Hasta ahora la base republicana apoyaba a Donald Trump en la guerra de Irán. Tres semanas después, el miedo recorre el movimiento MAGA (Make American Great Again). Su amado líder se aleja de sus preocupaciones vitales y solo se preocupa de hacer Historia, con … mayúscula.
La astucia política del presidente es infravalorada fuera de Estados Unidos. El magnate neoyorquino ha sabido tejer dos veces una coalición electoral de grupos con diferentes agendas y mantenerla unida, algo que los demócratas sabían hacer en el pasado. Los MAGA son esenciales en este sudoku. Se oponen a las llamadas ‘guerras eternas’, como Irak o Afganistán, con un alto coste en vidas y dinero. En el caso del conflicto de Irán, en el que no hay una estrategia clara ni una salida prevista, Joe Kent, prototipo de líder MAGA, ha dimitido como director de Contraterrorismo y ha negado que Irán sea una amenaza existencial para su país.
Las elecciones legislativas de noviembre están a la vuelta de la esquina. Un empeoramiento del precio de la vida, en especial una subida del galón de gasolina, debilitaría las posibilidades de los candidatos republicanos. Trump barrunta declarar victoria con el argumento de haber retrasado de forma sustantiva el programa nuclear iraní y destrozado su capacidad militar, en especial en el lanzamiento de misiles. El cambio de régimen, mejor para otro día. Pero un Irán revanchista puede mantener incendiada la región y seguir chantajeando la economía mundial en el estrecho de Ormuz.
El presidente puede ceder a la tentación de poner tropas estadounidenses sobre el terreno, con dos objetivos, la liberación de este paso marítimo y la extracción del uranio enriquecido iraní. El riesgo de una guerra larga aumentaría de forma exponencial. Es significativo que el vicepresidente J. D. Vance, adalid de los MAGA y de las grandes empresas tecnológicas, no ha apoyado explícitamente el conflicto con Irán. Solo afirma que «espera que el presidente consiga completar la tarea».


