#Mundo:La guerra entre Pakistán y Afganistán: un polvorín de intereses ocultos para EEUU, Rusia, China, Irán… #FVDigital

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La “guerra abierta” entre Pakistán y Afganistán culmina una escalada de tensión en la complicada frontera entre ambos países y amenaza con convertirse en un nuevo y enraizado conflicto en Oriente Medio entre el régimen talibán, apoyado por insurgentes, y un país que cuenta con armamento nuclear. Muchos países siguen de cerca las hostilidades entre Kabul e Islamabad ante la posibilidad de que las diferentes aristas del conflicto puedan repercutirles o beneficiarles de una u otra forma.

Tres vecinos de ambos países vigilan con especial atención el intercambio de golpes entre Pakistán y Afganistán ante potenciales beneficios, pero especialmente graves amenazas. Mientras, otras dos superpotencias vigilan lo que consideran una amenaza a la estabilidad de la región, aunque priorizando a sus propios aliados.

EEUU teme la desestabilización de Oriente Medio

Para Estados Unidos, Afganistán supone un quebradero de cabeza desde su apresurada retirada del país, en 2021, tras más de 20 años de intervención occidental. El orden que Washington había impulsado en Kabul se desmoronó en pocas semanas de ofensiva talibán, que tras tomar de nuevo el control del país, recuperó gran parte del armamento abandonado por los norteamericanos. Un armamento que, de hecho, han utilizado en su contraataque contra Pakistán este mismo viernes.

Por lo tanto, para Estados Unidos y sus intereses en la región, es prioritario que Afganistán no se convierta nuevamente en un refugio de grupos yihadistas que, como en su día hizo Al Qaeda, orqueste ataques internacionales contra Washington y sus aliados. Además, Pakistán es un aliado clave para la Casa Blanca en una región en la que los estadounidenses mantienen una escalada de tensión con Irán, por lo que su principal interés se centra en mantener cierta estabilidad en la zona.

Rusia, atenta a la inestabilidad en su área de influencia

El principal interés de Rusia en la estabilidad entre Pakistán y Afganistán se centra en la seguridad. Un nuevo conflicto que aliente el islamismo radical en su esfera de influencia, como Turkmenistán y Uzbekistán (y en las proximidades de las fronteras rusas), es visto por Moscú como una amenaza, especialmente cuando su Ejército mantiene el foco en la invasión de Ucrania.

El Kremlin mantiene relaciones con el régimen talibán, dado que la estabilidad en Afganistán es un interés de seguridad nacional, no solo por prevenir el flujo de grupos extremistas, sino también el tráfico de drogas hacia su frontera sur. Con Pakistán, las relaciones son más tensas dada la cercanía histórica entre Islamabad y Washington, aunque han cooperado en política antiterrorista.

El Ministerio de Exteriores de Rusia ha mostrado su “preocupación” por “el drástico repunte de los enfrentamientos armados” entre ambos países, que “implican unidades regulares del Ejército, capacidades aéreas y armamento pesado”, causando “víctimas en ambas partes, incluidos civiles”. “Pedimos a nuestros países amigos, Afganistán y Pakistán, que abandonen esta peligrosa confrontación y vuelvan a la mesa de negociaciones para resolver todas las diferencias a través de medios políticos y militares”, ha destacado la cartera rusa a través de un breve comunicado.

China prioriza sus lazos económicos

Para China, el interés en lo que suceda entre Pakistán y Afganistán tiene dos ejes. El primero de ellos, económico: Pekín e Islamabad mantienen una excelente relación económica materializada en un corredor económico, a través del cual China tiene acceso al mar Arábigo a través del puerto de Gwadar, y que genera un fluido intercambio comercial entre ambos países. Pekín ve cualquier amenaza a la estabilidad de Pakistán como una amenaza a sus inversiones. Además, Pakistán supone para China un contrapeso a la influencia india en Asia, lo que beneficia su predominio en el continente.

