
El expresidente Felipe Calderón declaró en 2006 la guerra total al narcotráfico en México, durante su sexenio murieron más de 70.000 personas y no funcionó. Andrés Manuel López Obrador impulsó desde 2018 la política de “Abrazos, no balazos“, buscando combatir las causas sociales que se esconden detrás de la actividad criminal, y tampoco funcionó. Desde que Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia del país en octubre de 2024 no han quedado proscritas, ni mucho menos, las políticas sociales, pero se ha intensificado el estrangulamiento financiero de los cárteles y hay pocos miramientos a la hora de apretar el gatillo.
Al menos 62 personas murieron durante la operación contra el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), El Mencho, y la posterior ola de violencia que sacudió a varios estados del país. Entre ellas, 25 miembros de la Guardia Nacional de México. A esta cifra se suma la muerte de una mujer que se vio atrapada en un tiroteo en el municipio Zapopan y la de un guardia de seguridad en el motín que se produjo en la cárcel de Ixtapa, en Puerto Vallarta, de la que se fugaron 23 presos. “Ya se están haciendo los alertamientos correspondientes a las diferentes entidades federativas para su captura”, explicó anoche el secretario de Seguridad de Jalisco, Juan Pablo Hernández. Además, ha fallecido un agente de la Fiscalía de Jalisco y una treintena de miembros del cártel de El Mencho.
La muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, ha supuesto un golpe de efecto en la lucha contra el narcotráfico en México y ha sido recibida en EE UU con gran satisfacción, pues el Cártel de Jalisco Nueva Generación, que lideraba, es el principal introductor de fentanilo en el país presidido por Donald Trump. “No tenemos constancia de estadounidenses heridos, secuestrados o muertos, pero los carteles saben que no pueden tocar ni a un solo estadounidense o afrontarán graves consecuencias bajo este presidente”, aseguró este martes la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Los carteles saben que no pueden tocar ni a un solo estadounidense o afrontarán graves consecuencias bajo este presidente”
El Mencho era el narcotraficante más buscado por EEUU, lo que en la realidad de Occidente viene a ser el narcotraficante más buscado del mundo. Las autoridades estadounidenses habían llegado a ofrecer hasta 15 millones de dólares por información que facilitase su captura. Ahora, su asesinato afloja la soga que desde su llegada a la Casa Blanca Trump había atado al cuello de Sheinbaum. “Todas las garantías, ningún riesgo”, prometía este martes la propia presidenta en su conferencia de prensa diaria, al ser preguntada por la seguridad de los visitantes en el Mundial de Fútbol 2026 en Guadalajara, epicentro estos días de la violencia.
“La estrategia de seguridad nacional contra el narcotráfico de Claudia Sheinbaum sigue basándose en acudir a las causas sociales, por lo que puede decirse que en cierto modo es continuista con respecto a López Obrador, pero ha implementado operativos más fuertes. Ahora, la presión internacional es evidente y Estados Unidos exige resultados relevantes, diría que casi en términos mediáticos”, expresa a 20minutos Miguel Paradela, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Comillas.
Frédéric Mertens, docente de la Universidad Europea, comparte esta visión, y apunta a “factores acelerantes” como la intervención estadounidense en Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro, y el bloqueo de petróleo iniciado contra Cuba inmediatamente después de su operación en territorio venezolano. “México estaba obligado a actuar para demostrar a EEUU que, en cierto modo, no es un Estado fallido y que, aunque el narcotráfico sea casi invencible, están en ello”, opina en declaraciones a este periódico.
Desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump ha culpado a México de muchos de los que considera los grandes males de Estados Unidos, principalmente la inmigración ilegal y el tráfico de drogas. El país latinoamericano, asevera Trump, no es capaz de controlar su territorio, por lo que en más de una ocasión le ha exigido cambios urgentes bajo amenazas de imposición de aranceles.
Apenas cuatro meses de que Sheinbaum se convirtiese en presidenta de México, su Gobierno anunció la creación del Plan Frontera Norte, mediante el que desplegó a más de 10.000 soldados del Ejército y la Guardia Nacional en la frontera con EEUU. En un año, dice haber detenido a más de 10.000 personas e incautado 120 toneladas de droga.
Este no es el único gesto que México ha tenido con su vecino: frente a las reticencias mostradas por López Obrador, Sheinbaum ordenó en febrero de 2025 el traslado a EEUU de 29 narcotraficantes que estaban encerrados en sus cárceles, entre ellos el de Rafael Caro Quintero, líder del cártel de Guadalajara, al que Washington tenía entre ceja y ceja desde hacía más de 40 años.
