Encuesta AP-NORC: Cómo el frío extremo afecta la vida de los estadounidenses

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WASHINGTON — Millones de estadounidenses iniciaron el 2026 con temperaturas gélidas, y muchos afirman que hacía años que no experimentaban un invierno tan frío.

“Tuberías que no se habían congelado en 15 años se congelaron”, relató Chris Ferro, de 58 años, residente de Brooklyn, Nueva York, sobre las temperaturas anormalmente bajas de enero y febrero. Ferro, propietario de varios inmuebles en Albany, explicó que los días consecutivos bajo cero le impidieron realizar reparaciones y renovaciones.

Agradeció que ninguna tubería reventara y destacó que este invierno recuperó la crudeza que recordaba de su juventud, un contraste marcado con los inviernos más templados de los últimos años.

Según una nueva encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos Associated Press-NORC, aproximadamente seis de cada diez adultos estadounidenses han sufrido personalmente los efectos del frío severo o de tormentas invernales intensas en los últimos cinco años. Esta cifra representa un aumento con respecto a la encuesta de febrero de 2025, cuando solo la mitad declaró haber sido afectada por el frío extremo.

El dato refleja una mayor frecuencia —o al menos percepción— de experiencias con climas gélidos, tras una masiva tormenta invernal que cubrió de hielo la Costa Este y provocó apagones generalizados en el Sur.

En un planeta que se calienta, la reacción al frío es subjetiva. Estudios científicos señalan que el primer cuarto del siglo XXI fue inusualmente cálido para los estándares históricos —principalmente por el cambio climático antropogénico—, y que los inviernos anormalmente fríos son cada vez menos frecuentes en Norteamérica.

Precisamente porque este frío extremo es más esporádico, los expertos indican que los estadounidenses lo perciben con mayor intensidad y que los periodos prolongados de bajas temperaturas resultan desconocidos para muchos, especialmente para los más jóvenes.

En verano de 2024, una encuesta de AP-NORC ya había revelado que cerca de siete de cada diez adultos en EE.UU. habían experimentado calor extremo u olas de calor en el lustro anterior.

El sondeo más reciente detalla cómo, solo en el último año, el frío ha alterado la vida de los estadounidenses en múltiples frentes. Cerca del 70% afirma que sus facturas de electricidad o gas han sido más elevadas de lo habitual debido a tormentas invernales o frío extremo.

Alrededor del 40% ha vivido cancelaciones laborales o escolares por estas causas, un tercio ha sufrido cortes de energía y tres de cada diez han enfrentado cancelaciones o retrasos en viajes.

Annie Braswell, de 66 años y residente en Greenville, Carolina del Norte, describió enero y febrero como “el frío más intenso en 40 años” y contó que su factura de servicios se duplicó. Un cambio drástico respecto al verano anterior, cuando soportó numerosos días a 38°C o más.

“Tomo la vida día a día y asumo que hay cosas que no puedo cambiar”, compartió Braswell al hablar sobre cómo lidia con las temperaturas extremas.

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Tanto las olas de calor como las de frío exigen un mayor uso de calefacción o refrigeración para mantener el confort en interiores, lo que se traduce en facturas más altas. El precio de la electricidad sigue al alza en EE.UU., y una encuesta de AP-NORC de octubre de 2025 reveló que casi cuatro de cada diez adultos consideran este costo una “fuente de estrés importante”.

Bill McKibben, reconocido activista climático, afirmó en una entrevista con The Associated Press que el encarecimiento de la electricidad tendrá un fuerte impacto político.

Los efectos del frío se extendieron por amplias zonas del país: alrededor del 60% en el Medio Oeste, la mitad en el Sur y el 40% en el Noreste reportaron cancelaciones laborales o escolares, frente a solo el 15% en el Oeste.

Entre quienes han experimentado algún fenómeno meteorológico severo en los últimos años —frío extremo, calor abrasador, sequías, huracanes, inundaciones, incendios forestales o tornados—, cerca de dos tercios atribuyen estos eventos al cambio climático.

“Creo que el cambio climático es un proceso natural… acelerado en parte por factores como las emisiones industriales y navieras”, opinó Joseph Bird, un estudiante universitario independiente de 21 años en Provo, Utah. “Diría que incrementa la frecuencia de los fenómenos extremos”, añadió.

Los demócratas e independientes que han vivido eventos climáticos severos son mucho más propensos que los republicanos a vincularlos con el cambio climático. La brecha es especialmente amplia entre republicanos conservadores —solo tres de cada diez ven una relación— y demócratas liberales, donde la gran mayoría sí la percibe.

Aunque el calentamiento global eleva las temperaturas medias, los científicos explican que los episodios de frío extremo en Norteamérica también son una faceta del cambio climático. El vórtice polar ártico —una zona de baja presión y aire gélido normalmente confinada al Polo Norte— puede expandirse hacia latitudes más bajas. Investigaciones recientes indican que estas alteraciones son cada vez más frecuentes debido al rápido calentamiento del Ártico y a la reducción de su capa de hielo marino.

En conjunto, el 80% de los adultos estadounidenses ha experimentado algún evento climático severo en los últimos cinco años, siendo el calor extremo y el frío intenso los más mencionados, por encima de sequías, huracanes, inundaciones, incendios o tornados.

No se observan diferencias partidistas significativas en la vivencia de estos fenómenos, pero sí en su interpretación: cerca del 80% de los demócratas afectados los atribuyen al cambio climático, frente a solo el 40% de los republicanos.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**