
Uno de los proyectos más ambiciosos de la parrilla chocó con su realidad. Aston Martin lo tenía todo para que 2026 fuese el año del despegue definitivo: nueva fábrica ampliada en Silverstone, túnel de viento de última generación, simulador renovado, una estructura técnica reforzada y el fichaje de Adrian Newey como cerebro del monoplaza. Además, la alianza exclusiva con Honda prometía una identidad propia en la nueva era reglamentaria.
La ilusión era máxima. También para Fernando Alonso, que soñaba con volver a pelear por victorias. Pero la pretemporada fue un baño de agua fría.
El equipo británico fue el que menos rodó en los test, acumuló problemas de fiabilidad constantes y tuvo que limitar el rendimiento del motor para evitar averías mayores. La única vez que intentaron liberar el potencial en una simulación de tanda larga, el coche volvió a fallar. Ni siquiera pudieron completar con normalidad la jornada final.
El mensaje es claro: Aston Martin empezará 2026 en Melbourne muy lejos de donde esperaba.
Y eso tiene consecuencias.
Ralf Schumacher duda del liderazgo de Stroll
El expiloto de Fórmula 1 Ralf Schumacher ha puesto el foco directamente en el máximo responsable del proyecto: Lawrence Stroll.
En el podcast alemán Backstage Boxengasse, el hermano del siete veces campeón fue contundente:
“Lawrence está bajo una enorme presión porque actúa más o menos como un autócrata. Tengo curiosidad por ver si puede soportar la presión de los inversores, porque parece que está tomando decisiones por sí solo”.
No es una frase menor. Porque el proyecto Aston Martin ha sido, desde el principio, una apuesta personal de Stroll. Una inversión multimillonaria para transformar un equipo de zona media en aspirante al título.
Y ahora, con el arranque más complicado posible, la presión se multiplica.
“Obviamente, esto crea un gran problema dentro del equipo”, añadió Schumacher, sugiriendo que el modelo de liderazgo podría tensionarse si los resultados no acompañan.
Un polvorín interno en plena reconstrucción
El contexto no ayuda.
Alonso afronta sus últimos años en la F1. Lance Stroll no es precisamente conocido por gestionar con calma las frustraciones deportivas. Y Newey aterrizó en Silverstone con la expectativa de construir un coche ganador desde el primer momento del nuevo reglamento.
La realidad es que el AMR26 —al menos en su versión vista en test— está lejos de ser competitivo. La unidad de potencia Honda fue la más problemática del paddock. Incluso fabricantes que debutan en esta etapa híbrida ofrecieron mayor fiabilidad.
Schumacher, no obstante, pidió paciencia: “Creo que Stroll ha tomado buenas decisiones. La gente debe darle tiempo a él y al equipo, incluido Adrian Newey”.
Pero lanzó una advertencia clave: “Ahora deben evitar destruirse internamente. Esto va a ser una enorme prueba de paciencia. La presión es enorme”.
Y esa es quizá la palabra que mejor define el momento actual en Silverstone. Presión económica. Presión mediática. Presión deportiva.
El sueño de convertirse en campeón del mundo sigue intacto. Pero el inicio de 2026 demuestra que construir infraestructuras no garantiza resultados inmediatos. Y cuando las promesas son tan altas, el margen para fallar es mínimo.
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