El primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, ha anunciado este miércoles que dejará de exportar gas a Ucrania mientras Kiev no reanude el tránsito del crudo ruso hacia el territorio magiar. «Mientras Ucrania no suministre petróleo, no recibirá gas de Hungría», ha zanjado … en un vídeo publicado en Facebook.
Orbán también mantiene bloqueado el préstamo europeo de 90.000 millones de euros a Kiev, por el mismo motivo. Pero más que recursos energéticos, Orbán necesita un conflicto con Zelenski como parte de su estrategia electoral. Todas las encuestas avanzan una ventaja de su competidor, Peter Magyar, y Orbán tiene un plan para dar la vuelta a los sondeos y permanecer en un cargo que ocupa desde 2010.
De su éxito o su fracaso depende la unidad de la UE en política exterior, en defensa y migración, por lo que hay muchos intereses en juego. Este cruce de conveniencias geopolíticas está dando lugar a una campaña electoral endiablada, en la que se percibe una larga sombra, tanto de Estados Unidos como de Rusia.
Donald Trump publicó un nuevo vídeo en redes sociales llamando a los húngaros a votar a Orbán en las elecciones del 12 de abril. «Nunca defraudará al gran pueblo de Hungría» garantiza sobre el que describe como un «líder sólido, cercano a su pueblo y comprometido con los intereses nacionales».
Orbán cuenta también con el apoyo de Vladímir Putin y, en las calles de Budapest, los carteles electorales del partido gobernante Fidesz muestran a Zelenski como el enemigo principal de Hungría, abrazado al candidato opositor liberal Péter Magyar y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, bajo los que se lee «Ök a kockázat» («aquí está el riesgo») o «Ne hagyjuk, hogy Zelenskij győzzön» («no dejemos que Zelenski se salga con la suya»).
Orbán ha acusado a Zelenski, incluso, de financiar a la oposición. La estrategia busca movilizar al electorado más fiel a Orbán, repitiendo una táctica ya empleada en 2022: vincular a la oposición con la guerra en Ucrania y con las élites europeas.
Con Trump y Putin de su parte, además del apoyo internacional de las derechas ultranacionalistas, Orbán cree poder remontar en las dos semanas que quedan hasta las elecciones, como hizo en 2022. Y estaría dispuesto a utilizar un par de trucos baratos, según ha publicado el ‘Washington Post’. Este periódico estadounidense ha publicado que los servicios de inteligencia rusos han activado una operación denominada ‘Gamechanger’, que tiene como objetivo aupar en las encuestas a Fidesz, que incluso en zonas rurales tradicionalmente leales a Orbán está perdiendo terreno.
Los agentes rusos habrían propuesto al Gobierno húngaro simular un intento de asesinato contra el primer ministro, con el objetivo de provocar un efecto emocional que revirtiera la tendencia electoral, un plan inspirado en el atentado fallido contra Donald Trump en julio de 2024. Fuentes occidentales citadas por el periodista húngaro ‘Szabolcs Pany’ aseguran que Rusia ya ha desplegado equipos en Hungría para difundir desinformación y financiar movilizaciones.
Varios servicios de inteligencia están implicados en la campaña. También fue ‘Washington Post’ el que denunció que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, ha estado manteniendo contactos directos con el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, incluso durante reuniones del Consejo de la UE en Bruselas, demostrando así el papel de Hungría como quinta columna de Moscú en Europa.
Y otro periódico occidental, ‘The Guardian’, ha revelado que la misión de la OSCE para observar las elecciones en Hungría estará liderada por Daria Bojarskaja, una exfuncionaria cercana a Putin, lo que ha generado sospechas sobre la imparcialidad del proceso. Estas informaciones beneficiarían aparentemente a Peter Magyar, que se enfrenta a Orbán en las urnas pero procede también de la órbita de Fidesz y del círculo de confianza del primer ministro.
Peter Magyar lidera las encuestas
Magyar apareció casi de la nada hace dos años, cuando la entonces presidenta Katalin Novák indultó a un hombre implicado en el encubrimiento de casos de abuso en un hogar infantil. La entonces ministra de Justicia y posteriormente diputada Judit Varga, exmujer de Magyar, había firmado el indulto. Ambas tuvieron que dimitir y se hizo viral una entrevista en la que Peter Magyar denunciaba los dobles raseros y la corrupción interna del gobierno.
Su figura llamó la atención al otro lado del Atlántico y pronto asumió el control del aún joven y pequeño partido Tisza (Partido del Respeto y la Libertad), que ha ido convocando manifestaciones cada vez más masivas contra Orbán y al que todas las encuestas otorgan hoy entre 10 y 20 puntos porcentuales de ventaja.
Y mientras las grandes potencias se la disputan, Hungría enfrenta serios problemas económicos. Con una economía estancada desde la pandemia, una inflación galopante y una moneda en caída libre, lidera además el ranking de corrupción en la Unión Europea, según Transparencia Internacional.
«Los húngaros nos jugamos el pan en estas elecciones existenciales», dice Daniel Mikecz, del instituto Republikon, ‘think tank’ húngaro de orientación liberal progresista, «y a la vez decidimos si queremos seguir formando parte de Occidente o, en última instancia, alinearnos con Rusia». Añade que «la victoria de Orbán no solo consolidaría un régimen autoritario en el corazón de Europa, sino que significaría el éxito de la estrategia del Kremlin para dividir y debilitar a la Unión Europea desde dentro».


