Kabul. Este cabo recorría cada día las arenosas y peligrosas carreteras que rodeaban Hindu Kush, la gran cadena montañosa que domina el norte y el oeste de la capital afgana.

«Transportaba a gente de un lado a otro todos los días. Hicimos un buen trabajo, aunque la misión era extremadamente peligrosa. Los británicos perdían un soldado al mes. Nosotros, en comparación, parece que tuvimos más suerte, pero fue muy duro», cuenta con voz calmada, propia del que ha contado su historia en más de una ocasión.

Después de varias misiones en el extranjero, fue diagnosticado con las temidas siglas en inglés quien termina un trabajo, pero nunca vuelve del todo a casa: PTSD (post-traumatic stress, o estrés postraumático en castellano).

Te podría interesar:

«Tras volver de esas misiones, ya nunca más fui el mismo. Sufro estrés postraumático y lo que estoy escuchando ahora en palabras de Trump me afecta mucho y, sobre todo, me enfada. Creo que hicimos un muy buen trabajo juntos, pero después de lo que ha dicho te preguntas si mereció la pena», explica Wolff.

Estas palabras fueron la puntilla para una sociedad, la danesa, y un grupo, los militares, que han dicho «basta» a las «faltas de respeto» de Donald Trump. «Las palabras valen igual que los hechos, y lo que está diciendo Donald Trump es irrespetuoso e irresponsable», sentencia Knudsen.

Manifestación en silencio

Este sábado, el grupo de veteranos convocó una manifestación en Copenhague con el lema: «Nos quedamos sin palabras». En silencio, se dirigieron a la Embajada de Estados Unidos. «Dinamarca siempre ha apoyado a Estados Unidos, y nos hemos mantenido en los puntos conflictivos del mundo cuando nos han solicitado. Nos sentimos defraudados y ridiculizados por la Administración Trump, que ignora deliberadamente la lucha de Dinamarca junto a Estados Unidos», escribía el grupo de veteranos en su página web para anunciar la marcha.

Hermanos en armas
A Gerth Sloth Berthelsen (en la primera foto), de madre danesa y cuyo padre fue el primer groenlandés en unirse al Ejército de Dinamarca, no solo le indigna el menosprecio de Trump a sus misiones en Afganistán e Irak, sino también la reclamación sobre su isla. Soren Knudsen (en la segunda y tercera foto) estuvo destinado en Afganistán en 2006 y 2012 y fue condecorado por Estados Unidos, pero ahora reniega de dichos honores
ABC

El último gesto que enfureció a los veteranos se produjo esta misma semana, cuando la Embajada de Estados Unidos en la capital danesa retiró las banderas en honor a los soldados muertos en Afganistán de un área a las afueras del edificio. Un vídeo compartido por TV2, un medio danés, mostraba cómo un guardia de seguridad retiraba las banderas de las macetas que recordaban a los 44 caídos daneses.

La propia Asociación Danesa de Veteranos criticó duramente la medida, calificándola en un comunicado de «innecesaria e insensible». Su presidente, Carsten Rasmussen, afirmó comprender la indignación, pero instó a una respuesta tranquila: «Cuando ellos actúan con desdén, nosotros actuamos con desdén, y respondemos con calma, dignidad y consideración».

El asunto de Groenlandia

El enfado danés no sólo viene de las últimas bravuconadas de Trump sobre Afganistán. El tema groenlandés cada día escuece más. Bien lo sabe Gert Sloth Berthelsen, de madre danesa y padre groenlandés (primer groenlandés en sumarse al Ejército danés). Berthelsen, que siguió sus pasos, sirvió en el Ejército danés junto a las fuerzas estadounidenses en una misión de paz en Macedonia del Norte entre 1996 y 1997. Ahora preside el proyecto ‘Groenlandia’ de la asociación de veteranos y cada año organizan un viaje a la isla.

El constante interés de Trump por el territorio danés, que desde el año pasado lleva repitiendo, ha trastocado la «tranquilidad de la isla, que ahora se ha convertido en el centro de los debates», cuenta Berthelsen. «Muchos de los veteranos con los que trabajamos han servido junto a estadounidenses y ahora no hay ningún respeto por su servicio ni su cargo», comenta durante una videollamada con ABC. «Estamos consternados por la conducta de EE.UU. y la falta de respeto que estamos presenciando. Groenlandia pertenece al pueblo groenlandés, no hay más».

Las relaciones entre ambos países han sido durante años muy buenas. Dinamarca ha sido un socio que ha estado en las guerras donde Estados Unidos ha pedido ayuda y, por su parte, Washington ha sido el gran aliado de defensa de Copenhague bajo el paraguas de la OTAN. Por eso, ahora los daneses no pueden creer que quizás en algún momento puedan necesitar defenderse de Estados Unidos.

Según concluye Knudsen, «si Trump llegara a invadir Groenlandia, sería el momento final de la alianza de la OTAN y de la admiración por el gran país que fue Estados Unidos».



Source link