La captura de Nicolás Maduro en el Fuerte Tiuna el 3 de enero de 2026 en Caracas, Venezuela, no fue el resultado de una acción improvisada. Tras rechazar la opción de exilio, la administración Trump puso en marcha la Operación Resolución Absoluta, una misión en la que confluyeron inteligencia militar e inteligencia artificial para garantizar el éxito.
Esta combinación de armamentos avanzados, inteligencia artificial y recursos humanos bien entrenados explica por qué Estados Unidos logró tomar rápidamente el control absoluto del espacio aéreo venezolano e incomunicar a los mandos militares, evitando un enfrentamiento abierto.

Durante meses, Washington desplegó miles de tropas en las proximidades de Venezuela, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford y otros buques de guerra, mientras las agencias de inteligencia infiltraban a su personal en el territorio del país sudamericano.
De acuerdo con The Wall Street Journal, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) logró infiltrarse en el círculo íntimo de Maduro, permitiendo un seguimiento exhaustivo de sus rutinas. En paralelo, fuerzas de operaciones especiales ensayaban de forma constante la misión, practicando la extracción del mandatario sobre réplicas exactas de su recinto fortificado.
La CIA, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Nacional de Inteligencia Aeroespacial articularon la recopilación y explotación de información crítica, apoyadas por sistemas avanzados de inteligencia artificial desarrollados por empresas como Palantir con sus plataformas TITAN y Gotham, Anduril Industries con el sistema Lattice, además de las soluciones de Raytheon Technologies y Northrop Grumman. Gracias a esta infraestructura, fue posible procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real.
La Operación Resolución Absoluta movilizó más de 150 aeronaves avanzadas, garantizando el control del espacio aéreo, terrestre y marítimo de Venezuela.
Los cazas F-22 y F-35 aseguraron el dominio del espacio aéreo; los F/A-18 y los drones MQ-9 Reaper brindaron apoyo táctico; mientras que la guerra electrónica resultó determinante a través de los aviones EA-18G Growler, equipados con cápsulas ALQ-99, que neutralizaron los sistemas antiaéreos S-300VM de origen ruso.
Estas aeronaves bloquearon las comunicaciones entre los mandos militares. Además, la guerra electrónica también recurrió a ciberataques para neutralizar todo el sistema de comunicación y electricidad en Venezuela, especialmente en Caracas.
En el plano terrestre, la ejecución final recayó en la unidad élite Delta Force. Su inserción, captura y extracción de Nicolás Maduro del territorio venezolano se realizó mediante una arquitectura aérea precisa: helicópteros MH-47G Chinook para el despliegue pesado; MH-60M Black Hawk para apoyo táctico; y CV-22B Osprey, utilizados para la extracción inmediata.
La captura de Nicolás Maduro evidencia que la superioridad militar ya no se define únicamente por la posesión de armamento sofisticado, sino por la capacidad de combinarlo con inteligencia artificial y, sobre todo, con el ingenio humano, capaz de adaptar estas tecnologías a entornos complejos.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**