El miedo a una guerra civil
Aunque el golpe para el narcotráfico es contundente, la reacción a la muerte de El Mencho que cabe esperar por parte de los cárteles no es precisamente de amedrentamiento. Las horas posteriores a la operación del Ejército mexicano fueron de auténtico caos en el país, con al menos 75 muertos, decenas de comercios saqueados y cortes en carreteras.
Este lunes, Sheinbaum anunciaba que la situación estaba controlada, pero el país no es ajeno a las gravísimas consecuencias que se pueden derivar de lo ocurrido, y que van desde una guerra civil entre clanes a un conflicto interno por dirigir el Cártel de Jalisco Nueva Generación.
“La muerte de El Mencho conduce a una fragmentación, y una fragmentación en el asunto del narcotráfico normalmente va unida a picos de violencia. Se van a empezar a disputar plazas, no solo entre los sucesores El Mencho, porque tal vez haya una jerarquía establecida y el número dos pase a ser el número uno, sino también entre otros cárteles que, viendo el estado de debilidad del Jalisco Nueva Generación, traten de robarle territorio, lo que llevaría a una guerra civil”, sostiene el profesor Miguel Paradela.
En la misma línea se manifiesta Javier Yagüe, profesor asociado de la Universidad de Nebrija especializado en terrorismo y crimen organizado. Yagüe recuerda que en México hay “entre seis y nueve grandes cárteles” que controlan, como mínimo, “el 30% del país” y que Jalisco Nueva Generación ya ha anunciado futuros atentados tanto en la frontera con EEUU como en el propio país norteamericano, debido al importante papel que Washington ha tenido en el intercambio de información de inteligencia en la captura de El Mencho.
En este contexto, Yagüe maneja algunos escenarios que no son incompatibles entre sí: “La estructura del cártel de Jalisco es más descentralizada que, por ejemplo, la del cártel de Sinaloa, por lo que es más probable que se desaten luchas internas por ver quién se pone a la cabeza. Con respecto a otros cárteles, caben dos opciones: que lo ocurrido los disuada y comiencen a actuar de manera algo más encubierta o que, efectivamente, aprovechan el vacío de poder del Cártel de Jalisco para intentar reforzar sus posiciones”, explica a 20minutos.
La escalada de la violencia vendría a agravar un conflicto en el que en los últimos meses ha sobresalido el Cártel de Sinaloa debido a su guerra interna, desatada después de que uno de los hijos del Chapo Guzmán, Joaquín Guzmán, tendiese una trampa a Ismael Zambada García, conocido como El Mayo, que acabó con la detención de este por parte de las autoridades estadounidense.
Como recuerda el profesor Paradela, el Cártel Jalisco Nueva Generación nació en 2007 como aliado del de Sinaloa bajo el nombre de Los Mata Zetas, cuyo objetivo lleva explícito en su denominación: acabar con el Cártel de los Zetas, algo que consiguieron. “Los Zetas nacen [en 1999] como el brazo sicario del cártel del Golfo y estaban compuestos por antiguos miembros de las Fuerzas Armadas mexicanas. Eran particularmente salvajes y sádicos. Para acabar con ellos, el Cártel Jalisco Nueva Generación adopta sus mismas prácticas, tremendamente violentas“, explica.
Entre los ataques más sonados que el grupo criminal ha cometido bajo el mando de El Mencho destaca el derribo en 2015 de un helicóptero militar con un lanzacohetes, acto en el que murieron siete soldados que pretendían capturar precisamente al líder del cártel, o el atentado fallido contra el actual secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, en junio de 2020.
Un conflicto irresoluble
Claudia Sheinbaum centra ahora parte de su estrategia en la lucha contra el narcotráfico en debilitar sus sistemas de financiación, actualmente muy diversificados, tanto que para el lavado de dinero utilizan empresas y negocios como plantaciones de aguacates.
Acabar con esta lacra en su totalidad es altamente improbable porque es estructural y ha contaminado las instancias “sociales, políticas y policiales”, en palabras del profesor Javier Yagüe. “El propio Mencho era policía”, recuerda, antes de señalar las ramificaciones de los principales cárteles de la droga, de los que dependen “unas 150 organizaciones especializadas“.
En términos militares, Miguel Paradela insiste en diferenciar los casos de México y Colombia. El país norteamericano, al contrario de lo que le sucedió al sudamericano, “no se ve sobrepasado” en fuerzas y operaciones. “Los narcos mexicanos son mucho más fuertes que los narcos colombianos, y eso se debe en gran medida a que la cercanía a Estados Unidos les permite recibir armamento militar de primerísimo orden, pero en campo abierto no podrían contra el Ejército. El Estado mexicano es fuerte. Lo complicado es el poder que los narcos acumulan en ciertas zonas muy aisladas, como el Triángulo Dorado, donde es muy difícil acceder y la población es muy leal a estos grupos”, concluye el profesor.


