En Moscú, la victoria de Peter Magyar en las urnas de Hungría no es un buen augurio. Sin embargo, este lunes Rusia observa lo que sucede en este país centroeuropeo con cautela y responde con ese mismo tono. El encargado de expresarlo fue el … portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien declaró en su rueda de prensa diaria haber oído «declaraciones sobre la disposición a entablar un diálogo».
Se mostró ligeramente optimista y señaló que el país euroasiático espera continuar «contactos bastante pragmáticos con la nueva dirección de Hungría», algo que, según su parecer, «será beneficioso tanto para Moscú como para Budapest».
El adversario de Orbán ya ha advertido que restablecerá la plena participación de Budapest en la UE y la OTAN. El todavía primer ministro húngaro ha sido durante años el mayor defensor de Moscú y también el principal escollo para el apoyo comunitario a Ucrania. También ha sido el más reticente a abandonar la compra de hidrocarburos rusos. Es por esta dependencia energética que Magyar, tras su victoria, apuntó que está dispuesto a negociar con el presidente ruso Vladímir Putin.
El mandatario ruso no ha felicitado oficialmente, en el momento de escritura de este artículo, a Magyar, algo que sí han hecho líderes como Volodímir Zelenski (Ucrania), Kaja Kallas (alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad), Andrej Babis (República Checa), entre otros.
Vínculo Budapest-Moscú
«Ni la posición geográfica de Rusia ni la de Hungría cambiarán», recordó. Justificó que la dependencia energética húngara «persistirá algún tiempo; la diversificación es esencial pero no se producirá de la noche a la mañana». Concluyó que hablará con Moscú «si es necesario, pero no nos haremos amigos». El país magiar ahora mismo importa el 80% de su consumo de petróleo y el 85% del gas desde Rusia.
El mismo Peskov señaló que el país euroasiático observa con detenimiento. «¿Qué medidas tomará el nuevo Gobierno de Hungría? Probablemente haya que llenarse de paciencia y esperar a ver qué sucede», apuntó ante los medios rusos. Tras 16 años de ‘orbanismo’, los partidarios de Magyar clamaron lemas como «¡Rusos, váyanse a casa!» tras el recuento electoral, algo que no habrá pasado desapercibido entre los muros del Kremlin.
Líderes prorrusos
El Kremlin responde con mucha cautela ante una noticia que no parece buena para sus intereses. La relación con la Unión Europea está en un punto crítico tras cuatro años de guerra ruso-ucraniana y sanciones. Y este pasado domingo Moscú perdió a uno de sus mejores aliados en el seno de la UE. Ahora el principal amigo geopolítico que le queda a Putin en Europa es Robert Fico, el líder de Eslovaquia, que lleva en el poder desde octubre de 2023.
No solo ha sido otra de las voces críticas con el apoyo a Kiev o a las sanciones rusas, también ha sido un obstáculo para la adhesión ucraniana a la OTAN o para el apoyo militar al país liderado por Volodímir Zelenski. Incluso él mismo ha comprado el relato de Moscú de que la guerra del Donbás es culpa de «neonazis ucranianos». Este mantra ha sido reiterado en numerosas ocasiones por Rusia para justificar el apoyo a las milicias prorrusas antes de 2022 y, después de ese mismo año, para legitimar su invasión del país vecino.
Además de Fico y Orbán, Rusia cuenta con otros aliados en el seno de la UE, pero ninguno de ellos controla en este momento el Gobierno de sus respectivos países. El más destacado es el Agrupación Nacional de la ultraderechista Marine Le Pen. Ella misma fue recibida por el mismo Putin en el Kremlin en 2017 como si fuera la líder de Francia. Además, bancos rusos le prestaron dinero en 2014. Otras formaciones con vínculos estrechos con el Kremlin son Alternativa por Alemania y Die Linke en el país teutón o el Partido de la Libertad de Austria.


