
“Necesitamos ir más rápido”. Ese aviso lo dio el presidente francés, Emmanuel Macron, este jueves en el retiro que reunió a los líderes de la UE en el castillo belga de Alden Bisen; una cumbre que demostró que la competitividad es una prioridad para el bloque, pero los gobiernos no entienden de la misma manera cómo alcanzarla: la Unión ha entrado en un círculo vicioso y los jefes de Estado y de Gobierno entienden que hay que tomar decisiones con rapidez: pero se dividen entre quienes ven esa velocidad a través de más integración y los que pretenden alcanzarla desde la desregulación normativa.
De un lado, España, Francia o Portugal, que, entre otros abogan por “más UE”, con eurobonos para inversiones clave, una Europa “a dos velocidades” que defiende Ursula von der Leyen en busca de acelerar la integración y un ‘remate’ al mercado único para que se complete. De otro, Alemania, Italia o Bélgica, que quieren ser más quirúrgicos, abogan por la ortodoxia y la simplificación legislativa y creen que no hay que invertir a lo grande, sino desde las decisiones más concretas que eviten un endeudamiento de la Unión que, dicen, luego no se pueda corregir. Estos tres últimos socios convocaron, de hecho, una precumbre con unos 20 países (sin Sánchez) para marcar posiciones.
En el cónclave actuaron como ‘capitanes’ tanto Mario Draghi como Enrico Letta, que fueron quienes, con sendos informes sobre competitividad y el mercado único, pusieron deberes a los líderes hace unos dos años. Pasar del papel a la realidad sigue siendo lo difícil y las hojas de ruta con acento italiano siguen ocupando conversaciones pero no tanto decisiones. El propio Draghi, según fuentes comunitarias, hizo un barrido de sus avisos ya conocidos y sumó las dos visiones, con la necesidad de reducir las barreras en el mercado único, la fragmentación de los mercados de valores y los esfuerzos por movilizar el ahorro europeo, el coste de la energía, la posibilidad de una preferencia europea específica en algunos sectores y, por último, en lo que respecta al proceso de toma de decisiones.
Ahí hizo hincapié en la posibilidad de reforzar la cooperación para avanzar más rápidamente en algunos de estos temas, si fuera necesario, tal y como se prevé en los Tratados. En rueda de prensa, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, reconoció que hay “unanimidad” a la hora de entender la “urgencia” que tiene ahora mismo tomar medidas para que la UE sea más competitiva, pero los modelos no son los mismos para los diferentes gobiernos. Ursula von der Leyen coincidió en que el 2026 tiene que ser el año de la competitividad para Europa, y en base a cinco claves: la simplificación, la defensa y profundización del mercado único, precios de la energía más bajos, la transformación digital y los acuerdos comerciales.
“La dirección está clara”, sentenció la dirigente alemana, que, además, anunció que para finales de marzo habrá un paquete de propuestas para reformar la formación de precios en el mercado eléctrico, para que el precio no lo marque la energía más cara, es decir, el gas.
“Necesitamos actuar con rapidez y tomar decisiones muy concretas”, expuso el propio Macron, quien aseguro que junio será el mes clave para que se vean esas medidas. “La prioridad es tener una respuesta a muy corto plazo, que consiste en implementar todo en lo que estemos de acuerdo“, añadió, consciente, dijo, de la presión a la que está sometido el bloque comunitario en estos momentos. “La fuerte competencia, a veces desleal, con una fuerte presión de China, con los aranceles impuestos por los estadounidenses y las amenazas de prácticas coercitivas exige una respuesta”, sentenció.
Será en junio precisamente cuando los líderes de los 27 vuelvan a sentarse para ver si la UE se vuelve más competitiva… o no. Macron identifica cuatro grandes áreas de acción: completar la unión del mercado de capitales, diversificar los acuerdos con terceros países, hacer inversiones comunes -a través de deuda conjunta a poder ser- en áreas estratégicas y dar la llamada “preferencia europea” a nivel industrial, y, por último, potenciar la colaboración público-privada para esas inversiones.
