Un miembro de la nación Cheroqui, uno de los pueblos nativos del actual territorio de EE.UU., será el encargado de hacer cumplir la ley migratoria y ejecutar la mayor deportación de indocumentados de la historia del país, una de las grandes promesas de Donald … Trump.
El presidente de EE.UU. ha señalado al senador Markwayne Mullin, orgulloso ciudadano cheroqui, como el próximo secretario de Seguridad Nacional. Mullin, que ha representado a Oklahoma en el Congreso desde 2013, llega al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas en inglés) tras las turbulencias y el caos que han acabado con la destitución de su titular, la polémica Kristi Noem.
El secretario de Seguridad Nacional es el equivalente al ministro del Interior de España, uno de los cargos de más responsabilidad en EE.UU. En él recae el mantenimiento de la seguridad a nivel federal, incluido el antiterrorismo, la seguridad en el transporte, la ciberseguridad o la vigilancia de las costas. Y, claro, con más importancia que nunca, el cumplimiento de la ley migratoria: el control de la frontera, la detención y el procesamiento de inmigrantes indocumentados y su deportación. Mullin será el brazo ejecutor de la mano dura en inmigración de Trump.
Su nombramiento es un momento de rara representación para las tribus nativas de EE.UU., que apenas han tenido protagonismo político en la historia de la democracia más vieja y estable del mundo. Mullin es el único senador nativo en estos momentos y solo el segundo cheroqui de la historia. También es el segundo miembro de una tribu que accede al Gabinete, después de que en 2021 lo hiciera la demócrata Deb Haaland, integrante del Pueblo de Laguna, de Nuevo México.
Mullin hereda un DHS hecho unos zorros tras el paso de Noem. La hasta ahora secretaria ha vivido envuelta en la polémica desde la llegada al poder de Trump y su nombramiento: participación con teatralidad en redadas migratorias, 220 millones de dólares gastados en un campaña publicitaria de autobombo, un lío extramatrimonial con su asesor principal (Corey Lewandowski, cercano a Trump), abuso de recursos, ambiente tóxico en el Departamento… Su gestión de las redadas masivas y trágicas en Mineápolis fue decisiva para su salida: defendió, contra todas las evidencias, que los dos ciudadanos muertos a tiros por los agentes federales eran «terroristas domésticos» y llegó a decir que uno de ellos «blandía» un arma, lo que era falso. Eso y otros abusos en las redadas -como alegaciones de detención de ciudadanos estadounidenses por su apariencia racial- provocó una reacción airada en los demócratas y críticas de un puñado de republicanos, que llegaron a pedir su salida. Una comparecencia explosiva de Noem esta semana en el Congreso acabó por decidir su suerte.
Mensaje agresivo y rotundo
Mullin no será su sucesor por tener una posición más moderada sobre inmigración. Todo lo contrario. Ha mantenido un mensaje agresivo y rotundo contra la inmigración ilegal y a favor de la policía de inmigración y fronteras (ICE), convertida en el centro de los ataques de los demócratas. El objetivo de Mullin será mantener la misma dureza en la ejecución de la ley migratoria, pero con más orden y menos teatralidad que Noem.
No solo el hecho de ser cheroqui hace especial a Mullin. Es el único legislador del Congreso que no tiene título universitario. Su padre falleció cuando iniciaba sus estudios y dejó la universidad para llevar el negocio de fontanería familiar, con el que logró un gran éxito económico. Pero también fue luchador de MMA -artes marciales mixtas-, donde peleó tres combates y no perdió ninguno.
No le faltarán peleas a partir de ahora en su nuevo puesto, empezando por la más inmediata: poner al DHS en el rumbo correcto, en un momento en el que está parcialmente cerrado por falta de acuerdo fiscal en el Congreso.


