#Mundo:Hasta la luna | La opinión de Espido Freire #FVDigital

0
15



Nos hemos ido (otra vez) hasta la luna para sacar la más espectacular foto de la Tierra. Esa misma Tierra golpeada, perforada, quemada, arrasada, la misma que nos hemos encargado de expoliar tanto que no está de más que echemos una ojeada al satélite por si allí podemos hacer lo mismo, si encontramos algo parecido; en la distancia las nubes y los océanos ocultan el caos y las ciudades y devuelven la misma imagen de ensueño que hace décadas, un planeta de temblorosa belleza azul, del que nos sentimos orgullosos, como de un galgo que caza bien y que aguantemos, quizás, otra temporada.

Miramos hacia el cielo pero, en realidad, queremos vernos a nosotros, de la misma manera en la que viajamos para, a nuestro regreso, constatar lo bien que se come, lo bien que se vive, lo barato que es tomarse un café en casa. El viaje se constituye como el descubrimiento de uno mismo porque no tenemos el menor interés en descubrir a los demás, qué son ni qué piensan, si no podemos arrancarles algo: como mucho queremos contarles nuestra historia, nuestros logros, comparar lo que hacen con lo que nosotros hemos logrado.

Te podría interesar:

El Artemis II ha pasado más de 6 horas en la cara oculta de la luna, y los astronautas se han desconectado durante 40 minutos; media hora larga pasa volando si se tiene algo que hacer. Seguro que Glover, Hansen, Wisemen y Koch estuvieron muy atareados: en una casa, que no es sino un cohete fijo, por pequeña que sea, siempre hay algo pendiente, cráteres que esperan un nombre, análisis geológicos, mediciones, comprobaciones de radiofrecuencias. Bromearían, quizás, sobre convertirse en Mayor Tom, mientras flotaban de la manera más peculiar, o no: algunos de ellos son demasiado jóvenes como para conocer a Bowie. Somos nosotros, los que estamos aquí atados, los que fantaseamos con huir lejos, mientras ellos nos miran desde lo alto, admiran la belleza de este mundo en perpetua confusión y suspiran.



Source link