
El presidente de EEUU, Donald Trump, sufrió este viernes un desplante orquestado por su homólogo ruso, Vladímir Putin, al rebajar el nivel de la delegación rusa en la tercera ronda de negociaciones por el fin de la guerra de Ucrania que se celebrarán la próxima semana en Ginebra. Putin había prometido a Trump que su negociador jefe no sería este año un asesor presidencial, sino un alto cargo con mayor capacidad de decisión.
Una promesa que el Kremlin ha incumplido al anunciar que el asesor cultural del presidente ruso, Vladímir Medinski, encabezaría la representación del país el 17 y 18 de febrero. De esta forma, Putin ha sustituido al almirante Ígor Kostiukov, jefe de la inteligencia militar rusa, como negociador jefe. Kostiukov sí representó a Rusia en las dos rondas celebradas en Abu Dabi.
Aunque el líder ucraniano, Volodímir Zelenski, habría expresado dudas sobre la participación rusa, el retorno de Medinski —puesto que ya participó en las reuniones de Estambul— es inesperado. La elección de el mediador ruso ya fue mal vista por Kiev durante las tres rondas celebradas el pasado año. Entonces, rechazó la posibilidad de una tregua y recordó que incluso Napoleón decía que “la guerra y las negociaciones transcurren simultáneamente”.
“Nosotros combatimos contra Suecia durante 21 años ¿Cuánto tiempo estáis dispuestos a combatir?”, dijo Medinski a los ucranianos durante las negociaciones, en alusión a la conocida como Gran Guerra del Norte (1700-1721). Como resultado, las negociaciones con mediación turca únicamente produjeron canjes de prisioneros de guerra y cadáveres.
En cambio, en Ginebra el negociador ucraniano volverá a ser Rustem Umérov y su delegación incluirá al jefe de la oficina presidencial, Kirilo Budánov; el jefe del Estado Mayor, Andrí Gnátov; el líder del grupo parlamentario gubernamental, David Arajamia; el viceministro de Exteriores, Andrí Kislitsia, y el número dos de la inteligencia militar, Vadim Skibitski.
¿Enfado ruso con la Casa Blanca?
Se desconoce el motivo de la decisión del Kremlin, aunque desde las últimas consultas en Abu Dabi, los representantes rusos han manifestado su enfado no tanto con Ucrania, sino con la Casa Blanca. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, criticó abiertamente a la Administración de Trump por renunciar a los entendimientos alcanzados durante la cumbre de agosto de 2025 en Alaska.
Cuando habla de “entendimientos” de Anchorage, Moscú se refiere a la necesidad de que el Ejército ucraniano abandone el Donbás, al tiempo que Moscú aceptaría la congelación del frente en las regiones de Jersón y Zaporiyia, donde Kiev controla un tercio del territorio. “En Anchorage aceptamos las propuestas de EE.UU.. Es decir, si encaramos el tema como hombres, ellos propusieron y nosotros aceptamos. El problema debía haberse solucionado”, dijo Lavrov.
El próximo paso debía ser, explicó, la normalización de la cooperación económica, pero ha ocurrido “todo lo contrario” con “la guerra contra los petroleros” de la conocida como flota ‘fantasma’ y las sanciones a las dos mayores petroleras rusas: Lukoil y Rosneft. A esto hay que sumar las presiones a Venezuela y la India para que no vendan y compren petróleo a Rusia, y a Cuba para que no reciba suministros humanitarios de crudo de Moscú.
Las anteriores dos reuniones celebradas en los Emiratos Árabes Unidos constataron que los principales escollos para un arreglo siguen siendo la cuestión territorial y las garantías de seguridad para Ucrania. Zelenski insiste en recibir garantías antes de firmar cualquier acuerdo de paz o de convocar elecciones, como demandan Moscú y Washington.


