Madre dominicana transforma dolor en negocio de bizcochos tras la pérdida de su hijo

0
16

Una madre dominicana convirtió el dolor por la partida de su hijo en una empresa familiar de bizcochos reconocida en su comunidad. Un horno encendido, una masa entre manos y la voz de su hijo en la memoria marcaron el renacer de Carmen Rivera, quien transformó el duelo en propósito.

A los 15 años emigró desde Santiago, República Dominicana, con la esperanza de superarse en Estados Unidos, sin imaginar que años después emprendería motivada por una experiencia profundamente dolorosa.

La partida de su hijo, John Gabriel Almanzar, fue el impulso que la llevó a iniciar un proyecto propio que hoy lidera como empresa familiar en Nueva York.

Desde niña se dejaba guiar por el aroma de la harina y el chocolate, mientras aprendía en casa y soñaba sin saber que ese talento marcaría su destino. “Mi mamá me regañaba porque tomaba los chocolates”, recuerda con nostalgia, evocando travesuras infantiles que parecían anticipar su futuro entre hornos y recetas.

Su historia comenzó como un gesto de cariño, pues horneaba por amor a los suyos y no con la intención de crear una marca comercial. Fue su hijo quien vio el potencial de su talento y convenció a un bodeguero local para vender los bizcochos que ella preparaba en casa.

Las primeras unidades se agotaron de inmediato, confirmando que había interés real por ese sabor criollo nacido en una cocina familiar. “Había algo en mi masa que no tenía ningún otro bizcocho”, decía John Gabriel, quien siempre fue su mayor admirador y creyente constante.

El joven falleció con apenas 21 años, dejando un vacío profundo que cambió por completo el rumbo de Carmen. “Lo logramos, hijo”, repite ella con emoción contenida, recordando la promesa que decidió cumplir incluso en medio del silencio prolongado que atravesó.

Te podría interesar:

Durante ese periodo se mantuvo apartada, enfrentando un proceso que solo comprenden quienes han vivido una pérdida que marca para siempre.

Fue en Instagram donde retomó el camino, aferrada a la promesa hecha a su hijo y decidida a seguir adelante. Desde su cocina, los bizcochos comenzaron a ganar reconocimiento sin salir del vecindario, impulsados por mensajes y reseñas en redes sociales.

“Estoy haciendo lo que me dijiste”, repite mientras decora con dedicación, dejando en cada pastel el recuerdo de John Gabriel.

Su comunidad la reconoce como símbolo de resiliencia, y ella responde construyendo una red solidaria junto a otras madres que han atravesado experiencias similares. “Me uno. Somos como hermanas en este proceso”, expresa, reforzando el apoyo mutuo que ha nacido alrededor de su historia.

Actualmente continúa trabajando desde su hogar, respaldada por una clientela fiel que espera su creación más representativa. Sus ventas siguen creciendo y ya trascienden la ciudad, llevando consigo una historia de amor, memoria y superación que inspira a muchos.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**