El mundo parece vivir un momento de gran confusión, un momento de iniciativas disruptivas del orden mundial en los últimos 75 años.
La disrupción ha venido seguramente por la tecnología, pero esta no ha sido el único elemento. El sueño de la globalización como elemento … de mejora de la vida de todos se ha enfrentado con la realidad de dispares condiciones económicas y de Derechos Humanos entre Occidente y Oriente
Esta diferencias, si bien se han reducido en términos económicos a favor de Oriente, desafortunadamente no han mejorado en términos de Derechos Humanos.
Occidente ahora tiene que enfrentarse a muchas consecuencias, como la caída de la producción industrial y manufacturera a favor de Oriente, un ‘soft power’ Chino que ha conquistado posiciones estratégicas en África y en América Latina, una competición geopolítica hecha de ‘hard power’ de Rusia en Ucrania y de un Oriente Medio muy tocado por el 7 de octubre y sus consecuencias. A todo esto, que es mucho, era inevitable que antes o después hubiese una reacción.
Como siempre, el problema es, primero, no haber calculado los riesgos y por lo tanto no haber preparado un plan B y segundo, actuar de manera descompuesta por lo menos en la percepción. Una cosa es intuir que algo se tiene que hacer y otra cosa es cómo hacerlo.
La posición de Estados Unidos, exente de cualquier hipocresía del pasado, es la de recuperar protagonismo mundial, seguir liderando, aumentar su influencia tecnológica y el control de los recursos naturales. Como he escrito en varios artículos, la autonomía estratégica para los países es fundamental para competir en el liderazgo mundial. En Estados Unidos parece que esto lo tienen claro y se puede entender.
Lo que es más complicado es conformarse con las modalidades de actuación muy pocos diplomáticas y fuertemente negociales o transaccionales, también con los mismos aliados de el Occidente democrático. Aquí, la ausencia de carácter diplomático en la política internacional estadounidense está motivada tanto por el perfil del presidente americano como por la narrativa nacional del ‘America first’, que supone para la Administración estadounidense primar de manera evidente sus intereses, también si provoca un daño a las relaciones estructuradas en décadas.
La posición de China, que apunta su estrategia al largo plazo, es clarísima: competir en todo, tecnología, espacio, defensa y recursos naturales, fortaleciendo también relaciones claves con Rusia y los Brics.
También la posición de Rusia es clara: poner sobre la mesa la idea de ser, con diferencia, la segunda potencia nuclear para expandir sus ambiciones territoriales y hacerse fuerte con sus importantes recursos naturales para encontrar apoyo y ayudas de otros países, con China como ejemplo principal.
Respecto a la situación europea, Europa, sorprendida por la actuación estadounidense –pero ya clara con el presidente Obama–, está solicitada, con todas sus contradicciones, a pensar con su cabeza, a pensar cómo fortalecer su capacidad competitiva y a cómo resolver la cada vez más evidente necesitad de autonomía estratégica en todos los sectores.
Para Europa no será fácil, sobre todo por su gobernanza y también por los intereses particulares de los países miembros. Se tiene que basar en la «Colaboración reforzada» de los países más relevantes y en la aceptación de que el mundo ha cambiado y que ahora para preservar democracia y valores se tiene que dar espacio a la asunción de responsabilidad y al pragmatismo operativo.
Con una competición abierta entre Estados Unidos y China, con una guerra en Ucrania todavía viva, un Oriente Medio que mientras intenta encontrar soluciones sigue con la hipótesis de un conflicto con Irán y una guerra de aranceles que sigue creando incertidumbre, lo que puede pasar en las próximas semanas es muy difícil de predecir, pero no cabe duda de que el desafío para todos es enorme y tendrá también un impacto en las elecciones de medio término en Estados Unidos o en las próximas en Europa.
Para el mundo empresarial es un periodo de estrés que los empresarios tienen que saber manejar con la máxima flexibilidad operativa y poniendo en su agenda estratégica dos de los factores más impactantes en las perspectivas de negocio: el contexto geopolítico y la ciberseguridad.


