
Pakistán y Afganistán vuelven a estar en guerra. El gobierno pakistaní asegura haber entrado en una “guerra abierta” con su país vecino. La escalada bélica, que supera ya los 200 muertos, se ha convertido en el incidente más grave entre ambos países desde el regreso de los talibanes al gobierno afgano en 2021.
Con y sin talibanes, la Línea Durand, la frontera de 2.640 kilómetros que separa Afganistán y Pakistán a través de montañas y desiertos, ha sido escenario de escaramuzas armadas y tiroteos ocasionales desde 1949. El conflicto es territorial (ahora no sólo eso) y se remonta al proceso descolonizador llevado a cabo por Reino Unido.
La Línea Durand se trazó en 1893, cuando ese territorio formaba parte de la India británica. Fue de la mano de Mortimer Durand, funcionario del Imperio Británico tras un acuerdo de Londres con el emir afgano Abdur Rahman Khan. La frontera dividía tierras de pastunes y baluches.
Durand y Khan acordaron no ejercer interferencia política más allá de la línea fronteriza entre lo que entonces era el Emirato de Afganistán y lo que también era entonces el Imperio Británico de la India. Pakistán no existía; no lo hizo hasta 1947.
El fiasco de la descolonización
La Línea Durand fue reafirmada en 1919 tras la independencia afgana. Cuando Pakistán se constituyó en nación, heredó el acuerdo fronterizo. Pero Afganistán ha cuestionado históricamente la legitimidad del acuerdo fronterizo, con el argumento de que fue impuesto por presión colonial.
De hecho, Kabul ha intentado varias veces apoderarse de las provincias occidentales de Baluchistán y Khyber Pakhtunkhwa, en Pakistán. Ya en 1949, la Fuerza Aérea pakistaní bombardeó los campamentos militantes patrocinados por los afganos en zonas fronterizas. Aunque a pequeña escala, en 1950 hubo una invasión afgana de Pakistán.
En 1979, la guerra afgana-soviética llevó a millones de afganos a refugiarse en el interior de Pakistán. Tras la retirada de la Unión Soviética, en 1996 el movimiento talibán tomó el poder en Kabul e instauró un Gobierno basado en la Sharia. En 2001 fueron derrocados por una coalición comandada por Estados Unidos.
La insurgencia talibán se reinició en 2004. Las escaramuzas en la frontera entre Afganistán y Pakistán se intensificaron. Hubo al menos 35 incidentes armados entre 2007 y 2021. Ese año, el 15 de agosto, los talibanes tomaron Kabul tras la retirada de las tropas de la OTAN.
El triunfo de los talibanes en Afganistán
En la Linea Durand no cambió nada. De hecho, el Afganistán liderado por los talibanes ha estado cada vez más involucrado en conflictos fronterizos con Pakistán. Se registraron enfrentamientos armados de mayor o menor intensidad entre ambas partes en 2021 (3), 2022 (7), 2023 (1), 2024 (7) y 2025 (7).
Desde la victoria de los talibanes, después de la caótica retirada de EEUU y su regreso al poder en Kabul, Pakistán se ha enfrentado a un aumento en la violencia islamista. Islamabad culpa a los militantes talibanes pakistaníes de gran parte de esa violencia, y acusa a Kabul de darles refugio en su territorio. Los afganos lo niegan.
Los TTP (The Pakistan Taliban) nacieron como organización en 2007, cuando se unieron varios grupos armados activos en el noroeste de Pakistán, detalla Al Jazeera. Los talibanes pakistanís han luchado junto a los afganos contra las fuerzas lideradas por EEUU en Afganistán y han acogido a combatientes afganos en Pakistán.
Son distintos de los talibanes en Afganistán, pero los TTP comparten profundos vínculos ideológicos, sociales y lingüísticos. El grupo ha perpetrado ataques contra mercados, mezquitas, aeropuertos, bases militares y comisarías.
A principios de octubre del año pasado, Pakistán bombardeó Kabul en un intento de acabar con los líderes de los talibán pakistanís, que se refugian en el país vecino. Afganistán respondió. Fue el conflicto más mortífero en años entre las partes.
En todo 2025, más de 1.200 personas, entre militares y civiles, murieron en ataques en todo el país, según datos compartidos con CNN por el ejército paquistaní. El enfrentamiento de octubre en la frontera acabó ese mismo mes tras un alto el fuego que ahora se ha demostrado frágil.
Llegamos así al último capítulo de esta larga disputa. La pasada semana, Pakistán bombardeó campamentos de militantes talibanes pakistanís en Afganistán, dejando al menos 18 muertos. El jueves por la noche, el ejército de los talibanes respondió atacando posiciones paquistaníes a lo largo de algunas secciones de la frontera. En respuesta, este viernes Pakistán lanzó Ghazab Lil Haqq (Operación de la Furia Justa).
“Nuestra paciencia se ha agotado. Ahora es una guerra abierta entre nosotros y ellos”, ha escrito en X el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif.
Dos contendientes y una bomba nuclear
Hay una acusada diferencia entre los ejércitos paquistaní y afgano. Los militares siguen siendo la institución más poderosa de Pakistán, habiendo solidificado su dominio a lo largo de la historia del país con golpes de estado y enmiendas constitucionales.
Pakistán posee un sofisticado aparato de defensa que comprende un ejército, la marina, la fuerza aérea y el cuerpo de marines. Suman aproximadamente 660.000 soldados en servicio activo, reforzados por unidades de policía paramilitar y militar que ascienden a casi 300.000 efectivos, según datos del ‘Balance Militar 2025’, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
Su moderno arsenal incluye aviones de combate F-16 de fabricación estadounidense, aviones Mirage franceses y el JF-17, producido conjuntamente con China, el principal socio de defensa de Islamabad. Y la bomba atómica. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), Pakistán posee en unas 170 ojivas nucleares. Dado que sigue acumulando material fisible, su arsenal nuclear podría ampliarse en la próxima década.
En contraste, Afganistán posee muy pocos medios, pero una fuerza singular y unificada. Son los talibanes, se estima que algo menos de 200.000 efectivos. Pero ese ejército carece de una fuerza aérea funcional, confiando en un puñado de antiguos helicópteros de ataque de la era soviética y aviones de transporte abandonados durante la retirada de Estados Unidos, así como en drones quadcopter.
Si bien carecen del armamento pesado de su vecino pakistaní, sus tácticas de guerrilla son una característica definitoria de su identidad militar. Todo ello está endurecido por su rigidez ideológica, fervor religioso y décadas de guerra asimétrica.


