
El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, y varios de sus homólogos europeos están en contacto después de la intervención de Estados Unidos en Venezuela contra el régimen de Nicolás Maduro, arrestado y sacado del país junto a su esposa por las tropas de Donald Trump, tal como confirmó el propio presidente. Albares se mantiene en conversaciones también con la Alta Representante de la UE y ha confirmado que el personal de la embajada de España en Caracas está “a salvo” después de los ataques.
Por lo demás, las instituciones europeas siguen esperando acontecimientos después de una madrugada muy intensa. De hecho, para muchos expertos la posición de la UE es compleja: condena el régimen chavista, pero a la vez no tiene del todo claro el hecho de ponerse al lado de Trump en una intervención armada. “El Ministerio de Exteriores está siguiendo de cerca la situación en Venezuela, de manera coordinada con nuestros socios de la Unión Europea y los países de la región”, explicó el Gobierno español en redes sociales.
“España hace un llamamiento a la desescalada y a la moderación, y a actuar siempre con respeto al Derecho Internacional y a los principios de Naciones Unidas. está dispuesta a prestar sus buenos oficios para una solución pacífica y negociada a la crisis”, expusieron en un mensaje emitido por Moncloa.
Otra de las reacciones vino desde Rusia, uno de los principales aliados de la Venezuela de Maduro. “Estados Unidos cometió un acto de agresión armada contra Venezuela. Esto es profundamente preocupante y condenable. Los pretextos utilizados para justificar tales acciones son insostenibles”, expuso el Ministerio de Exteriores. “En la situación actual, es crucial, sobre todo, evitar una mayor escalada y centrarse en encontrar una salida mediante el diálogo. Creemos que todos los socios que puedan tener agravios entre sí deben buscar soluciones mediante el diálogo. Estamos dispuestos a apoyarlos en este proceso”, añadió el comunicado de la cartera que dirige Sergei Lavrov.
Estados Unidos ha lanzado una serie de ataques aéreos contra Caracas y los estados de Aragua y La Guaira, zonas estratégicas situadas en las inmediaciones de la capital venezolana. El Gobierno de Venezuela ha reaccionado de inmediato, calificando la ofensiva como una “gravísima agresión militar” dirigida tanto contra su territorio como contra la población civil.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, confirmó al menos un ataque efectuado “con helicópteros de combate” contra el complejo militar de Fuerte Tiuna, uno de los principales bastiones de las Fuerzas Armadas. Medios locales informaron además de bombardeos sobre el cuartel de La Carlota, el aeropuerto de Higuerote, la antena de comunicaciones de El Volcán y el Puerto de La Guaira, aunque hasta el momento no se han reportado víctimas.
Estas acciones provocaron además la entrada en un contexto de máxima tensión tras la “captura” de Nicolás Maduro, un episodio que ha terminado de desbordar el ya frágil equilibrio diplomático y militar entre Washington y Caracas. La escalada marca un punto de inflexión en una confrontación que llevaba meses agravándose sin un desenlace claro. El propio Gobierno de Venezuela ha confirmado la detención del presidente, y exige una prueba de vida.
En los últimos meses, la Administración de Donald Trump había endurecido su presión sobre Venezuela con el despliegue de buques de guerra frente a sus costas, la incautación de petroleros que zarpaban de sus puertos y reiteradas amenazas de intervención militar. Todo ello bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico, un discurso que ahora parece haber derivado en una ofensiva directa sobre territorio venezolano.


