
La Unión Europea quiere liderar la transición energética y las políticas verdes, pero para eso necesita materias raras y el tiempo y la globalización corren en su contra. Tanto, que empieza a tener muchos problemas. El bloque comunitario tiene dificultades para garantizar el suministro de las materias primas que necesita para lograr sus objetivos energéticos y climáticos. Esta es la conclusión de un nuevo informe especial del Tribunal de Cuentas Europeo publicado este lunes en el que, además, el organismo avisa de que tal cual están las cosas ahora mismo los objetivos climáticos que se ha marcado la UE para el año 2030 “se antojan inalcanzables”.
Una de las conclusiones es que la acción de la Unión tiene muchas palabras pero pocas acciones. No hay resultados tangibles, avisa el Tribunal; los cuellos de botella dificultan la producción interna, y el reciclado se encuentra todavía en una fase incipiente. En este contexto, es probable que muchos de los proyectos apoyados por la UE no obtengan resultados a tiempo, según los auditores. A eso hay que sumar que la transición de la UE a las energías renovables depende en gran medida de equipamiento técnico (baterías, aerogeneradores y paneles solares) que requiere materias primas fundamentales como litio, níquel, cobalto, cobre y tierras raras. Todas ellas, en general, se concentran en uno o varios países terceros, como China, Turquía y Chile.
Ya el pasado mes de marzo, Bruselas presentó un plan estratégico para la reapertura o la nueva explotación de minas de este tipo de materiales clave en varios países del bloque, incluido España. Una investigación que solicitó la propia Comisión sobre la presencia de tierras raras en Europa, Turquía y Groenlandia analizó la existencia de 76 depósitos y yacimientos. Pero lo que es más importante: a nivel nacional el documento identifica al menos cuatro áreas con presencia de tierras raras, que son una parte de esos minerales críticos. Son Campo de Montiel (Ciudad Real), donde habría yacimientos de monacita con neodimio, lantano y cerio; la sierra de Galiñeiro (Pontevedra), la Rambla de las Granatillas (Almería) y el complejo basal de Fuerteventura (Las Palmas).
También se habla de la presencia de proporciones significativas de lantano y cerio en Domo del Tormes (frontera entre Salamanca y Zamora) y en tres depósitos submarinos estudiados por el Instituto Geológico y Minero de España en el golfo de Cádiz, el banco de Galicia y el monte submarino Tropic en Canarias. El cerio se emplea para pulir instrumentos de vidrio como cámaras, lentes y otros detalles de los instrumentos óptimos; el lantano se agrega al acero para mejorar su ductilidad, maleabilidad y resistencia a los impactos; mientras que el neodinio se utiliza para hacer imanes que hacen funcionar los motores de los vehículos eléctricos.
Un reglamento específico… y estratégico
En ese escenario, y como parte de una batalla estratégica, la UE adoptó su Reglamento de Materias Primas Fundamentales en 2024 con el propósito de garantizar un suministro seguro a largo plazo de veintiséis minerales considerados fundamentales, pero eso es solo el primer paso. De hecho, vale un ejemplo práctico para recordar la importancia de los materiales raros: Groenlandia. No se trata de una cuestión climática o energética solamente, sino también geopolítica. Se estima que la isla más grande del mundo posee más de 36 millones de toneladas de tierras raras, usadas en móviles, coches eléctricos y aerogeneradores, además de grandes reservas de grafito, clave para las baterías, y metales como zinc y plomo, con yacimientos como Citronen que podría producir más de 200.000 toneladas al año. También hay oro, con minas como Nalunaq, y hierro de alta calidad, aunque sin actividad actual. No obstante, el clima extremo, la falta de carreteras y los altos costes hacen que la minería sea difícil y cara.
“Sin materias primas fundamentales no habrá transición energética ni competitividad ni autonomía estratégica. Desafortunadamente, hoy tenemos una peligrosa dependencia de unos cuantos países terceros para el suministro de estas materias primas”, explica Keit Pentus-Rosimannus, Miembro del Tribunal responsable de la auditoría. “Por consiguiente, es vital para la UE redoblar esfuerzos y reducir su vulnerabilidad en este ámbito”, añade.
