Robert Mueller, el inflexible exdirector del FBI que documentó la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016 y sus contactos con la campaña de Donald Trump, pero que optó por no presentar cargos penales contra un presidente en ejercicio, ha fallecido a los … 81 años, según informa Reuters, que cita medios internacionales.
En concreto, se han hecho eco de su muerte MS NOW y un periodista de The New York Times, quien publicó un comunicado atribuido a la familia. Por el momento se desconocen las causas del fallecimiento de Mueller, veterano condecorado de la Guerra de Vietnam que dirigió el FBI desde septiembre de 2001. Según informó el año pasado ‘The New York Times’, padecía Parkinson.
Mueller se retiró en 2013 tras 12 años como director del FBI. Sin embargo, cuatro años después fue llamado de nuevo al servicio público por un alto funcionario del Departamento de Justicia. Fue como fiscal especial para dirigir una investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones, después de que Trump despidiera al entonces director del FBI, James Comey.
Así, llevó a cabo una investigación de 22 meses que dio lugar a acusaciones contra 34 personas, incluyendo varios asociados de Trump, así como oficiales de inteligencia rusos y tres empresas rusas, y una serie de declaraciones de culpabilidad y condenas. Finalmente, Mueller no presentó cargos penales contra el presidente republicano, lo que decepcionó profundamente a muchos demócratas.
El fallecimiento de Mueller ha sido celebrado por el magnate republicano. «¡Bien, me alegro de que esté muerto!», ha escrito en su red Truth Social. «¡Ya no puede perjudicar a gente inocente!».
Durante su carrera como fiscal y director del FBI, Mueller ha mostrado modales refinados y, a veces, una personalidad inexpresiva, prácticamente lo opuesto a Trump. Algunos lo conocían como ‘Bobby Tres Palos’ debido a su nombre completo: Robert Mueller III, un apodo que contrastaba con su porte formal y su enfoque sobrio en la aplicación de la ley.
Su investigación sobre Rusia, detallada en un informe de 448 páginas de 2019, dejó al descubierto lo que Mueller y las agencias de inteligencia estadounidenses describieron como una campaña rusa de piratería informática y propaganda para sembrar la discordia en Estados Unidos, denigrar a la candidata presidencial demócrata de 2016, Hillary Clinton, e impulsar a Trump, el candidato preferido del Kremlin. Rusia negó la injerencia electoral.
Al analizar si Trump había cometido el delito de obstrucción a la justicia, Mueller examinó una serie de acciones. Estas incluyeron los intentos de Trump de lograr la destitución del fiscal especial y de limitar el alcance de la investigación, así como los esfuerzos del presidente por impedir que el público supiera de una reunión celebrada en 2016 en la Torre Trump de Nueva York entre altos funcionarios de la campaña de Trump y ciudadanos rusos. Mueller no exoneró al presidente, como Trump afirmó.
«De acuerdo con la política del Departamento de Justicia y los principios de imparcialidad, decidimos no determinar si el presidente cometió un delito», declaró entonces Mueller ante los legisladores. «El presidente no quedó exonerado de los actos que presuntamente cometió», añadió.
Mueller, republicano de larga trayectoria, enfrentó ataques constantes por parte de Trump y sus aliados contra su integridad: intentaron desacreditar la investigación y al propio fiscal especial. Trump utilizó las redes sociales, discursos y declaraciones a los medios para atacar a Mueller, acusándolo de llevar a cabo una «caza de brujas amañada» con motivaciones políticas, de actuar por su cuenta, de rodearse de «matones» y de tener conflictos de intereses. «Todo es un gran engaño», dijo el presidente en 2019.
«Absolutamente, no fue un engaño», declaró Mueller ante el Congreso, refiriéndose a los numerosos cargos derivados de la investigación.
El exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort, fue declarado culpable en 2018 de ocho cargos de irregularidades financieras y se declaró culpable de otros dos, recibiendo una sentencia de siete años y medio de prisión. El veterano asesor de Trump, Roger Stone, fue declarado culpable en 2019 de siete cargos de mentir al Congreso, obstrucción a la justicia y manipulación de testigos, y sentenciado a más de tres años de prisión. Posteriormente, Trump utilizó su poder de indulto para perdonarlos. El exasesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, se declaró culpable de mentir al FBI. Trump también indultó a Flynn.
La Cámara de Representantes, entonces controlada por los demócratas, sometió a Trump a juicio político en dos ocasiones después de que Mueller concluyera su trabajo, aunque estas acciones no se derivaron de las conclusiones del fiscal especial.
Nombrado por el presidente republicano George W. Bush para dirigir el FBI, Mueller asumió el cargo una semana antes de los atentados del 11 de septiembre contra Estados Unidos, perpetrados por militantes de Al Qaeda con aviones secuestrados que causaron la muerte de aproximadamente 3.000 personas. El presidente demócrata Barack Obama prorrogó posteriormente el nombramiento de Mueller. Para cuando Mueller dejó el cargo, su mandato solo fue superado por los 48 años de J. Edgar Hoover.
A Mueller se le atribuye la transformación de la principal agencia de seguridad estadounidense después de que el Congreso y una comisión gubernamental independiente determinaran que el FBI y la CIA no habían compartido información antes de los atentados del 11 de septiembre que podría haber ayudado a prevenirlos. Mueller transformó el FBI en una agencia centrada en la protección de la seguridad nacional, además de la aplicación de la ley, destinando más recursos a las investigaciones antiterroristas y mejorando la cooperación con otras agencias estadounidenses.
Nacido en el seno de una familia acomodada de Nueva York, Mueller creció en las afueras de Filadelfia, se graduó en la Universidad de Princeton, obtuvo un máster en la Universidad de Nueva York y se unió al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, donde sirvió como oficial durante tres años, dirigió un pelotón de fusileros en Vietnam y recibió honores como la Estrella de Bronce y el Corazón Púrpura.
«Realmente odia a los malos», declaró al New York Times en 2013 el exgobernador de Massachusetts, William Weld, quien le precedió como fiscal federal en Boston. Mueller y su esposa, Ann, tuvieron dos hijas.


