El ayatolá Alí Jamenei ejerce como líder supremo de Irán desde 1989, cargo creado tras la Revolución Islámica de 1979. Su autoridad, fundamentada en el principio teocrático del *velayat-e faqih* (tutela del jurista islámico), abarca el control de las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y los medios estatales, y supera la del presidente y el Parlamento. Jamenei sucedió a Ruhollah Jomeini, fundador del régimen, tras ser designado por su lealtad al sector conservador, sin ostentar un alto rango religioso en ese momento.
Su postura ideológica incluye el antioccidentalismo y la oposición a Estados Unidos e Israel. Durante su mandato, Irán ha ampliado su influencia regional mediante alianzas con grupos en Oriente Próximo. En el ámbito interno, se ha registrado un aumento en la represión de protestas. Según la ONG *Human Rights Activist News Agency*, las movilizaciones recientes han dejado al menos 2.000 muertos y más de 10.000 detenidos. La cadena *Iran Internacional* reporta 12.000 detenidos.
Nacido en 1939 en Mashhad, en una familia religiosa de origen humilde, Jamenei participó en la oposición al sha Mohammad Reza Pahlavi durante las décadas de 1960 y 1970, lo que resultó en detenciones y exilio interno. En 1981, un atentado le provocó secuelas permanentes en el brazo derecho. Su vida privada es escasamente conocida, aunque organizaciones de derechos humanos han documentado su influencia sobre un entramado económico vinculado a su cargo.
Las protestas actuales, originadas por la crisis económica, han derivado en un cuestionamiento al sistema teocrático. Entre los antecedentes figuran las movilizaciones por fraude electoral en 2009, las protestas económicas de 2017 y 2019, y las manifestaciones tras la muerte de Mahsa Amini en 2022. Para sus seguidores, Jamenei simboliza la independencia nacional y los valores de la revolución; para sus críticos, representa el principal obstáculo a reformas políticas y sociales.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


