Por qué la proteína sola no es suficiente para calmar el hambre

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La proteína es, sin duda, un “ancla” metabólica excepcional. Las investigaciones científicas respaldan sus beneficios; es una tendencia creciente entre quienes buscan cuidar su salud, al punto que la nueva pirámide de alimentos en EE. UU. recomienda expresamente aumentar el consumo de proteína de origen animal.

Uno de los aspectos clave en el consumo de proteínas, en el que coinciden científicos y especialistas, es que el verdadero poder de la proteína para controlar el hambre brilla cuando proviene de alimentos reales y se acompaña de una buena dosis de fibra.

La clave está en ir más allá de comer solo carne o pollo, sino en construir platos equilibrados que mantengan nuestras hormonas a raya y nuestros músculos fuertes. Además, se debe priorizar la proteína en cada comida (especialmente alcanzando umbrales cercanos a los 35 g), lo cual es una estrategia científica ganadora para “silenciar” el hambre de forma aguda y regular las hormonas que controlan nuestro peso.

El mito y la ciencia de la saciedad por consumo de proteínas

Uno de los aspectos fundamentales para comprender el impacto del consumo de proteína en el cuerpo es su efecto hormonal comprobado, ya que el consumo de proteínas reduce la grelina (la hormona del hambre) y eleva el GLP-1, lo que biológicamente nos hace sentir más satisfechos. Una vez que se consume la proteína, se entra en la digestión pausada, lo que se traduce en que las proteínas ralentizan el vaciado gástrico, permitiendo que la sensación de plenitud dure entre 3 y 4 horas.

Incluir proteína en la dieta ayuda a perder grasa y conservar músculo; el beneficio es modesto (aproximadamente 1.5 kg adicionales en comparación con dietas bajas en proteína). Hay una apuesta de los expertos por el consumo de alimentos reales sobre los suplementos. Esto se debe a que los alimentos integrales (huevo, pescado, legumbres) sacian mucho más que los suplementos procesados o barritas enriquecidas, que se digieren demasiado rápido.

Para optimizar el consumo de nutrientes, la clave está en el dúo dinámico: proteína y fibra. La proteína por sí sola no es milagrosa; el éxito real para el control del apetito ocurre cuando se combina con fibra (un nutriente que el 94% de la población no consume lo suficiente). ¿Cuánta proteína se debe comer al día? No hay una respuesta única, ya que esto depende de la edad y el tipo de actividad física; sin embargo, hay una regla estándar recomendada por los expertos de consumir entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína por kilo de peso corporal para maximizar sus beneficios.

Proteína y Saciedad

Una revisión publicada por Science Direct sobre el Efecto del consumo de proteínas a corto y largo plazo sobre el apetito y las hormonas gastrointestinales que lo regulan, revela la eficacia de las dietas ricas en proteínas en la regulación del apetito a través del eje intestino-cerebro, comparando efectos inmediatos (agudos) frente a efectos sostenidos (largo plazo).

1. Efectos Inmediatos

Según el estudio, el consumo de proteína tiene un impacto contundente y medible en la percepción del hambre a corto plazo, ya que reduce el hambre y el deseo de comer. Los investigadores observaron una disminución significativa del hambre (-7 mm en la escala EVA) y del deseo de comer (-5 mm). Mientras tanto, la sensación de estar “lleno” aumentó notablemente (10 mm), consolidando a la proteína como el macronutriente más saciante.

“La ingesta aguda de proteínas suprime el apetito, como lo demuestra la disminución de la sensación de hambre, el deseo de comer y la posibilidad de consumir alimentos”, cita el estudio.

