Irán crea una comisión para investigar las protestas contra el régimen de los ayatolás

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Veinticuatro horas después del anuncio del presidente Masoud Pezeshkian, el Gobierno iraní anunció este viernes la creación de una comisión de investigación sobre las protestas que estallaron a comienzos del mes pasado y acabaron con más de 3.000 muertos, según las cifras oficiales que organizaciones de derechos humanos consideran cortas. «Se ha formado un comité de investigación con representantes de las instituciones pertinentes que está recopilando documentos y tomando declaraciones. El informe final se publicará y se adoptarán acciones legales una vez que concluya el proceso», declaró la portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, a la agencia local ISNA.

Pezeshkian adelantó el jueves la puesta en marcha de «equipos para investigar las causas» de las protestas, cuyos primeros pasos se produjeron en el bazar de Teherán a causa de la grave crisis económica que sufre el país, asfixiado por las sanciones y la corrupción. Con el paso de los días, el malestar fue creciendo y se extendió a todo el país. Las movilizaciones se convirtieron en batallas campales contra las fuerzas de seguridad y todo un pulso al régimen, con eslóganes en contra del Líder Supremo. La represión fue brutal y el régimen argumentó que las miles de víctimas fueron a causa de «terroristas» al servicio de Estados Unidos e Israel.

El régimen abrió esta investigación sobre las protestas, muy lejos de los parámetros de una pesquisa independiente, al tiempo que trata de mantener abierta la vía diplomática para retrasar un ataque de Estados Unidos. Donald Trump resistió la presión de Benjamin Netanyahu, que esta semana viajó a Washington, y apostó por el diálogo para intentar llegar a un acuerdo con la república islámica. Pero la paciencia del presidente estadounidense es limitada y no está nada claro que los iraníes vayan a mostrar flexibilidad en su programa balístico y en el apoyo a grupos armados de la región, dos puntos que ellos consideran al margen del programa nuclear.

La negociación se lleva a cabo bajo la presión que supone para Teherán el incremento de presencia militar estadounidense en la región, que pronto se verá reforzada con la llegada de un segundo portaviones. El movimiento del USS Gerald R. Ford, el mayor portaviones del mundo, hará que haya dos buques de este tipo en la región, según revelaron fuentes militares a ‘The New York Times’. Desplegar dos barcos de este tipo en la zona es una medida excepcional que ya sucedió en el pasado, cuando se lanzó la invasión de Irak (2003) o se elevó la tensión por el programa nuclear iraní en 2008, durante el mandado de George Bush.


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