Donald Trump lo repitió este miércoles: quiere que Groenlandia pase a formar parte de Estados Unidos. “Odio decirlo, pero tenemos que tener Groenlandia“, dijo el presidente durante una entrevista en el podcast de Vince Coglianese. Lo dijo a pocas horas de que su vicepresidente, JD Vance, pise suelo groenlandés este viernes.
“Necesitamos a Groenlandia para la seguridad y la protección internacionales. Lo necesitamos”, dijo Trump en esa declaración. “Vamos a tener que convencerles”, añadió en sus respuestas. ¿Para eso viaja Vance hasta Groenlandia, para convencer a sus habitantes, en un 88% inuits, de que lo mejor para ellos es ser parte de los EEUU? ¿A convencerlos o a presionarlos?
Esto último es lo que sienten los groenlandeses y también las autoridades danesas. Unos y otros llevan días rechazando la controvertida visita de la delegación estadounidense, que han calificado de “ofensa”. Recordemos que Groenlandia es un territorio semiautónomo dentro del reino de Dinamarca, pero su política exterior y de seguridad está dirigida desde Copenhague.
Con más o menos diplomacia
Es verdad que la Casa Blanca ha rebajado algo la tensión al acotar la visita de Vance a su base militar de Pituffik (que existe desde 1949) y suspender los eventos sociales. “Harán una visita a su propia base, Pituffik, y contra eso no tenemos nada”, dijeron en la isla.
Pero las últimas declaraciones de Trump han vuelto a dejar las cosas como estaban desde el 20 de enero (el día que tomó posesión como presidente de EEUU): muy tensas. Con más o menos diplomacia, con más o menos visitas, la intención de la nueva administración de EEUU es anexionarse Groenlandia (con sus riquezas minerales y con su estratégica posición geográfica).
Hace unos días, cuando se confirmó la visita estadounidense, el presidente en funciones de Groenlandia, Múte B. Egede, pidió un apoyo internacional claro frente al comportamiento “agresivo” de los EEUU de Trump. “Que nuestros otros aliados se escondan en una esquina y casi susurren no tiene ningún efecto, y si no condenan claramente cómo Estados Unidos trata a Groenlandia, la situación escalará cada día y la agresión estadounidense aumentará”, dijo Egede al diario groenlandés Sermitsiaq.
¿Bienvenido Mr. Marshall?

¿Hay miedo en Groenlandia? Podría pensarse que muchos de sus habitantes ven con buenos ojos la hipotética llegada de los americanos porque no están precisamente contentos con Dinamarca (siempre se han sentido menopreciados y hasta discriminados). Pero el resultado de las elecciones de marzo no hace pensar que los inuit estén deseando dar la bienvenida a Trump o al menos no con los brazos abiertos.
Los independentistas moderados del partido Demokraatit ganaron con un 29% de los votos. Su líder, Jens-Frederik Nielsen, criticó en campaña la “falta de respeto” de Trump hacia Groenlandia, aunque tras la victoria abogó por una línea “tranquila” hacia EEUU y por “construir una base” antes de hablar de crear un Estado independiente.
Es la primera vez, desde que Groenlandia aprobó su Estatuto de Autonomía en 1979, que el ganador de las elecciones no es ni el Siumut ni el IA, las dos únicas fuerzas políticas (independentistas moderados y de carácter socialdemócrata) que han liderado los gobiernos hasta ahora. El segundo puesto de los comicios fue para el centrista Naleraq (24,5%), que aboga por una separación rápida de Dinamarca, con un tratado de libre asociación con EEUU a cambio de apoyo económico y seguridad. Sí, es el partido más favorable a Trump.
A la vista del resultado parece claro que Groenlandia quiere seguir siendo independiente (sin prisa pero sin pausa). Los inuit no desean pasar de las manos de un propietario (Dinamarca) a otro (EEUU).
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Alerta en Copenhague
En Copenhague la preocupación es máxima. Ahora que el deshielo causado por el cambio climático va a hacer más fácil llegar al tesoro mineral que esconde Groenlandia, resulta que EEUU, el otrora amigo de Europa, quiere quedarse con la isla.
El martes pasado, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, acusó a la Casa Blanca de ejercer una “presión inaceptable” sobre Groenlandia y Dinamarca. Pero añadió: “Es una presión que resistiremos”. Su ministro de Exteriores, Lars Lokke Rasmussen, ha advertido de que la anexió implicaría una violación del Derecho Internacional.
Este jueves, los ministros del Gobierno danés condenaron lo que calificaron de escalada retórica de Trump y elogiaron a los habitantes de Groenlandia por su resistencia ante la presión estadounidense. “Estas declaraciones tan contundentes sobre un aliado cercano no le sientan bien al presidente de Estados Unidos… Tengo que hablar claramente en contra de lo que veo como una escalada por parte estadounidense”, dijo el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen. “Esta retórica endurecida es descabellada en todos los sentidos”, añadió.
¿Tiene Trump un socio en Groenlandia?
Y mientras, en Groenlandia se oye decir: “Hemos perdido la oportunidad de tener una relación normal con EEUU en el futuro, pero por supuesto espero equivocarme”. Son palabras del que parece ser el líder político groenlandés más proclive a entenderse con EEUU, Pele Broberg, líder de Naleraq.

Esta formación centrista (segunda más votada en las elecciones) se convirtió este lunes en el primer partido en abandonar las negociaciones para formar un gobierno de coalición. Broberg acusó a los medios de comunicación daneses de suscitar temores de “anexión”.
Curiosamente, en esto el líder de Naleraq está de acuerdo con Drew Horn, un inversor en minerales groenlandeses que anteriormente trabajó en varios puestos en la primera administración Trump, informa The Guardian. Según él, las intenciones del Gobierno estadounidense con el viaje de Vance “han sido manipuladas y tergiversadas con un montón de ruido procedente de Dinamarca”.
¿Amabilidad o amenaza?
Director ejecutivo de la empresa de inversión en minerales GreenMet, con sede en Washington DC, asegura que “la intención es demostrar amabilidad y compromiso para apoyar la seguridad de Groenlandia”. Según Horn, la visita “no es una amenaza, no es una demostración de fuerza, no pretende influir ni interferir en el nuevo gobierno”.
¿Amabilidad? Trump dijo que la delegación estadounidense fue invitada por “funcionarios” groenlandeses, pero el gobierno de la isla ha aclarado que no había cursado ninguna invitación para visitas, “ni oficiales ni privadas”. Por eso, Ege, presidente en funciones de Groenlandia, ha acusado a Washington de “injerencia extranjera”.
Cuentan que la palabra que más sale de boca de los inuit de Groenlandia es immaqua. Significa “puede ser” o “quizás” y si la usan tanto es porque en esta isla todo depende del estado del hielo y del tiempo. Allí no se puede hacer planes sin contar con el hielo. Pero Trump está acostumbrado a conseguir todo lo que se propone y más que a negociar a imponerse. El presidente de EEUU piensa en anexionarse Groenlandia y no admite un immaqua por respuesta.