Javier Lacort
Javier Lacort
Alphabet acaba de cerrar la mayor operación de deuda de su historia: 20.000 millones de dólares en bonos. Y prepara algo más raro: una emisión en libras que incluye un bono a 100 años. Vence en 2126.
Por qué es importante. Ninguna gran tecnológica ha emitido un bono centenario desde IBM en 1996. Que Google lo haga ahora dice mucho sobre la escala de inversión que requiere la IA. Y que esta carrera se financia con deuda salvaje.
El trasfondo:
Entre líneas. Un bono a un siglo años es una declaración de intenciones: “estamos construyendo infraestructura que durará generaciones”. Google está transmitiendo así que la IA no es una moda de tres años ni algo que olvidaremos tras el pinchazo, sino algo que transformará la economía a largo plazo como lo hicieron los ferrocarriles o la electricidad.
Sí, pero. Michael Burry, el inversor que anticipó la crisis de 2008, ha lanzado una advertencia que se ha viralizado: la última tecnológica que emitió un bono centenario fue Motorola en 1997. Y según él, ese fue “el último año en que Motorola importó”.
En 1997 era una empresa top 25 en Estados Unidos, pero un año después, Nokia le adelantó y luego llegaron el iPhone, Android, los fabricantes chinos… y ahora, en manos de Lenovo, a duras penas encaja en el top 10 de fabricantes de móviles. Burry pregunta: ¿es esto confianza o el gesto que se hace justo en la cumbre, antes de que todo cambie?
Las cifras. El gasto de Alphabet en infraestructura este año puede llegar, según cifras publicadas por la empresa, a los 185.000 millones de dólares. Más que los tres años anteriores juntos. Son centros de datos, chips, capacidad de computación para IA…
Las cinco otras grandes que han aumentado su capex (Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle; Apple lo ha reducido) emitieron 121.000 millones en bonos el año pasado. Cuatro veces más que la media anual de 2020-2024.
¿Principal ganador? Google, sin duda. Emitir deuda a muy largo plazo bloquea los tipos de interés favorables durante décadas.
Además, los intereses son deducibles, así que sale más barato que usar el propio efectivo. Y no diluye a los accionistas. Win-win-win.
Qué está ocurriendo. La era en que las tecnológicas crecían únicamente recurriendo a sus beneficios ha terminado. El gasto descomunal que requiere la infraestructura para la IA les hace usar instrumentos financieros que hasta ahora apenas habían necesitado.
Ya no son startups de software. Son las mayores constructoras de infraestructura del siglo XXI. Y necesitan muchísimo capital.
La gran pregunta. ¿Dar bonos a un siglo es visión o es un exceso de confianza? Probablemente ambas:
Lo que es seguro es que las tecnológicas compiten ahora en los mercados de deuda como los bancos y las grandes industriales. Y eso define en qué se ha convertido esta nuestra industria.
En Xataka | El lujo intelectual de nuestra era es sostener nuestra atención, la IA lo está agravando
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