#Mundo:El terremoto en Birmania deja más de 2.000 muertos y hospitales desbordados mientras continúa la guerra civil

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El caos continúa reinando en Myanmar (Birmania) tras el terremoto de magnitud 7,7 que azotó el pasado viernes al sudeste asiático. La junta militar ha cifrado en más de 2.000 el número de muertos y en cerca de 4.000 los heridos, mientras que los servicios de emergencias siguen trabajando a contrarreloj para localizar a los desaparecidos, que se estiman en cerca de 270. La ONU ha afirmado este lunes que la magnitud del desastre es “incierta”, que los hospitales están “desbordados” y que la incomunicación es un obstáculo para la entrega de ayuda humanitaria. A estos problemas se suma que el país sigue inmerso en una guerra civil.

Entre las víctimas del terremoto se encuentran tres ciudadanos chinos y dos franceses, según han confirmado la agencia china de noticias Xinhua y el Ministerio de Exteriores francés. Además, al menos 17 personas han muerto en Tailandia tras el colapso de un edificio ubicado en Bangkok que se encontraba en construcción. Según el diario tailandés, The Nation, los servicios de rescate todavía no han encontrado supervivientes entre los escombros de dicha infraestructura y continúan buscando a los cerca de 80 desaparecidos.

La buena noticia del día ha sido que los equipos de emergencia enviados por China han rescatado a tres personas con vida en Mandalay —la segunda mayor ciudad de Myanmar y una de las más afectadas por el terremoto— entre los escombros del Sky Apartment y el Great Wall Hotel. Los rescatados son una mujer de 29 años, una embarazada y un niño de cinco años, según ha informado la Embajada china. La institución ha recalcado que los rescates se han producido tras “una noche en vela de lucha continua” y han precisado que todos han sido trasladados a un hospital “para recibir tratamiento”.

Sin embargo, a pesar de que el hallazgo de supervivientes puede llegar a dar esperanza a las familias que todavía buscan a sus seres queridos, la realidad es que el tiempo se agota. Además, los rescatistas y el personal humanitario se están enfrentando a numerosos obstáculos para llegar a las zonas más afectadas. Entre ellos destacan los problemas de logística, ya que al menos tres puentes colapsaron y decenas de carreteras quedaron intransitables como consecuencia del seísmo. Además, dos aeropuertos —entre ellos el de la capital, Naipyidó— han cerrado sus operaciones comerciales y solo pueden aterrizar en sus pistas aviones que tengan la autorización expresa de la junta militar.

En este sentido, la ONU ha afirmado que la magnitud del desastre sigue siendo “incierta” tras más de 72 horas del seísmo y que la destrucción es generalizada. “Los hospitales en las regiones afectadas están desbordados y las vías de comunicación y transporte se han visto gravemente interrumpidas. Miles de personas duermen a la intemperie, temerosas de las réplicas y sin poder regresar a sus hogares dañados”, sostiene la institución en un comunicado difundido este lunes.

El organismo también ha exigido que se garantice “un acceso sin trabas” al despliegue de personal y ayuda humanitaria en las zonas afectadas, después de que el relator de la organización para Birmania, Tom Andrews, advirtiera el fin de semana de que la junta la usa como “arma” a su favor. La ONU ha realizado, asimismo, un llamamiento a los países para que envíen donaciones a Birmania. De hecho, China, Japón, Corea del Sur, Vietnam, Irlanda y Australia ya han afirmado que enviarán dinero al país. En total, se ha anunciado un envío de casi 50 millones de euros, aunque la ONU estima que esta cantidad no es suficiente para hacerle frente a la tragedia.

Desde la entidad indican que con el seísmo se han recrudecido otros problemas que afectan al país asiático desde hace años, como la escasez de combustible, los fallos eléctricos y la inestabilidad de las conexiones a internet. Además, sostienen que un tercio de la población —unos 20 millones de habitantes— no era capaz de cubrir sus necesidades básicas antes de la catástrofe. De hecho, la ONU ya había estimado que se necesitaban unos 1.100 millones de euros para cubrir las necesidades de los birmanos antes del seísmo.

Otro de los problemas a los que se enfrentan los rescatistas y el personal humanitario es la guerra civil en la que se encuentra sumergida el país desde el golpe de estado de 2021. De hecho, el prodemocrático opositor Gobierno de Unidad Nacional (NUG) ha denunciado este lunes que, pese a la catástrofe, la junta militar continúa bombardeando varias zonas del país. Entre ellas destaca la ciudad de Sagaing, donde ha sido declarado el estado de emergencia como consecuencia del terremoto. Al menos diez personas han fallecido tras los ataques.

Ante esta situación, la enviada especial de la ONU para Birmania, Julie Bishop, ha pedido este lunes el cese de las hostilidades con el fin de facilitar el rescate de las víctimas y el envío de ayuda humanitaria. “La continuación de las operaciones militares en zonas afectadas por la catástrofe entraña el riesgo de que se pierdan más vidas y socava la necesidad común de respuesta”, ha afirmado Bishop en un comunicado.

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