En política, las señales iniciales suelen marcar el rumbo de una gestión. En el caso de Mayra Jiménez al frente del programa Supérate, sus primeras decisiones han comenzado a generar más ruido que resultados, y más críticas que aplausos.
En los últimos días han surgido cuestionamientos en distintos sectores políticos sobre la cancelación de dirigentes vinculados al Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de equipos políticos que, según denuncias difundidas en redes y corrillos partidarios, no respaldan al mismo aspirante presidencial que ella favorece.
Si estas percepciones se consolidan, el problema no sería solo administrativo, sino político e institucional. Supérate es un programa social del Estado, no una estructura partidaria ni un comando de campaña. Su credibilidad depende, precisamente, de que se mantenga al margen de las luchas internas y de los intereses coyunturales.
La historia dominicana ha demostrado que cuando los programas sociales se contaminan con la política partidista, el costo termina pagándolo la población más vulnerable y también quienes dirigen esas instituciones. La opinión pública suele ser implacable cuando percibe que los recursos y las posiciones se usan para premiar lealtades o castigar diferencias.
Mayra Jiménez aún está a tiempo de corregir el rumbo. Gobernar —y más aún dirigir un programa social de alto impacto— exige prudencia, equilibrio y, sobre todo, visión de Estado.
Porque en política, como dice el viejo refrán, no basta con empezar mal: lo peligroso es no rectificar a tiempo y terminar peor.
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REDACCIÓN FV MEDIOS

