Leclerc encuentra lo que Verstappen no ve en la nueva F1: “El placer es diferente” #F1 #FVDigital

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La nueva Fórmula 1 de 2026 todavía no ha disputado su primera carrera, pero ya ha encendido el paddock. Los test de pretemporada han dejado sensaciones encontradas. Hay optimismo técnico en algunos garajes, pero también una corriente crítica que cada día gana más volumen.

El que más ruido ha hecho ha sido Max Verstappen, contundente como pocas veces: no se está divirtiendo, no parece Fórmula 1 y el nuevo concepto le resulta “anticompetitivo”. El neerlandés incluso llegó a compararlo con “una Fórmula E con esteroides”, en referencia a la gestión constante de la energía eléctrica.

El cambio es profundo. En 2026, las unidades de potencia reparten su rendimiento al 50% entre combustión y sistema eléctrico. Eso obliga a los pilotos a gestionar la entrega de energía vuelta a vuelta, no solo en tandas largas. El famoso lift and coast ya no es una herramienta estratégica puntual: forma parte del ADN del coche. Si no gestionas bien, aparece el temido clipping: te quedas sin despliegue eléctrico a mitad de recta y la velocidad cae. Algo impensable hasta ahora en una vuelta de clasificación.

En ese contexto, la opinión de Charles Leclerc era especialmente esperada. El monegasco ya había sido crítico cuando probó el coche en el simulador de Ferrari durante 2025. Pero tras la primera semana de test oficiales, su discurso tiene matices. “¿Divertido? No es el coche más divertido que he pilotado”, admite sin rodeos. “Pero es lo que hay. Y encuentro la diversión de una manera diferente”.

Ahí está la clave.

¿Cómo se divierte Leclerc con los nuevos F1 de 2026?

Mientras algunos pilotos ponen el foco en la pérdida de sensaciones puras al volante, Leclerc mira hacia otro sitio: el reto intelectual. “El desafío de desarrollar todo este sistema nuevo es algo que he disfrutado. Es interesante. Me divierte experimentar cosas distintas, probar enfoques que quizá antes no funcionaban. Ahora todo es diferente y es bonito pensar un poco fuera de la caja para maximizar el rendimiento”.


Es una forma distinta de entender el placer. No tanto en la agresividad del paso por curva o en la descarga total en recta, sino en el proceso. En la ingeniería aplicada desde el cockpit. En el piloto convertido casi en gestor estratégico en tiempo real.

Porque si algo subraya Leclerc es que el trabajo dentro del coche ha cambiado radicalmente.

“Siempre tenemos que adaptarnos, pero este año el cambio es mayor que en el pasado”, explica. “El porcentaje de pura conducción es un poco menor. Ahora se trata más de pensar en todo lo demás, en cómo maximizar los sistemas que tienes alrededor. Hay que pensar activamente mucho más que antes”.

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La conducción, insiste, sigue siendo cuestión de adaptación. Igual que entre clasificación y carrera se modifica el estilo, 2026 simplemente exige otro tipo de pilotaje. Otra mentalidad. Quizá ahí esté la diferencia entre frustración y aceptación. Mientras algunos sienten que les han quitado parte del control, Leclerc parece dispuesto a conquistarlo desde otro ángulo. No es el coche más divertido. Pero es un nuevo rompecabezas.

Y a él, eso —de momento— le está bastando.

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