
Los ministros de Energía del G7 han concretado “en principio” su respaldo a la movilización de las reservas estratégicas de petróleo para mitigar el impacto de la crisis energética actual. Esta decisión surge como una respuesta proactiva ante la creciente inestabilidad en Oriente Próximo, donde las tensiones bélicas amenazan con desestabilizar el suministro global de crudo. “En principio, apoyamos la implementación de medidas proactivas para abordar la situación, incluyendo el uso de reservas estratégicas”, exponen en un comunicado. En ese escenario, el presidente francés, Emmanuel Macron -cuyo país lidera el grupo de manera rotatoria- ha convocado a los líderes a una videoconferencia este mismo miércoles.
Durante una cumbre virtual celebrada este martes, que contó con la presencia del director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, las potencias del G7 -Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido- acordaron tomar “todas las medidas necesarias” en estrecha coordinación con los países miembros de la AIE. El objetivo primordial es calmar los mercados internacionales mediante una intervención contundente y estratégica, exponen.
La escalada de precios se ha visto impulsada por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán y el consiguiente conflicto en Oriente Medio, lo que ha generado serias dificultades logísticas en el estrecho de Ormuz. Este paso marítimo es vital para la economía global, ya que por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas que se consume en todo el mundo, convirtiéndolo en el principal punto de estrangulamiento energético en caso de que la guerra se prolongue.
Según The Wall Street Journal, esta nueva liberación de reservas petrolíferas está proyectada para ser la más ambiciosa hasta la fecha, superando incluso los 182 millones de barriles que se inyectaron en el mercado durante el inicio de la invasión rusa en Ucrania en 2022. La magnitud de esta cifra subraya la gravedad de la situación actual y la determinación de las potencias occidentales por evitar un choque inflacionario derivado del costo de la energía.
La AIE celebró una reunión de carácter extraordinario este martes para evaluar detenidamente la seguridad del suministro y las condiciones cambiantes del mercado antes de formalizar la decisión. Se espera que este miércoles se confirme oficialmente si se procede con la liberación masiva de los depósitos de emergencia, una medida diseñada para ejercer una presión a la baja inmediata sobre el coste del barril de crudo en las bolsas internacionales.
Desde una perspectiva histórica, la AIE fue fundada en noviembre de 1974 tras la crisis energética provocada por la guerra del Yom Kippur, estableciéndose como un mecanismo de defensa ante choques repentinos de oferta. Desde su creación, solo se han registrado cinco intervenciones de este tipo: durante la Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, en la crisis de Libia de 2011 y en dos ocasiones críticas durante el año 2022 tras la invasión de Ucrania.
En este escenario de alta volatilidad, el G7 y la AIE mantienen un monitoreo constante de las tendencias energéticas y una comunicación fluida con sus socios internacionales. Esta estrategia busca no solo estabilizar los precios a corto plazo, sino también enviar una señal de unidad y fortaleza para garantizar la resiliencia de las cadenas de suministro ante una geopolítica cada vez más impredecible en las regiones productoras de hidrocarburos.


