Tras las elecciones municipales del pasado domingo, Francia ya tiene la mirada puesta en las presidenciales del año que viene. El hecho de que apenas falten doce meses para la próxima carrera hacia el Elíseo –ese escrutinio se celebrará en abril o mayo de … 2027– ha contribuido a que la resaca de los comicios locales sea especialmente agitada. Tanto el Partido Socialista como la derecha tradicional de Los Republicanos (LR) y los partidos afines al presidente, Emmanuel Macron, han tenido esta semana debates internos acalorados. No solo dudan respecto a la estrategia a adoptar, sino que también temen la proliferación de candidatos en la izquierda, el centroderecha y la derecha.
La elevada abstención en las municipales (del 43%) invita a la prudencia a la hora de sacar conclusiones categóricas de esos comicios. Las pocas claves que sobresalen son la fragmentación del paisaje político, la polarización del debate y la gran diferencia entre la política local, donde los partidos tradicionales (derecha republicana y socialistas) continúan siendo los más implantados, y la nacional, donde esas formaciones están de capa caída. Por ejemplo, en la Asamblea Nacional la suma de los diputados socialistas y de LR solo representa el 20% de los escaños.
Respecto a los equilibrios ideológicos, el paisaje municipal es bastante parecido al que había desde 2020. Los partidos de izquierda o centroizquierda llevan las riendas de la mayoría de las ciudades más pobladas –hay seis alcaldes socialistas y uno verde entre las diez metrópolis con más habitantes–, mientras que los conservadores de LR representan la principal fuerza entre las localidades medianas y pequeñas. La extrema derecha de Marine Le Pen consiguió su mejor resultado en unas municipales y gobernará en unas 60 alcaldías. Es una cifra relativamente pequeña, teniendo en cuenta que en el país vecino hay hasta 35.000 pueblos o ciudades. Muchos de sus alcaldes no pertenecen a ninguna formación.
Philippe se opone a las «primarias del centro»
En medio de este paisaje municipal fragmentado y complejo, uno de los dirigentes que salen reforzados es el exprimer ministro Édouard Philippe, que llevó las riendas gubernamentales entre 2017 y 2020 y es ahora mismo el aspirante de centro-derecha mejor posicionado de cara a las presidenciales. Con su reelección como alcalde de Le Havre (Normandía), evitó una derrota que lo hubiera apartado de la próxima carrera hacia el Elíseo, en que Macron no podrá presentarse debido al tope constitucional de dos mandatos.
La victoria de Philippe, sin embargo, supone un contratiempo para una parte de los macronistas, sobre todo para el exprimer ministro Gabriel Attal (2024), que preside actualmente Renacimiento –partido fundado por Macron en 2016– y que también aspira a la jefatura del Estado. A diferencia del joven Attal, el alcalde de Le Havre y líder de Horizontes, se opone a la organización de unas primarias del centro y el centro-derecha.
«Soy partidario de la unión de la derecha y el centro, pero no soy prisionero de los partidos», aseguró Philippe el martes por la noche en una entrevista televisiva para France 2. No obstante, la derecha tradicional no quiere ponerse al servicio de las ambiciones de Philippe. La dirección de LR anunció esta semana que sus militantes decidirán en abril si eligen a su candidato a través de unas primarias o se decantan directamente por la candidatura de su actual líder, Bruno Retailleau. «Ningún candidato macronista podrá ser elegido presidente», ha sostenido este jueves el exministro del Interior en una entrevista para ‘Le Figaro’.
Guerra interna en el PS
«Todos estos dirigentes arrastran el pobre balance del segundo mandato de Macron. Les costará encontrar a uno que encarne la continuidad y al mismo tiempo se desmarque del presidente –muy impopular en estos momentos–», explica a este medio el politólogo Christophe Bouillaud. Según este profesor en Sciences Po Grenoble, los resultados de la izquierda en las municipales no han sido nada del otro mundo. «Los votantes no han considerado al Partido Socialista como una fuerza de oposición y los ciudadanos han votado valorando únicamente la situación local», indica.
Aunque los socialistas y sus aliados de la izquierda conservaron las alcaldías de París, Marsella, Nantes o Lille, no han logrado incrementar su poder municipal. La sensación de fracaso se ha visto reforzada por toda la controversia alrededor de las alianzas entre la primera y la segunda vuelta con la Francia Insumisa. Antes de las municipales, los dirigentes del PS habían proclamado a los cuatro vientos que no iban a pactar con el partido de Jean-Luc Mélenchon. Pero al final se aliaron con ellos en 36 municipios. En 14 ganaron las coaliciones de izquierdas y en 22 perdieron.
«Ningún candidato macronista podrá ser elegido presidente»
Bruno Retailleau
Exministro de Interior de Francia
Este balance poco brillante de las alianzas entre socialistas e insumisos ha contribuido a una ofensiva del ala moderada del PS contra su secretario general, Olivier Faure. Más que la cabeza de Faure, el objetivo de sus detractores consiste en que renuncie a organizar el próximo otoño unas primarias entre los socialistas, verdes y sectores disidentes de la Francia Insumisa. Si ese proceso interno no tiene lugar, la izquierda fácilmente podría dividirse en cuatro o cinco aspirantes de cara a las presidenciales. La incertidumbre predomina cuando apenas falta un año para esos comicios decisivos para el futuro de Francia. Los sondeos, que se deben coger con pinzas, dan como favoritos a la ultraderechista Le Pen o a su número dos, Jordan Bardella.


