Trump ha justificado los bombardeos alegando la necesidad de impedir que Irán acceda a la bomba nuclear, que estaría ya a su alcance, pero según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el organismo de la ONU con capacidad de supervisión, las … capacidades nucleares iraníes siguen intactas. Después de una reunión extraordinaria de la Junta de Gobernadores de la OIEA en Viena, donde tiene su sede la organización, su director general Rafael Grossi ha informado de que no existen indicios de ataques ni daños en las instalaciones nucleares iraníes clave para su programa nuclear. Grossi ha pedido, además, a todas las partes una «contención extrema» para evitar que la crisis derive en un escenario de riesgo radiológico o en un deterioro irreversible del marco de no proliferación nuclear.
Según la información recopilada hasta el momento por los equipos técnicos del organismo sobre el terreno, la central nuclear de Bushehr, ubicada en el sur del país, y el reactor de investigación de Teherán continúan operando sin alteraciones. No se han detectado daños estructurales ni interrupciones en su funcionamiento. Tampoco se ha registrado un aumento de los niveles de radiación en los países vecinos, que el OIEA monitoriza de forma continua.
En varios puntos se ha comprobado que no se han elevado en las últimas cuarenta y ocho horas los niveles de radiación, lo que para Grossi no elimina la preocupación. La región alberga múltiples instalaciones nucleares civiles y de investigación, tanto en Irán como en otros países que han sido blanco de ataques o que participan en la escalada. «En un contexto de tensión militar, cualquier incidente, incluso accidental, podría tener consecuencias transfronterizas», ha advertido.
Fuentes internas de la OIEA consultadas por ABC señalan que Irán solamente ha visto disminuir material para la fabricación de combustible nuclear, relacionado con el complejo de investigación en Isfahan y las instalaciones en Natanz y Fordo, donde se enriquece el uranio. Uno de los elementos que más inquietud genera en estos momentos dentro de la OIEA es la interrupción de los canales de comunicación con las autoridades reguladoras iraníes. Teherán no ha respondido a los últimos intentos de contacto por parte del organismo y la falta de interlocución dificulta la verificación en tiempo real y limita la capacidad de reacción ante cualquier eventualidad. Grossi ha insistido en que estos canales son «indispensables» para garantizar la seguridad nuclear y ha recordado que, incluso en momentos de máxima tensión política, la cooperación técnica entre la organización e Irán ha sido un pilar fundamental para evitar malentendidos y mantener la estabilidad del programa nuclear civil.
Peligro de radiación
Grossi no ha dejado de señalar el riesgo que su pone una situación de guerra en un territorio en el que hay material nuclear activo y ha prevenido que «la combinación de ataques militares, represalias y la presencia de instalaciones nucleares activas en varios países de Oriente Próximo incrementa la amenaza para la seguridad nuclear regional». El hecho de que la OIEA no haya detectado por el momento fugas ni alteraciones en los niveles de ración, no significa con total seguridad que no se estén produciendo y el director general ha insistido en que un ataque directo contra una instalación nuclear, o incluso un impacto accidental, podría liberar material radiactivo y obligar a evacuar áreas densamente pobladas, generando a su vez oleadas de refugiados.
El organismo ha reiterado que las instalaciones nucleares no deben convertirse en objetivos militares y Grossi se ha permitido recordar que atacar un reactor o una planta de investigación no solo violaría principios fundamentales del derecho internacional, sino que podría desencadenar una crisis humanitaria y medioambiental de gran escala.
Por eso ha defendido que la única vía sostenible para evitar que Irán avance hacia capacidades militares en el ámbito nuclear es retomar la diplomacia y ha declarado que el uso de la fuerza «presente en las relaciones internacionales desde tiempos inmemoriales, es la opción menos favorable».
En su opinión, las negociaciones, aunque difíciles, siguen siendo posibles. La diplomacia nuclear, dijo, «es incluso más dura» que la convencional, pero no por ello inviable. La cuestión, ha dicho, «no es si las partes volverán a la mesa, sino cuándo lo harán. Y cuanto antes se produzca ese retorno, menor será el riesgo de que la situación actual desemboque en un punto de no retorno». Desde su condición de actor no político, sino encargado de verificar, medir y alertar sobre riesgos que pueden tener consecuencias globales, la OIEA alerta contra una «espiral de confrontación prolongada».


