#Mundo:La impotencia individual | Opinión de Mariano Gistaín #FVDigital

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La impotencia individual es inmensa. Parece que se acaba la época, ya larga, del hedonismo y el santo ego. Se acaba por falta de recursos: compartir piso no favorece al individualismo.

La época se corresponde con el clímax del capitalismo financiero, ese lío al que llamamos neoliberalismo. La semana que viene llega a España el jefe del fondo de inversiones Blackrock, que equivale, en su ámbito, a la visita del Papa, que vendrá en junio, cuando el eclipse.

De momento no hay burbujas ni cracks, aunque va todo mucho más rápido que en 2008, así que no se pierde la esperanza. En 2008 no había 5G.

Que el individualismo hedonista se corresponda con el neolib no quiere decir que sea causa efecto, puede ser que los dos fenómenos hayan coincidido, que se influyan, sin más.

Es verdad que el neolib intenta vender todo a todas horas, una venta tras otra… hasta el infinito y más allá. Y que se beneficia de la atomización y de la competencia individual.

Lo que parece evidente es que el ego, siendo necesario para sobrevivir, y más ahora, está mal visto precisamente cuando la precariedad lo limita y lo confina en el gimnasio. Es la época de la impotencia individual, también agobiada por las atroces guerras del mundo.

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Por un lado dicen los expertos que la globalización flojea, que decae (por la geopolítica, entre otras cosas) y por otro lado la sentimos más encima que nunca. No es la globalización apacible (que tampoco era tan apacible), comercial. Esta globalización es de guerras y de imperios, que siempre ha estado ahí pero que ahora es más intensa… y sus efectos más temibles. Y más inmediatos. Lo que tarda en subir la gasolina, si se descuidan la suben antes del ataque a Irán.

Los tenemos encima todo el día. En los precios, en los miedos (quizá es lo mismo), en los poderes más o menos oscuros que nos zarandean… al menos Trump ganó unas elecciones, y está todo el día emitiendo. Pero hay otros entes muy poderosos y bastante opacos que van a la suya… y sus decisiones se capilarizan en despidos (Meta anuncia 20.000), o en el terror de los alquileres…

La alternativa obvia ante esta impotencia es juntarse, asociarse, reunirse, compartir… pero no hay tradición, el culto a la individualidad, sea nativo o inducido, nos ha desarmado. No recordamos cómo se llamaban los hijos de las amigas. ¡Ni los nuestros!

A la fuerza, aprisa y corriendo, urge rehacer los puentes, las últimas defensas ante la sucesión de nuevos cataclismos, amenazas y barbarie. Además, las amenazas, en esta temporada, vienen de los amigos. Este contexto brutal aflige aún más al individuo con los auriculares en su potro de tortura del gimnasio y las guerras y masacres se cuelan en las cabezas de los niños. Mejor volver a juntarnos, así si en algún momento hay que recurrir al refugio, ya estaremos entrenados.



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