2. Respuesta Hormonal

Otro de los hallazgos sobre el consumo de proteína es que no solo nos hace sentir llenos por volumen, sino que altera la química de nuestro cuerpo. Esto se debe a que la hormona del hambre, grelina, disminuye significativamente (-20 pg/ml), enviando la señal al cerebro de que no es necesario buscar más comida. Mientras tanto, las hormonas anorexígenas (saciedad) aumentan la Colecistoquinina (CCK) y el Péptido similar al glucagón 1 (GLP-1), responsables de frenar la ingesta. El estudio señala: “El sistema endocrino intestinal… induce circuitos neuronales en el hipotálamo y el tronco encefálico para regular el apetito y controlar la conducta alimentaria”.

3. El umbral de los 35 g

El consumo de proteína tiene condiciones mínimas para que pueda ser efectivo en generar saciedad. No cualquier cantidad de proteína activa todas las alarmas de saciedad de la misma forma:

  • Dosis Son suficientes para afectar la percepción subjetiva del apetito (sentirse menos hambriento).
  • Dosis ≥ 35 g: Son necesarias para generar cambios significativos en las hormonas clave (Grelina, CCK y GLP-1).
  • Cita clave: “Los marcadores de apetito se vieron afectados por dosis de proteína .

4. Resultados a Largo Plazo

El estudio introduce conceptos fascinantes sobre cómo el cuerpo prioriza este nutriente:

  • Efecto a largo plazo: Curiosamente, los ensayos prolongados no mostraron resultados tan concluyentes como los agudos, sugiriendo que el cuerpo podría adaptarse o que faltan más estudios sólidos.
  • Apalancamiento proteico: Esta hipótesis sugiere que si no consumimos suficiente proteína, el cuerpo nos impulsará a comer en exceso otros macronutrientes para compensar esa carencia.

“Si una dieta carece de suficiente proteína, el consumo de alimentos aumenta en un intento por obtener una mayor cantidad de proteínas, lo que lleva a comer en exceso y a un mayor riesgo de obesidad”, destacan los investigadores.

Consejos adicionales

  1. La regla del primer bocado: Empieza tus comidas consumiendo la proteína primero. Esto ayuda a que las señales de saciedad lleguen al cerebro antes de que termines el plato.
  2. Hidratación estratégica: Bebe agua antes de la comida; esto potencia la sensación de “plenitud” (los 10 mm extra en la escala EVA que mencionaba el estudio).
  3. No olvides la fibra: Aunque la proteína es la estrella para las hormonas, la fibra de los vegetales añade volumen físico, lo que refuerza la saciedad mecánica.

“Los resultados mostraron que el apetito puede inducirse con mayor eficacia con dosis más bajas de proteína, pero las hormonas… cambiaron significativamente con dosis ≥ 35 g.” — Usemos este dato a nuestro favor para no picar entre horas.

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¿Cómo es un menú saciante?

Una persona promedio que busca optimizar su control del apetito puede plantearse un menú como el que se describe a continuación:

Desayuno: Omelette de claras y pavo con toque de queso

Para empezar el día con el metabolismo activo y el hambre bajo control

  • Proteína aproximada: 36 g.Ingredientes: 1 huevo completo + 4 claras, 60 g de pechuga de pavo picada y 30 g de queso cottage o ricotta ligero.

Acompañamiento: 1 rebanada de pan integral tostado con aguacate.

Almuerzo: Bowl de pollo al limón y quinoa

Una comida densa en nutrientes que cumple con el umbral hormonal.

  • Proteína aproximada: 38 g.Ingredientes: 150 g de pechuga de pollo a la plancha, 1/2 taza de quinoa cocida y una base generosa de espinacas y brócoli al vapor.

Tip Pro: Agrega semillas de cáñamo (hemp seeds) sobre la ensalada para un extra de proteína vegetal y fibra.

Cena: Salmón (o atún) en costra de especias

Ligero pero metabólicamente potente para evitar los antojos nocturnos.

  • Proteína aproximada: 34-36 g.Ingredientes: 160 g de filete de salmón o un lomo de atún fresco sellado.

Acompañamiento: Espárragos trigueros y una ensalada de tomates cherry con vinagreta de manzana.

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