Hay algo en la voz de Laura Pausini cuando habla de sus inicios que no suena a nostalgia, sino a regreso. Antes de los escenarios multitudinarios, antes de los premios y las giras mundiales, estaba una niña de ocho años cantando junto a su padre en pequeños piano bars. “Formé mi infancia rodeada de música de todo el mundo”, recuerda. Allí, entre canciones pedidas en distintos idiomas y noches largas de verano, nació no la compositora, sino la intérprete. Y es precisamente a ese origen al que vuelve ahora con Yo canto 2.
El nuevo álbum no es una colección de canciones propias, sino un homenaje íntimo a aquellas que marcaron su vida. Clásicos de España y Latinoamérica como “Bachata Rosa”, “Antología” o “Livin’ La Vida Loca” encuentran en su voz una nueva lectura, más personal que nunca. “De vez en cuando me pasa que tengo nostalgia de ser intérprete”, confiesa. “Yo no canto mis canciones en casa… canto las que me gustan de mis colegas”.
Ese gesto, lejos de ser casual, responde a una necesidad emocional. Si en el primer Yo canto, lanzado en 2006, Pausini reinterpretó canciones italianas traducidas al español, esta vez el recorrido es distinto. “Ahora viene, por coincidencia, después de 20 años exactos, la gana de poder dar las gracias a aquellos cantautores que han permitido a mi adolescencia convertirse en la mujer que soy hoy”, explica. El resultado es un disco que no solo revisita canciones, sino momentos.

Porque si algo atraviesa Yo canto 2 es esa idea de la música como memoria colectiva. Pausini no se coloca por encima de las canciones, sino al lado del público. “Me siento mucho más cercana al público que a los cantantes en esta ocasión”, dice. “De verdad es un disco hecho por una fan”. Y es ahí donde el proyecto encuentra su fuerza: en esa honestidad que transforma cada interpretación en algo vivido, no solo cantado.

Ese mismo espíritu se trasladará al escenario con el Yo Canto World Tour 2026/2027, que arrancará en España y recorrerá América Latina, Estados Unidos y Europa. Más que un concierto, Pausini promete una experiencia. “Cuando entran en la arena, ya entran dentro de un mundo antes de que yo llegue al escenario”, adelanta. La intención es construir una atmósfera que cuente una historia desde el primer momento, donde convivan las canciones del nuevo álbum con los grandes éxitos que han marcado su carrera.
El repertorio será amplio y generoso. Desde “Se fue” hasta “La soledad”, pasando por los nuevos homenajes, la artista busca ofrecer un recorrido completo. “Creo que al día de hoy, con lo que cuestan los conciertos, el cantante debe cantar mucho”, dice con una sonrisa. Sus shows, asegura, superarán las dos horas y media, en un gesto que habla tanto de respeto al público como de compromiso con su oficio.
En medio de esa vida sobre los escenarios, también hay espacio para lo personal. Este 22 de marzo, Pausini celebra tres años de matrimonio tras casi dos décadas de relación. Para ella, el amor, como la música, también se construye en el tiempo.
“Todas las relaciones largas tienen momentos altos y bajos”, reflexiona. “El hecho de que compartimos nuestras pasiones nos ayuda a tener una conexión larga y verdadera”.
Al final, Yo canto 2 no es solo un álbum. Es un puente entre la artista y la fan que siempre ha sido. Un regreso a esa niña que cantaba canciones de otros sin saber que, algún día, haría lo mismo ante millones de personas. Y quizás por eso, cuando le preguntan qué espera que el público sienta al escucharlo, la respuesta no habla de técnica ni de producción, sino de algo mucho más simple y poderoso: volver a esos momentos que marcaron sus vidas.
“Espero que puedan recordarse de aquellos momentos cuando esas canciones salieron”, dice. “Sabiendo que yo, como ellos, soy fan y he vivido esas canciones con recuerdos que probablemente son similares”.


