#Mundo:Trump hace el ‘trabajo silencioso’ para Putin con la guerra en Irán y ninguneando a Ucrania #FVDigital

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La vuelta de Trump a la Casa Blanca parecía una buena noticia para Rusia, y los hechos van confirmando ese extremo: Ucrania, Irán, la OTAN, la UE o la visión del mundo son elementos que permiten ver cierta cercanía entre Washington y Moscú; Trump, por ejemplo, ‘rehabilitó’ a Putin con una reunión en Alaska y le sacó del ostracismo en el que estaba desde que inició la invasión sobre Ucrania en 2022 y ha tenido además la Casa Blanca guiños hacia el Kremlin -el último permitiendo el acceso de petróleo ruso a Cuba o la idea de levantar sanciones contra Moscú para acceder a energía barata ante la guerra en Irán-.

En ese escenario, según The Times, Europa debería prepararse para un escenario en el que Estados Unidos alcance un acuerdo con Rusia que deje de lado a sus aliados tradicionales, una posibilidad que ya no se considera impensable en ciertos círculos políticos y militares. En los últimos meses, altos funcionarios europeos han expresado su preocupación, explican las fuentes consultadas por el medio británico, por la postura de Donald Trump, quien ha cuestionado abiertamente el compromiso de su país con la OTAN y ha insinuado que podría reducir o incluso retirar su apoyo si los aliados no respaldan sus prioridades, como la guerra en Irán. 

Este cambio estratégico coincide con señales de que Washington podría desviar recursos militares de Ucrania hacia Oriente Medio, debilitando la resistencia ucraniana y abriendo la puerta a un posible acuerdo con Moscú en términos favorables al Kremlin. En este contexto, varios analistas advierten que Europa corre el riesgo de quedar marginada en decisiones clave sobre su propia seguridad, lo que obliga a los países europeos a reforzar su defensa y prepararse para actuar de forma más autónoma ante un orden internacional cada vez más incierto.

¿Está Trump haciéndole el trabajo a Putin? La respuesta corta puede ser que sí, y hay ejemplos que lo demuestran.

Ucrania es el primer eslabón. La mirada total de Trump en Irán ha hecho que las negociaciones de Kiev con Moscú bajo la mediación de Washington no avancen: no hay reuniones desde febrero y en abril tampoco parece que vayan a darse progresos pese a la insistencia de Zelenski. “Ucrania no es nuestra guerra”, espetó el presidente estadounidense ante la no ayuda de los aliados europeos en Oriente Próximo. Mientras, Kiev sí está ayudando a EEUU e Israel en su ofensiva, y Zelenski ha insistido en que quiere demostrar que los suyos pueden suministrar seguridad y no solo recibirla. Pero la realidad es que la invasión rusa no es una prioridad para la Casa Blanca, como reconoció a 20minutos el exministro de Economía ucraniano, Tymofiy Mylovanov, ahora presidente de la Kyiv School of Economics

“Lo que está sucediendo en Irán y lo que está sucediendo en Ucrania están vinculados. Rusia intensifica la tensión aquí mientras presta apoyo allí. A corto plazo, debilitar a Irán podría, paradójicamente, beneficiar a Rusia”, explicó. Eso sí, tiene una parte, cree Mylovanov, negativa para Putin. “Entiende que él podría ser el siguiente si Estados Unidos sale victorioso frente a Irán”, algo que no creen el resto de expertos.

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Con la guerra en Irán es Moscú quien se convierte en ganador. Este giro en las prioridades internacionales ha reducido significativamente la presión política y mediática directa sobre Moscú. Además, el dato más relevante es el mantenimiento de precios elevados en el petróleo y el gas, lo cual fortalece de manera directa la economía rusa en el actual contexto de volatilidad. Sin embargo, este beneficio económico convive con un factor de incertidumbre crítica: el riesgo de que una inestabilidad regional creciente termine escapando al control diplomático y afecte los intereses estratégicos de Rusia a largo plazo en Oriente Próximo.

Unos Estados Unidos desmarcados de la OTAN también benefician al Kremlin. A Trump no le gusta la Alianza Atlántica y le gusta todavía menos que los teóricos aliados no le hagan caso. En 2025, el presidente estadounidense ya endureció su discurso sobre la OTAN al afirmar que “si no pagan, no voy a defenderlos”, buscando un aumento de gasto en defensa por parte de los aliados y cuestionando el principio de defensa colectiva y condicionando el apoyo de Estados Unidos. Ya este año elevó aún más el tono al declarar que “no tenemos que estar ahí para la OTAN”, sugiriendo una posible retirada del compromiso histórico de Washington; ese rechazo se ha agudizado con la guerra en Irán.

Esa postura tiene coincidencias con el hecho de que Putin culpase a los europeos de su invasión sobre Ucrania tras el despliegue de efectivos cerca de la frontera de Rusia. Una OTAN sin EEUU es más débil y una OTAN más débil juega a favor del Kremlin. Washington ha reducido la inversión en defensa en el último año, situándose en un 3,19% y siendo el único miembro de la Alianza que ha bajado la cifra (la aportación total a la organización ha pasado del 64% al 60%). Esto se da un momento de máxima tensión de Trump con la propia OTAN, a la que ha augurado “un muy mal futuro” porque los países no le han apoyado en su ofensiva sobre Irán.

A todo eso hay que añadir que Trump y Putin tienen la misma visión del mundo: ambos priorizan el interés nacional por encima de normas o instituciones multilaterales, muestran desconfianza hacia alianzas tradicionales y organismos internacionales, y prefieren un enfoque de poder basado en la soberanía, la fuerza y la negociación directa entre líderes. Además, comparten una inclinación por estilos de liderazgo fuertes y centralizados, así como una visión pragmática en la que los valores democráticos o ideológicos suelen quedar subordinados a objetivos estratégicos y de poder. Para Trump las relaciones internacionales son un ‘negocio’; para Putin no existen como tal… sino que debe imperar la fuerza.

Rusia ha encontrado un aliado en Washington… aunque a veces no lo parezca. Trump y Putin tienen buena relación y el miedo crece porque los más críticos con la Casa Blanca le ven más cerca de Moscú que de Kiev; más apegado a la forma de ver el mundo del Kremlin que a la manera de actuar que tienen sus hasta ahora aliados occidentales.



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