Además, China comparte frontera con Afganistán en la región más occidental del país, Xinjiang. En esa provincia, el islam es la religión predominante, y su proximidad con grupos insurgentes afganos ha hecho que pequeñas células terroristas germinen en territorio chino. Pekín sostiene que estos grupos buscan impulsar la independencia de la región bajo el nombre de “Turquestán Oriental”, y la prevención de atentados en una zona rica en valiosos recursos como cobre, litio y tierras raras, es una prioridad para el Gobierno chino.

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La reacción oficial de China ha llegado a través de la portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Mao Ning, que ha recalcado en rueda de prensa que Pekín “sigue de cerca la situación”. “Pakistán y Afganistán son vecinos cercanos y ambos son vecinos de China. Como vecino y amigo, China está profundamente preocupada por la intensificación del conflicto y profundamente triste por las víctimas causadas por el mismo”, ha señalado. La prioridad de Pekín, por tanto, es la estabilidad de ambos actores para favorecer su comercio y evitar la entrada en el país de grupos insurgentes.

Irán teme ataques a sus minorías en Afganistán

Irán se mantiene atento a lo que ocurre en su frontera oriental con ambos países en base a un interés en el que confluyen varios aspectos: la seguridad de sus fronteras pakistaní y afgana, pero también la protección de las minorías chiíes presentes en territorio afgano. Actualmente, el régimen chií de Teherán mantiene una relación pragmática, aunque distante, con los talibanes suníes. Sin embargo, son enemigos doctrinales e ideológicos, por lo que la protección chií a la represión de Kabul es uno de los grandes intereses persas en el conflicto con Pakistán.

Una pérdida de poder, influencia o efectivos de las milicias talibanes sería vista con buenos ojos por Teherán. Sin embargo, Irán y Pakistán tampoco mantienen buenas relaciones, marcadas por tensiones entre milicias y tropas en la zona del Baluchistán. En cualquier caso, la estabilidad en sus fronteras y la protección de las minorías chíies son la prioridad para Irán.

El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, ha pedido a ambos países que “resuelvan sus diferencias en el marco de la buena vecindad y a través del diálogo”, en un mensaje en redes sociales en el que ha recordado que es “el mes sagrado del Ramadán, el mes de la contención y el refuerzo de la solidaridad en el mundo islámico”.

La India y Pakistán, los grandes enemigos de la región

Otro país vecino con intereses en el conflicto es la India: para Nueva Delhi, la estabilidad de Afganistán es clave para evitar el surgimiento de amenazas terroristas al norte de sus fronteras, especialmente en la separatista Cachemira, cuyo control disputan precisamente con Pakistán. Por ello, y pese a que no reconoce formalmente al gobierno talibán, la India considera un ejecutivo estable en el país como una necesidad estratégica.

Sin embargo, Pakistán, con quien la India comparte frontera, es el gran enemigo del país en el plano geopolítico, especialmente en lo referente a las regiones norteñas de Jammu y Cachemira. Nueva Delhi acusa a Islamabad de agitar la violencia religiosa y de apoyar grupos insurgentes en la zona para cometer atentados terroristas contra objetivos indios, mientras que Pakistán acusa a la India de reprimir a los musulmanes —especialmente en la zona norte del país— y de instigar movimientos separatistas en el sur pakistaní —en la propia Baluchistán—.

La enemistad entre ambos países —en la que, además, hay una variable nuclear al disponer ambos países de armamento atómico— hace que para Nueva Delhi, pese a no tener interés en la inestabilidad de la región, sea positiva una situación que desgaste y repercuta en una pérdida de capacidad e influencia a Pakistán.

El Gobierno indio, de hecho, ha condenado duramente los bombardeos pakistaníes, calificándolos como un intento de Islamabad de desviar la atención de sus propias crisis domésticas y reiterando su respaldo a la soberanía de Afganistán.



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