Cambios en la percepción de soberanía y fatiga social en América Latina

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La detención de mandatarios en sus palacios presidenciales, un hecho que en décadas anteriores habría provocado protestas masivas en América Latina, ahora ocurre con menor resistencia ciudadana. Este fenómeno no refleja apoyo a figuras políticas específicas, como Nicolás Maduro —cuyos registros de abusos y deterioro institucional en Venezuela están documentados—, sino una evolución en la tolerancia hacia el ejercicio del poder por actores dominantes en la región.

La falta de alternativas políticas viables, tras el fracaso de proyectos que prometieron emancipación y derivaron en corrupción y crisis económicas, ha erosionado la confianza en el Derecho Internacional. Este es percibido como un mecanismo susceptible de ser utilizado para proteger regímenes autoritarios. Ante la ausencia de modelos locales efectivos, se observa una tendencia a aceptar la influencia de actores externos como solución pragmática.

A nivel global, los contrapesos tradicionales han perdido eficacia. China prioriza sus intereses comerciales y el acceso a recursos sobre la intervención en conflictos externos, enfocándose en su estrategia regional en Asia. Rusia, involucrada en la guerra en Ucrania, utiliza a América Latina como elemento de distracción estratégica. La Unión Europea, afectada por crisis internas, ha reducido su papel como referente moral y alinea sus políticas con Estados Unidos para garantizar su estabilidad.

El sistema educativo en la región muestra un declive en la formación de ciudadanos con pensamiento crítico, generando individuos orientados al mercado o consumidores influenciados por plataformas tecnológicas extranjeras. Esta dependencia ha fomentado la admiración por modelos externos que representan éxito y estabilidad, lo que dificulta la movilización contra potencias que encarnan estos ideales.

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Se consolida un paradigma social basado en la ecuación ‘seguridad por libertad’, donde sectores de la población aceptan intervenciones externas si estas prometen orden. Este cambio ocurre en un contexto global donde la capacidad de imponer normas define su aplicación, como ilustran acciones recientes de la administración de Donald Trump, incluyendo declaraciones sobre Canadá, tensiones con Dinamarca por Groenlandia y presiones a líderes latinoamericanos.

Eventos que en el pasado habrían generado reacciones diplomáticas inmediatas actualmente pasan con menor repercusión. América Latina enfrenta una reinterpretación de la Doctrina Monroe, aplicada sin mediaciones diplomáticas tradicionales, en un escenario marcado por el agotamiento ciudadano y el enfoque de potencias en otros intereses estratégicos.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**