El Tribunal de Cuentas Europeo resume que “garantizar el suministro será posible mediante la diversificación de las importaciones, el aumento de la capacidad de producción interna y el reciclado”. El Reglamento de Materias Primas Fundamentales solo establece objetivos no vinculantes para 2030, que a su vez afectan únicamente a un reducido número de materias primas, consideradas “estratégicas” por su gran importancia económica y los riesgos asociados a su suministro, matiza el organismo. De hecho, afea a la UE que tampoco está claro cómo se determinaron los niveles que debían alcanzarse de aquí a 2030. Además, todavía falta mucho para cumplir los objetivos, en opinión de los auditores, y la UE tendrá dificultades “para garantizar el suministro de las materias primas estratégicas que necesita para el final de la década”, concluye el informe.
Sin materias primas fundamentales no habrá transición energética ni competitividad ni autonomía estratégica
Con el Reglamento de Materias Primas Fundamentales, la UE ha tratado de reducir su dependencia de un número reducido de países. Sin embargo, los esfuerzos por diversificar las importaciones aún no han logrado resultados tangibles, a juicio de los auditores. Por ejemplo, en los últimos cinco años, la UE ha suscrito catorce asociaciones estratégicas sobre materias primas, siete de ellas en países con bajas puntuaciones en materia de gobernanza. “Entre 2020 y 2024, las importaciones de estos países socios disminuyeron para aproximadamente la mitad de las materias primas examinadas“, añaden.
Por otro lado, algunas acciones de la UE están en punto muerto, como las negociaciones con los Estados Unidos, que se paralizaron en 2024, y otras aún no se han concretado, como el Acuerdo UE-Mercosur con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (países ricos en materias primas fundamentales) que todavía no ha sido ratificado plenamente, que el Parlamento Europeo ha acordado llevar al TJUE y que está a la espera de si puede entrar en vigor de manera provisional -competencia de la Comisión Europea- en el momento en el que uno de los países del Mercosur lo ratifique.
El Reglamento de Materias Primas Fundamentales también prevé que al menos el 25% de las materias primas estratégicas de la UE deberán proceder de fuentes recicladas de aquí a 2030. Pero las perspectivas son desalentadoras: “En la situación actual, siete de veintiséis materias primas necesarias para la transición energética tienen tasas de reciclado comprendidas entre el 1% y el 5%, y otras diez no se reciclan en absoluto. Además, la mayoría de los objetivos de reciclado de la UE no corresponden específicamente a una materia prima, por lo que no incentivan el reciclado de materias primas individuales, especialmente las más difíciles de recuperar, como las tierras raras de los motores eléctricos o el paladio de sistemas electrónicos”.
Al mismo tiempo, recuerda el Tribunal de Cuentes Europeo, “tampoco fomentan el uso de materiales reciclados”. Los auditores señalan que los recicladores europeos acusan el impacto de los elevados precios de procesamiento, las escasas cantidades disponibles, y las barreras tecnológicas y reglamentarias que frenan su competitividad.
La UE tiene también el propósito de fomentar la extracción interna de materias primas estratégicas para cubrir el 10% de su consumo. Pero, objetivamente, “las actividades de exploración están poco desarrolladas. Y aunque se encuentren nuevos yacimientos, pueden transcurrir hasta veinte años para que un proyecto minero de la UE sea operativo. Debido a ello, cuesta concebir cualquier contribución concreta antes de que venza el plazo de 2030”, sentencia el Tribunal en el documento.
Las instalaciones de procesamiento (con las que la UE pretende alcanzar el 40% de su consumo de aquí a 2030) están cerrando, debido en parte a los elevados costes de la energía, que pueden afectar gravemente a la competitividad. “Es posible que la UE haya caído en un círculo vicioso“, advierten los auditores, en el que la falta de suministro frena el desarrollo de los proyectos de procesamiento, lo que a su vez reduce el impulso para garantizar el suministro.


