Testigo del tiempo / J.C. Malone
La primera guerra contra las drogas en Estados Unidos comenzó el 5 de diciembre de 1933, tras la derogación de la Ley Seca. Los agentes que combatían el alcohol ilegal enfrentaban entonces un futuro incierto.

En ese contexto surgió Harry Anslinger, jefe del Buró de Alcohol y Narcóticos del FBI. Ante la perspectiva del desempleo, habría iniciado su campaña contra la marihuana, según el análisis presentado.
Desde esta perspectiva, los conflictos bélicos unificarían voluntades nacionales y fortalecerían el liderazgo de turno.
El texto sostiene que los líderes de la Unión Europea no admitirían errores en sus políticas, optando por involucrar a sus pueblos en un conflicto con Rusia.
Asimismo, señala que los dirigentes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) necesitarían la guerra para mantenerse relevantes y asegurar sus posiciones.
Se menciona un ataque a la residencia del presidente ruso, Vladimir Putin, interpretado como una posible provocación para escalar el conflicto.
El análisis cita el caso de un asistente del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, acusado de malversar 100 millones de dólares, y alega que Zelensky depositaría 50 millones mensuales en Emiratos Árabes Unidos, afirmaciones no verificadas independientemente.
A pesar de esto, Washington y la Unión Europea continuarían enviando ayuda financiera a Ucrania. Zelensky habría explicado que gran parte de los fondos anunciados nunca llegarían al país, según esta perspectiva.
El texto sugiere que en Washington, Bruselas y Kiev, algunos actores se beneficiarían económicamente de la situación.
Desde este punto de vista, el negocio de la guerra continuaría, favoreciendo a diversos actores en Europa, Estados Unidos y Ucrania.
El análisis prevé que los europeos podrían enviar tropas de la OTAN a Ucrania, y que cualquier incidente se utilizaría para acusar a Rusia de atacar a la alianza.
Se plantea que, aunque se reconoce la desventaja militar europea frente a Rusia, existiría una expectativa de que Washington intervendría en su defensa.
El texto concluye que, ante crisis internas, los líderes irresponsables tenderían a fabricar enemigos externos y declarar guerras para unificar a sus naciones, una dinámica presentada como recurrente históricamente. El conflicto se vislumbra, desde esta óptica, como un destino casi ineludible.
REDACCIÓN FV MEDIOS



