#Mundo:Trump representa el ascenso “de los hombres demoledores” y lidera el desmantelamiento del mundo posterior a la II Guerra Mundial #FVDigital

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El mundo que conocimos tras la Segunda Guerra Mundial se está “desmantelando”. Ya no es así. Y no lo es, en gran medida, por la acción de hombres como Donald Trump, que lidera ese nuevo estilo de políticos a nivel global. Así se concluye en el informe previo a la Conferencia de Seguridad de Munich que se celebra entre el 13 y el 15 de febrero. El documento, publicado este lunes, dibuja una nueva era de “la política de la demolición”, tal como lo definen directamente, con el foco puesto no solo en Trump, sino también en otros líderes como el presidente argentino, Javier Milei a los que considera, igualmente, “hombres demoledores”.

Son estas figuras, dicen, quienes capitalizan el descontento social y la pérdida de confianza en las instituciones democráticas. Donald Trump se posiciona como la figura más influyente en este proceso porque preside el país que preside. Es decir, todo a lo grande, utilizando el poder económico y militar de Estados Unidos para romper con la inercia institucional mediante actos simbólicos y disruptivos que buscan una ruptura radical con el pasado (o en algunos casos una vuelta a él).

Durante su segundo mandato, el presidente Trump opera con menos restricciones institucionales y un equipo ideológicamente alineado, lo que ha transformado la política exterior estadounidense en un modelo de régimen personalista. Esta administración ha atacado frontalmente los tres pilares del “triángulo de paz kantiano”: el multilateralismo, la integración económica y la promoción de los valores democráticos. Como resultado directo de esta visión, EEUU ha anunciado su intención de retirarse de 66 organizaciones internacionales que considera contrarias a sus intereses o que limitan su soberanía, afectando áreas críticas como la salud global y la coordinación climática, recuerdan en el documento.

En el ámbito de la seguridad, Europa enfrenta una profunda sensación de inseguridad debido al desapego ambiguo de Washington y su apoyo vacilante a Ucrania frente a la agresión rusa. La retórica estadounidense sobre Groenlandia y la presión para que Ucrania ceda territorio han debilitado normas fundamentales como la integridad territorial y la prohibición del uso de la fuerza. Simultáneamente, en el Indo-Pacífico, los aliados regionales expresan cada vez más dudas sobre la fiabilidad de las garantías de seguridad de Washington ante una China cada vez más poderosa que busca activamente la dominación regional.

El sistema comercial global se está fracturando a medida que EE. UU. ignora abiertamente las reglas de la OMC, utilizando aranceles y la coerción económica como instrumentos principales para asegurar acuerdos bilaterales ventajosos. Por su parte, China ha escalado la instrumentalización de puntos de estrangulamiento económico, especialmente a través de controles de exportación de minerales críticos que impactan a industrias en todo el mundo. Esta situación ha llevado la incertidumbre económica a niveles históricos, amenazando el crecimiento global y provocando una carrera de medidas proteccionistas por parte de diversos gobiernos.

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La asistencia humanitaria y al desarrollo atraviesa una crisis existencial debido a los drásticos recortes presupuestarios de donantes tradicionales, simbolizados por el cierre de la agencia USAID. Se proyecta que estos recortes y la retirada de fondos podrían causar aproximadamente 14 millones de muertes evitables para 2030 en países de ingresos bajos y medios. Mientras los donantes occidentales se retraen, China aprovecha el vacío político para expandir su influencia estratégica dentro de las agencias de la ONU, intentando integrar su visión del mundo en el discurso multilateral.

El orden emergente tras esta demolición podría definirse por esferas de influencia, acuerdos transaccionales o un sistema “neo-monárquico” impulsado por intereses privados de los gobernantes. Según el Índice de Seguridad de Múnich 2026, la percepción de Estados Unidos como un riesgo serio ha aumentado en casi todos los países del G7 y el grupo BICS. Para contener los efectos más destructivos, los defensores de las normas internacionales deben formar nuevas coaliciones e invertir urgentemente en su propio poder material, reconociendo que las reglas internacionales son solo tan fuertes como los estados que las respaldan.

Los ciudadanos no aprueban la nueva dinámica

Vista la foto completa, el informe también incluye que la población de las grandes economías mundiales no aprueban lo que ha hecho o quiere hacer el trumpismo. Y así que queda reflejado que la amplia mayoría de ciudadanos de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Brasil, China, India, Sudáfrica e incluso EEUU, está en “fuerte desacuerdo” o “ligero desacuerdo” con las políticas de Trump. En su propio país la mitad de la gente cree que sus políticas no son buenas ni a nivel nacional ni para el mundo en su conjunto.

En Alemania, el rechazo a las políticas de Donald Trump se sitúa en el 69% cuando se valora su impacto en el país centroeuropeo y asciende al 72% al analizar sus efectos a escala global. En Francia, un 63% de los encuestados consideran que estas políticas no benefician a los franceses, mientras que un 60% opinan que resultan perjudiciales para el conjunto del planeta, un porcentaje que también se repite en Italia. El Reino Unido es la única excepción relativa, con niveles de rechazo algo más moderados, del 54% en el ámbito nacional y del 53% en el internacional.



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