#Mundo:Cuál es tu kit de supervivencia

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La penúltima ocurrencia de algún avispado asesor en Bruselas ha sido el anuncio a bombo y platillo de un kit de supervivencia. Estoy imaginándome a los funcionarios europeos dándole vueltas a cómo convencer a la opinión pública de que ahora toca reducir el gasto social para poder aumentar las inversiones en defensa. Sin Estados Unidos para defendernos y con los rusos en nuestra frontera oriental, no hay más remedio que dedicar gran parte del presupuesto a crear y equipar un Ejército europeo. Pero ¿cómo explicar a los europeos que han vivido todos estos años en la arcadia feliz que ahora hay que gastar en tanques, misiles y bombas de racimo…?

Es entonces cuando, me imagino, surge la niñería del kit de supervivencia. Porque es la demostración de que la administración comunitaria nos considera a todos menores de edad y no nos pueden contar la cruda realidad. Y como si fuésemos unos párvulos a los que entretener, nos dan el juguete de esa mochila que tenemos que preparar por si hay una emergencia.

Seguro que esos burócratas aplaudieron al asesor –de futuro prometedor– por la idea feliz del kit. Los más mayores se vinieron arriba recordando los refugios nucleares de los años 60 en Estados Unidos y lo bien que vinieron para alentar el odio a los soviéticos. El resto coincidieron en que era la vía más sibilina para que los europeos se diesen cuenta de que entrábamos en una época de peligros en nuestras fronteras del sur y del este. Al mismo tiempo que celebraban el constructo, los disensos comenzaron a aparecer. Qué cosas han de estar en ese listado, porque ahora las bombas serán también cibernéticas y las amenazas no vendrán solo por el cielo sino por internet. Y cómo no, el kit no debería ser solo para la guerra porque hay otras amenazas tan o más importantes. Muy fácil de arreglar, propuso nuestro asesor, también ese neceser de emergencias lo será para los desastres naturales y por supuesto para las crisis climáticas y hasta sociales. Y respecto a qué meter o no en el kit, esa es la parte más brillante de la estrategia –defendió el asesor–, que los europeos se entretengan poniendo o quitando elementos de esa bolsa de emergencias. Démosles entretenimiento mientras nosotros vemos cómo conseguir el dinero y el proveedor para tener un escudo antimisiles a la altura del de Israel.

Dicho y hecho. La semana pasada la Unión Europea anunció en boca de la comisaria belga Hadja Lahbib una guía para que todos podamos preparar un kit de supervivencia de 72 horas para estar listos en caso de emergencias. No pueden faltar en ese equipamiento elementos esenciales para subsistir sin ayuda externa durante al menos tres días. Y Europa nos dice que hemos de tener agua, alimentos, medicamentos, el documento de identidad (no vaya a ser que no podamos pagar a Hacienda en ese eventual encierro), dinero en efectivo (nada de bitcoins que igual no funcionan) y linternas, mecheros y todo lo que un buen explorador lleva encima.

Y ahora estamos aquí todos discutiendo que si es más importante una vela que una linterna, un libro que un cargador de móvil, las latas mejor de atún que se sardinas, nada de agua sino pastillas desaladoras y la brújula mejor que la navaja suiza… Mientras tanto, la guerra (la física y la digital, que es la más factible) sigue acercándose a nuestras fronteras. Ojalá que estos días tan entretenidos hayan servido para armar la defensa de nuestro Estado de derecho y nuestro sistema de libertades, pero me temo que eso aún está muy lejos y por tanto vendrán más excentricidades. Estemos atentos.

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