Los ministros de Exteriores de Pakistán, Turquía, Egipto y Arabia Saudí se reunieron este domingo en Islamabad para intentar rebajar la escalada en la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. El esfuerzo diplomático liderado por Islamabad no convence a los iraníes, … que piensan que se trata de una maniobra de distracción de Donald Trump mientras «planifica en secreto una invasión terrestre», según el presidente del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf. Un refuerzo de 2.500 marines llegó a Oriente Próximo durante el fin de semana, al tiempo que los mandos militares iraníes reafirmaban su «control total» sobre el estrecho de Ormuz.
Las autoridades paquistaníes emergen como mediadoras de un conflicto que, superado el primer mes, se expande regionalmente a Yemen con la entrada en juego de los hutíes, aliados de Teherán, y globalmente, debido al impacto del cierre de Ormuz en el precio del crudo.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, dijo que su papel había consistido hasta el momento en la transmisión de mensajes entre las partes y la cumbre se presentó como un primer paso preparatorio para alinear posiciones de cara a futuras conversaciones entre Teherán y Washington. El proceso está en su fase inicial y cualquier contacto, más o menos intenso, se debe producir bajo el fuego, tal y como siempre ha defendido Benjamin Netanyahu, la persona que marca los plazos y la intensidad del conflicto.
Teherán mira a la Casa Blanca más que a Islamabad y Ghalibaf advirtió a Trump de que las fuerzas iraníes están «esperando a que los soldados estadounidenses entren por tierra para prenderles fuego». El hombre a quien los medios estadounidenses e israelíes señalan como el posible interlocutor en unas hipotéticas negociaciones describió el plan estadounidense de 15 puntos como una «humillación», y afirmó que «estamos seguros de que podemos castigar a Estados Unidos y hacerle lamentar haber considerado atacar Irán».
«Estamos esperando a que los soldados estadounidenses entren por tierra para prenderles fuego»
Mohamed Bagher Ghalibaf
Presidente del Parlamento de Irán y posible negociador
El tono desafiante de Ghalibaf estuvo a la altura del empleado por Netanyahu, quien aseguró que sus bombardeos están creando «grietas visibles en el régimen del terror en Teherán. Irán ya no es el mismo Irán (…) En lugar de que ellos nos sorprendan, somos nosotros quienes los sorprendemos. Somos el lado que actúa, el lado que ataca, el lado que inicia, y estamos profundamente dentro de su territorio».
El primer ministro israelí aprovechó para adelantar que, en el Líbano, había ordenado «ampliar aún más la zona de seguridad existente para frustrar definitivamente la amenaza de invasión de Hizbolá y alejar el fuego de misiles antitanque de nuestra frontera».
Las palabras de Netanyahu se trasladaron al campo de batalla con una de las jornadas de bombardeos más duros contra Irán, según el balance de la organización no gubernamental Hrana. Israelíes y estadounidenses han ampliado su lista de objetivos al tejido industrial, las universidades de la república islámica y medios de comunicación como el canal Al Araby, de propiedad catarí, cuya oficina destrozaron en Teherán.
Irán lanzó un día más repetidas oleadas de misiles balísticos contra Israel, sin causar víctimas, aunque se registró un incendio en un gran complejo industrial al sur del país. Los iraníes siguieron fieles a su estrategia de reciprocidad y, tras los golpes de Israel a sus acerías, atacaron una planta química en Beersheba, lo que obligó a las autoridades a pedir a la población que permaneciera en sus casas por riesgo de fuga de materiales peligrosos.
El Golfo también vivió una jornada más bajo los misiles y drones de la república islámica. Diez militares resultaron heridos en un ataque contra un campamento del Ejército en Kuwait. Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí también interceptaron proyectiles a lo largo del día.
Tensa espera
Los iraníes esperan la operación terrestre de un enemigo cuyo objetivo número uno es reabrir Ormuz para el paso seguro de petroleros. El estrecho, por donde discurría el 20 por ciento del crudo mundial, permanece abierto para barcos de países amigos y, en las últimas 24 horas, al menos dos buques de gas licuado indios lograron atravesar el paso con seguridad y se dirigieron hacia Bombay.
En Teherán temen que Trump se lance a por la isla de Jark, su principal centro petrolífero, pero también contemplan la posibilidad de una operación de asalto terrestre para hacerse con el uranio enriquecido que poseen y que, según Estados Unidos e Israel, podría utilizarse en el futuro para armas nucleares, algo que siempre han negado desde la república islámica.
«Hay grietas visibles en el régimen del terror en Teherán. Irán ya no es el mismo Irán. Somos el lado que actúa, el lado que ataca, y estamos profundamente dentro de su territorio»
Benjamin Netanyahu
Primer ministro de Israel
Los aliados hutíes de Teherán advirtieron el sábado de que, en caso de operación terrestre estadounidense, cerrarán el paso de barcos mercantes por el mar Rojo. Los rebeldes yemeníes ya demostraron el año pasado su capacidad para bloquear esta ruta clave para el comercio entre Asia y Europa. Pueden repetirlo y añadir otro factor de presión global para los mercados.
Funeral en Beirut
El segundo gran frente para Israel es el Líbano, donde el Ejército logró avanzar en varias zonas del sur. Una fuente militar libanesa citada por Al Yasira reveló que los israelíes habrían logrado rodear Aitaroun y alcanzar las afueras de Wadi al Salouqi, además de entrar en la localidad de Al Bayada y establecer allí varias posiciones. También avanzaron hacia el río Litani desde Qantara y alcanzaron uno de sus afluentes en el sector oriental. Israel informó de la muerte de otro soldado en combate y ya son cuatro las bajas en el frente libanés.
Beirut despidió a los reporteros Alí Shaib, Fatima Ftouni y su hermano Mohamed, muertos el sábado por el lanzamiento de cuatro misiles israelíes contra el coche en el que viajaban. Los cuerpos fueron enterrados en un cementerio provisional en Choueifat, al sur de la capital, a la espera de poder llevarlos a sus localidades natales en el sur del país una vez concluya la guerra. Cientos de familiares, amigos y colegas se reunieron para darles el último adiós.
Bajo una lluvia intensa y gritos de «¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!», compañeros de los reporteros consultados por este medio recordaron que «el derecho internacional establece que, independientemente de su afiliación política, los periodistas son considerados civiles y atacarlos constituye un crimen de guerra».
Las tres víctimas trabajaban para medios vinculados a Hizbolá e Irán. En el caso de Shaib, a quien el Ejército israelí identificó como miembro de las fuerzas especiales de Hizbolá sin aportar prueba alguna, llevaba tres décadas cubriendo la peligrosa situación al sur del Líbano y era toda una referencia sobre el terreno.

