
La UE necesita ser capaz de responder a las amenazas de manera resolutiva. De eso va la autonomía estratégica de la que tanto se habla y por eso Bruselas ha presentado este miércoles su idea para un programa para la innovación en defensa “ágil y rápida” (AGILE). Se trata, explica la Comisión Europea, de una iniciativa diseñada para responder a la aceleración “sin precedentes de los ciclos tecnológicos en el ámbito militar”, dentro de una carrera en la que están inmersos del todo EEUU, China y Rusia. La UE no se quiere quedar atrás.
Por eso, el objetivo central de esta medida es apoyar la “entrega rápida de productos y tecnologías emergentes” que aborden los desafíos más urgentes de las fuerzas armadas de los Estados miembros como parte, además, de una foto más grande que implica el llamado Schengen militar: es decir, la libertad de movimiento rápida y efectiva de tropas y material defensivo en caso de emergencia. Ante la creciente inestabilidad internacional, la Comisión busca asegurar que Europa no pierda su ventaja estratégica en un entorno de competencia sistémica y rivalidades geopolíticas.
“Estamos derribando las barreras que han mantenido a nuestras empresas tecnológicas más creativas al margen del sector de la defensa. Queremos crear una cultura de acción rápida, garantizando que las pymes y las empresas emergentes europeas puedan contribuir a la disuasión y la seguridad europeas mediante la aportación de soluciones innovadoras”, ha explicado la vicepresidenta de la Comisión Europea, Hena Virkkunen, en la presentación del plan.
Esa misma línea la ha seguido el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, que quiere una UE más presente en el plano militar. “Es fundamental que probemos, validemos e introduzcamos rápidamente estas tecnologías en nuestras capacidades de defensa, garantizando que la industria de defensa europea pueda seguir el ritmo de la naturaleza rápidamente cambiante de la guerra moderna”, expuso.
El propio Kubilius reconoció hace meses ya en una entrevista con 20minutos que la UE va “tarde” a la hora de potenciar su defensa, y en parte por la “ingenuidad” que dio el depender en este sentido de EEUU. “Gastar en defensa es gastar en el futuro de la paz. Ya lo dice el dicho romano: si quieres paz, prepárate para la guerra. Así que si no te estás preparando para la defensa, puedes enfrentar un colapso de esa paz y la guerra llegará a tu territorio”, avisó entonces el dirigente lituano, quien además insistió en que cuesta más no estar preparado que estarlo: “A veces estamos calculando cuánto cuesta construir una defensa adecuada pero también necesitamos calcular cuánto nos costaría no contar con esa defensa”.
El punto fundamental de todo, ha recordado Bruselas, ha sido la invasión rusa de Ucrania, pero no solo; la situación en Oriente Medio también ha servido para que la UE encienda el piloto rojo y para exigir, de acuerdo con el plan presentado, una “profunda transformación” de la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa Europea (EDTIB). El conflicto en suelo ucraniano ha demostrado la relevancia operativa de soluciones de bajo costo que pueden iterarse rápidamente, subrayando la necesidad imperiosa de “acortar los ciclos de innovación” para mantener la preparación militar de la Unión. La capacidad de identificar, adaptar y desplegar estas tecnologías a gran velocidad se ha convertido ahora en un requisito operativo clave para las fuerzas armadas modernas.
El programa presta asimismo atención especial en lo que el Ejecutivo comunitario llama “nuevos actores de la defensa”, representados principalmente por las PYMES y las startups, incluso aquellas que provienen del sector civil. Bruselas reconoce que estos actores son una fuerza impulsora significativa para el cambio, ya que permiten “mayor agilidad, soluciones rentables y conceptos operativos novedosos” en la industria. El objetivo es “aprovechar este ecosistema dinámico para introducir innovaciones disruptivas en campos críticos” como la inteligencia artificial, la robótica, la computación cuántica y el espacio.
Sin carga presupuestaria para los países
Para financiar este ambicioso despliegue tecnológico, la Comisión propone un presupuesto inicial de 115 millones de euros para el ejercicio único de 2027. Estos recursos no supondrán una carga financiera adicional para los Estados miembros, ya que se obtendrán mediante reasignaciones internas de fondos ya existentes, como el Fondo Europeo de Defensa (FED) y el Programa Espacial de la UE, han explicado desde Bruselas. Se trata de una apuesta decidida por “optimizar el uso de los recursos disponibles” para maximizar el impacto de la inversión europea en seguridad.
AGILE nace, repiten desde la Comisión, para cubrir un “vacío estructural” que los instrumentos actuales, por su diseño, no logran llenar por completo. Mientras que el Fondo Europeo de Defensa se centra en proyectos de gran escala y largo plazo, el plan priorizará la velocidad sobre la robustez burocrática, buscando soluciones que sean “plenamente explotables” en un plazo de apenas uno a tres años. Se concibe, por tanto, como un “paso natural” para aquellas empresas innovadoras que necesitan llevar sus prototipos al mercado de forma inmediata.
Una de las grandes prioridades estratégicas de este nuevo marco es el dominio espacial, identificado como un habilitador indispensable para la seguridad contemporánea. AGILE apoyará el desarrollo de capacidades basadas en el espacio para mejorar la “autonomía estratégica de la Unión” en áreas como la vigilancia y las comunicaciones seguras. Al incluir a actores no tradicionales en este sector, Bruselas pretende que la demanda de defensa actúe como un motor que acelere la comercialización de tecnologías espaciales europeas.
Para resultar atractivo a las empresas más innovadoras, el programa promete una “simplificación radical” de los procesos administrativos y los métodos de evaluación. El programa aspira a establecer un nuevo estándar de eficiencia, reduciendo el “tiempo de adjudicación de fondos” a tan solo cuatro meses, la mitad del tiempo que requieren actualmente otros programas de defensa. Se implementarán procedimientos de selección “neutrales respecto al instrumento” para garantizar que las mejores ideas reciban apoyo sin barreras burocráticas innecesarias.
No vale con la coordinación entre Estados
La propuesta subraya que la acción individual de los Estados miembros ya no es suficiente para afrontar los retos de seguridad a la escala y velocidad requeridas. Un programa a nivel de la Unión es estrictamente necesario para evitar la “fragmentación y los silos nacionales” que históricamente han frenado la cooperación industrial en Europa. Al ser accesible para entidades de todos los países miembros, AGILE fomentará la interoperabilidad de los sistemas y facilitará la contratación conjunta de armamento.
El Reglamento introduce además mecanismos como la “intervención de inducción”, que permite exenciones temporales de ciertos requisitos de residencia legal para las empresas. Bajo este esquema innovador, se podrá atraer a PYMES de gran potencial establecidas fuera de la UE, siempre que se comprometan a cumplir con los requisitos de establecimiento en territorio europeo en un plazo determinado. Esta medida busca integrar el mejor talento global para reforzar la soberanía tecnológica y reducir las dependencias externas.
En última instancia, AGILE funcionará como un “banco de pruebas crucial” para las políticas de defensa del próximo periodo presupuestario 2028-2034. Las lecciones aprendidas sobre la gestión del riesgo y la “agilidad en la toma de decisiones” definirán la estructura de los futuros programas de innovación militar de la Unión. Este plan, más allá de los datos, es, en realidad, la primera piedra de una Europa que aspira a ser “más receptiva y capaz” de proteger a sus ciudadanos mediante la tecnología de vanguardia.


