Iglesia afirma que en el país se ha promovido la corrupción, partido tras partido y gobierno tras gobierno

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La Iglesia afirmó que en el país se ha promovido la corrupción de manera sostenida, “partido tras partido y gobierno tras gobierno”, una práctica que, advirtió, ha debilitado la esencia de la democracia y ha impactado negativamente la vida social, política y económica.

El señalamiento fue realizado durante el Sermón de las Siete Palabras del Viernes Santo, en la reflexión de la Primera Palabra de Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, pronunciada por Francisco Benito Alvarado Herrera, vicario de pastoral juvenil y de adolescentes.

Durante su intervención, el religioso explicó que la condena de Jesús fue el resultado de la combinación entre la injusticia, la ignorancia y la acción deliberada del mal, señalando que esa misma lógica continúa presente en la sociedad actual, donde intereses particulares se imponen sobre la verdad y la justicia.

En ese contexto, sostuvo que la corrupción no es un hecho aislado, sino parte de una estructura que se ha consolidado con el tiempo, debilitando las instituciones y generando desigualdad. Indicó que esta realidad ha sido sostenida a través de distintos períodos políticos, lo que ha contribuido a una democracia “quebrada en su esencia”.

También se cuestionaron prácticas dentro de distintas instituciones donde se priorizan intereses particulares o políticos por encima del servicio, mencionando situaciones en las que se protege la imagen o la posición antes que responder a las necesidades reales de la población.

Asimismo, advirtió que la sociedad enfrenta una crisis más amplia, al señalar que la humanidad “sangra por las guerras y se distancia de la paz”, en medio de conflictos internacionales, un medio ambiente que exige mayor cuidado y una creciente pérdida de valores.

El mensaje también cuestionó prácticas que se han normalizado dentro de la vida pública, donde se “salva el puesto, pero no el servicio; el partido, pero no la patria; la institución, pero no al hombre herido en su dignidad”, en referencia a la falta de compromiso con el bienestar colectivo.

Durante la reflexión, se abordaron otros problemas que afectan directamente a la sociedad, como el acceso a armas, drogas y alcohol, señalando que esta situación se ve agravada por la incapacidad y complicidad de sectores responsables del control, lo que permite que estos elementos circulen con facilidad, incluso entre jóvenes en edad escolar.

El religioso también alertó sobre el impacto de las redes sociales y plataformas digitales, indicando que muchos jóvenes están siendo influenciados por contenidos que promueven una visión distorsionada de la realidad, basada en el relativismo, el culto al cuerpo y una falsa idea de la felicidad.

En cuanto a la niñez, se advirtió que la formación de muchos niños está siendo desplazada del entorno familiar hacia las pantallas, lo que los expone a contenidos perjudiciales y debilita su desarrollo integral, al tiempo que se reduce el rol formativo de padres y madres.

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El mensaje también hizo énfasis en el deterioro del respeto a la vida humana, señalando que la violencia en todas sus dimensiones continúa siendo una de las principales amenazas. En ese sentido, lamentó que persistan situaciones en las que hombres ejercen violencia contra mujeres, dejando familias destruidas, niños en condición de orfandad y una cadena de dolor social.

Asimismo, se destacó la difícil realidad que enfrentan los sectores más vulnerables, como los pobres, enfermos, inmigrantes y excluidos, quienes muchas veces no reciben la atención ni la protección necesarias, incluso en espacios donde deberían ser acogidos.

En otro aspecto, se hizo un llamado a la propia Iglesia a reconocer sus debilidades, pidiendo perdón por las veces en que no ha estado presente donde la sociedad más la necesita, especialmente cuando ha fallado en acompañar a los más pequeños, excluidos o vulnerables.

El mensaje insistió en que la fe no puede vivirse de manera individualista ni reducida a lo personal, sino que debe expresarse en comunidad, con compromiso social, solidaridad y responsabilidad colectiva frente a las injusticias.

Finalmente, se reiteró que el camino ante esta realidad sigue siendo el perdón, la conversión y la transformación social, recordando que la misericordia está por encima de cualquier juicio humano y que el cambio debe comenzar desde cada persona y cada institución.

El mensaje concluye recordando que, frente a una sociedad marcada por la corrupción, la violencia y la desigualdad, el llamado sigue siendo el mismo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.



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