Y es que el ‘Made in Europe’ no es una etiqueta sin más para muchos líderes, sino una manera de posicionarse en el mundo. Ursula von der Leyen lo quiere así, pero ya ha avisado de que es “un terreno pantanoso” si no se hace desde la claridad. España sí está en ese equipo: Sánchez ha defendido tanto la producción europea, como la deuda conjunta para invertir en elementos y proyectos clave y también una visión de que la integración europea no tiene por qué ser siempre a 27. Mientras, el presidente del Gobierno no estuvo en la precumbre porque. Fuentes cercanas al Ejecutivo aseguraron que este tipo de formatos no sirven para encontrar soluciones, sino que las alejan; Macron, en cambio, sí disimuló y acudió al ‘aperitivo’.
En cambio, la Alta Representante, Kaja Kallas, tiene reservas sobre que Europa mire hacia dentro a nivel industrial. “Soy liberal, así que no creo en el proteccionismo, porque a largo plazo pienso que es mejor para nuestras empresas que puedan exportar libremente. Y si nos fortalecemos, entonces nuestros productos también serán competitivos y no necesitaremos proteccionismo”, sostuvo desde la cumbre. Destacó, asimismo, la fortaleza que ya tiene la Unión… sin inventos. “Debemos trabajar en nuestros procesos de simplificación, debemos trabajar en todo aquello que esté ayudando a nuestras empresas”, terminó.
“No hay tiempo”
Sobre la urgencia también habló la primera ministra italiana, Giorgia Meloni pero para ella el foco tiene que estar en la “desregulación” de la normativa europea. “No hay tiempo”, resaltó. “La UE debe elegir: si su estrategia es abrirse a los acuerdos de libre comercio, en lo que yo estoy de acuerdo, también entonces debe saber que no puede regular en exceso; por eso necesita simplificar“, esgrimió, y reconoció que el tema de los eurobonos, por su parte, “es uno de los más divisivos” para Europa.
Merz no quiso profundizar demasiado y reclamó actuaciones rápidas a la UE, igual que Macron, pero sin entrar en una dinámica alocada. Además, quiso cerrar filas con Francia pese a las diferencias. “Me alegra que Emmanuel Macron y yo estemos de acuerdo, como casi siempre, en estas cuestiones. Confío en que demos un paso adelante, sin tomar decisiones todavía, pero preparando las decisiones que se adoptarán dentro de cuatro semanas, cuando nos reunamos para el próximo Consejo Europeo ordinario en Bruselas”, recordó.
Al mismo tiempo, adviritó de que la diversificación comercial tiene algunos riesgos, sobre todo si implica, sostuvo, firmar acuerdos con otros países que “ni siquiera se acercan a los estándares que imponemos a nuestros productores”, alertó. Para ella, la fórmula está clara: “Por un lado necesitamos simplificar, necesitamos desregular, y por otro, esto obviamente hace que la apertura a otros mercados sea algo positivo”.
El verso más suelto, eso sí, volvió a ser el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que en Alden Biesen reclamó que se cortase la ayuda europea a Ucrania para destinar ese dinero a competitividad. “No se manda el dinero a otro cuando tú lo necesitas para competitividad”, comentó. “Lo primero es parar la guerra. La guerra es mala para los negocios. Hay que buscar la paz”, añadió al respecto. Solo así, dijo, se abordaría la gran prioridad que debería tener la Unión, que es “reducir el precio de la energía”.
Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, explicó que Europa tiene “una oportunidad” para actuar. “Así como actuamos en materia de salud durante la pandemia y en defensa después de Ucrania, ahora debemos actuar en materia de competitividad“, comentó, y dejó claras las prioridades desde el punto de vista de la Eurcámara: completar el mercado único, la unión de ahorro e inversiones, fortalecer la autonomía estratégica y lanzar “una ambiciosa agenda”, dijo, de comercio “libre y justo”.


