Irán clama venganza tras los asesinatos de Alí Lariyani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y hombre fuerte del sistema tras la muerte de Alí Jamenei, y del máximo responsable de los basiyíes, Gholamreza Soleimani. La república islámica despedirá en las próximas horas a … estos dos altos cargos asesinados por Israel y se esperan funerales multitudinarios. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declaró que el sistema político de Teherán sigue siendo sólido y que «el asesinato de los líderes no hará retroceder al país».
Israel retoma la estrategia de los asesinatos selectivos que emplea desde hace décadas contra Hamás, Hizbolá o Yihad Islámica, que no le ha servido para acabar con estos grupos y que normalmente ha traído relevos más radicales con cada muerte. En Irán, el Mossad asesinó a varios científicos clave del desarrollo nuclear, una estrategia que pudo demorar el avance, pero no acabó con el programa.
En el caso de la república islámica, los posibles relevos de Lariyani, como Saeed Yalili, proceden del sector más ultraconservador del régimen y se han caracterizado por su oposición frontal a cualquier contacto con Estados Unidos. Al eliminar a una figura del ala dura, pero pragmática como Lariyani, Israel acabó con el exponente de una generación que ha sabido moverse entre el dogma más radical de Irán y la necesidad de establecer puentes con el enemigo para sobrevivir, como demostró durante todo el proceso nuclear.
La venganza iraní ha consistido en el lanzamiento de misiles y drones durante la noche. Una bomba de racimo ha superado las defensas israelíes y ha golpeado en Ramat Gan, matando a dos personas. En el Golfo, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí han sido objetivo de los drones iraníes y la actividad en el estrecho de Ormuz permanece bajo la estricta vigilancia de Teherán, que solo permite el tránsito de barcos de determinados países como India, Pakistán o Turquía.

Hizbolá lanzó decenas de cohetes a Israel y los israelíes han castigado con dureza Beirut, donde han atacado cuatro edificios, tras dar las órdenes de desalojo, en pleno corazón de la capital. Al menos 6 personas han muertos y la sensación en la ciudad es que no queda un lugar seguro.
Supervivencia del sistema
El sistema iraní no colapsó tras la muerte de Jamenei y decenas de altos cargos en los primeros bombardeos lanzados por sorpresa por Israel y Estados Unidos y no parece que pueda colapsar si sufre nuevas pérdidas en la cúpula.
«El sistema fue diseñado desde el principio para no ser simplemente la sombra de un solo hombre, por muy elevada que fuera su posición. La República Islámica no es un régimen autocrático como en el contexto árabe más conocido, donde toda la estructura se derrumba cuando desaparece su cabeza. Es un sistema complejo, ideológico y blindado, con una autoridad religiosa en la cúspide, bajo la cual existe una red de instituciones sólidas –algunas constitucionales, otras de seguridad, otras burocráticas y económicas– que trabajan para preservar la propia entidad, no simplemente para servir a un individuo», explicó el ex parlamentario y analista kuwaití Abdullah Fahad Al Nafisi, en un análisis ofrecido por el canal Al Yazira.
EE.UU. ataca la costa de Irán cerca del estrecho de Ormuz
El Ejército estadounidense ha atacado objetivos a lo largo de la costa iraní cerca del estrecho de Ormuz con potentes bombas antibúnker debido a que los misiles antibuque iraníes representan un riesgo para el transporte marítimo internacional en la zona. El estrecho, punto de tránsito para una quinta parte del comercio mundial de petróleo, permanece prácticamente cerrado ante la amenaza iraní de atacar petroleros vinculados a Estados Unidos e Israel. Esto ha motivado una reducción del suministro y un incremento considerable en los precios del petróleo.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha criticado repetidamente en los últimos días a los países aliados por su tibia respuesta a sus solicitudes de ayuda militar para restablecer el paso de los petroleros por el estrecho. La mayoría de los aliados de Estados Unidos en la OTAN le han dicho a Trump que no quieren involucrarse en el conflicto, describiendo su postura como «un error muy tonto».


